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El viaje de despedida de soltero de Zaragoza a Sevilla al que se sumó Rajoy

Un grupo de jóvenes aragoneses se fue este viernes con el novio disfrazado de cucaracha a la capital andaluza... y en el AVE se encontraron al expresidente.     

El viaje de despedida de soltero de Zaragoza a Valencia al que se sumó Rajoy.
El viaje de despedida de soltero de Zaragoza a Valencia al que se sumó Rajoy.
Heraldo.es

Las despedidas de soltero son un mundo aparte. El objetivo es conseguir que la diversión y la aventura estén aseguradas hasta que el cuerpo aguante en la última gran farra antes de que el sujeto paciente firme su acta de... matrimonio. Aunque para conseguir que la celebración de este paso del ecuador especial sea inolvidable hace falta echarle mucho sentido del humor y espíritu aventurero.  

Hubo un tiempo no muy lejano en que las charangas acompañadas de jóvenes procedentes de distintos lugares del país (Soria, Pamplona, Logroño o Lérida) inundaban el centro de Zaragoza cada sábado por la tarde. Se puso coto a aquella costumbre que empezaba a enraizarse. Antaño se hacían las cosas de otra forma. Cuenta la leyenda que hubo un novio que se casaba en Zaragoza y amaneció el día de su boda en Sevilla vestido de torero, por culpa de algún mal amigo que, acompañado de cuatro copas de más, lo metió en el tren con destino a la capital andaluza. No se sabe cuantos días después del convite tardó en cruzar desde la ciudad del Guadalquivir a la del Ebro.

Ahora van antes de la boda, en grupo y en AVE. Al menos es el caso de unos jóvenes de Zaragoza que este viernes tomaron el tren de alta velocidad en la estación de Delicias con destino a Sevilla. Los amigos del novio lucían camisetas alusivas a la "evolución" del hombre: de mono a homo erectus, homo sapiens... hasta arrodillarse tras la novia, muy digna con su ramo de flores. 

El novio, como es costumbre, iba ataviado de forma distinta para no pasar inadvertido. Como estamos en Carnaval no dio demasiado el cante vestido de cucaracha, con sus antenas y todo. Se desconoce si se trata de un traje comprado o se lo cosió la madre para el evento, como ocurre en esta época en muchos colegios. Y que conste que el vestuario es en honor de un bar del Casco Histórico de Zaragoza a cuyo nombre, acompañado de bandido, hace alusión el insecto, y que homenajea a un famoso enmascarado aragonés que actuaba en Los Monegros allá por la segunda mitad del siglo XIX.  

El caso es que el grupo iba así, sin llamar apenas la atención, cuando sus miembros descubrieron un rostro conocido: tras una barba y unas gafas estaba Mariano Rajoy. Pero era el auténtico, no la imitación de José Mota. Así que le pidieron si podía posar con ellos para pasar a la posteridad en su album de amistad.  Y eso hizo el expresidente: tomó del hombro al novio y a otro compañero de fatigas en la despedida de soltero y posó sonriente con todo el grupo. 

Aseguran los jóvenes aragoneses que Rajoy, que como presidente no parecía la alegría de la huerta pero en las distancias cortas gana mucho, se tomó un whisky a la salud del contrayente, aunque no hay constancia fotográfica de ello. Tampoco es seguro que el grupo practicara con el exjefe del Ejecutivo español su famoso trabalenguas a prueba de beodos: “Es el vecino el que elige al alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”. O el de “los españoles son muy españoles y mucho españoles”. Pero seguro que la velada acabó con un grito unánime: "¡Viva el vino!" Digo... "¡Viva el whisky!". 

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