Sociedad

Opinión

Juegos de azahar

Por
  • David Serrano-Dolader
Sorteo de la Lotería de Navidad
Agencias

¡13.527!, ¡66.905!, ¡50.001! Pues va a ser (de hecho, ya ha sido) que no. Mira que era casi seguro que iba a tocarme la lotería, y mira que yo no le hacía ascos ni a la de Navidad ni a la de El Niño (que uno, en cuestión de azar, tampoco es racista).

¡Madrecita, que me quede como estoy! O sea, una buena parte de españoles se conforma (ellos sí; yo, no) con que le devuelvan ‘lo puesto’. Extraña sensación de felicidad la de aquel que juega varios números y que, si no pierde, ya cree que gana. Llevo 3,20 euros del bar de la esquina, 4,20 euros de la cofradía de no sé qué, 5 euretes del club de fútbol de mi hijo y 20 (¡veinte!) del 23.023. Este último merece explicación: ¿no me digan que no es bonita esa eufonía del 23 y el 23?, ¿a qué no sabían que yo nací un 23 del mes 2 de un año que acaba en 3; me siguen?, ¿se dan cuenta de que la suma de las cifras de ese número es 10, número redondo donde los haya? En fin, que sobran razones para jugar al 23.023 y, a pesar de ello, los benditos niños del Colegio de San Ildefonso siguen rebeldes un año más. No acabo de explicarme por qué me tienen esa manía casi enfermiza. ¡Si yo los miro con cierta simpatía, casi con cariño y todo! ¡La vida es inescrutable, sin duda!

Dicen que la Navidad tiene un olor especial: incienso, mirra (¿huele acaso la mirra?), turrón, guirlache, sidra El… (la mejor del mundo entero). ¡Todo mentira! Ya puestos, olvidemos el azar y quedémonos con el azahar.

Como diría el loco: a suerte mala, consuelo de tontos.

Profesor de la Universidad de Zaragoza

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