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El 'huracán Markle' trae de cabeza a la monarquía británica

Para bien y para mal, la mujer de Enrique de Inglaterra ha sido este año la protagonista indiscutible de las noticias que han acontecido en el reino de Isabel II.

Fotografías oficiales de la boda real.
Fotografías oficiales de la boda real.
Alexi Lubomirski

Bodas, bautizos y cumpleaños multitudinarios. Este es el balance social de la familia real británica, que ha visto como 2018 se ha convertido en uno de sus mejores años, gracias a las bodas reales, bautizos y al 70 cumpleaños del príncipe Carlos. Pero esta tendencia se ha ido torciendo en las últimas semanas, momento en el que los diarios sensacionalistas del país han decidido sacar a relucir los trapos sucios de la esposa del príncipe Enrique, la duquesa de Sussex.

De soltera Meghan Markle, la joven se mueve entre las alabanzas y las críticas por la modernidad que ha traído a la casa real británica, algo que choca mucho con el rígido protocolo que marca la reina Isabel II.

Y ahí es donde han empezado a surgir los primeros rumores que apuntan a una mala relación entre la joven y su abuela política. Una circunstancia que parecía impensable hace menos de un año, cuando fue invitada a pasar la Navidad con todos ellos aunque no estaba todavía casada.

Al parecer, el enfado vendría porque la joven americana quería llevar una tiara a su boda que la reina consideró que era "inoportuna", por ser una mujer sin sangre real y divorciada, y que luego sí que pudo verse en la cabeza de la princesa Eugenia de York, nieta también de la reina y que se casó varios meses después.

Pero las discusiones no acaban aquí. Al parecer, la relación entre Meghan y la princesa Catalina, esposa del príncipe Guillermo, no es todo lo buena que las dos cuñadas quieren hacer ver de cara a la galería. Unas rencillas que también arrancaron en la boda por una supuesta discusión sobre el  traje que Meghan había elegido para los pajes de la boda real, el príncipe George y la princesa Charlotte. A la madre de los pequeños, Catalina, no le convenció mucho, y el comentario no le hizo mucha gracia a su futura cuñada, que cortó por lo sano con una contestación que a la embarazadísima Catalina no le sentó muy bien.

Ahora la embarazada es Meghan, pero ella parece llevar mucho mejor los comentarios despectivos que ya han empezado a surgir en torno a su fuerte carácter, su manera de vestir y su forma de comportarse. Ella no ha dicho ni esta boca es mía cuando se la ha criticado por la 'huida' de algunos de sus colaboradores más directos, empleados de confianza en Kensington, que han chocado con la forma de ver la vida de la duquesa de Sussex.

Meghan sonríe y sigue acudiendo puntual a cuantos actos se la invita. La última cita ha sido la comida que ha organizado esta semana, en el Palacio de Buckingham, la reina Isabel para celebrar la Navidad, unas fiestas en las que, por mandato de la abuela, estarán todos reunidos alrededor de su mesa, con buena cara aunque la procesión vaya por dentro.

La única que faltará será la madre de Meghan, Doria Ragland, aunque en un principio sí que estaba previsto que viajara hasta el Reino Unido para pasar estas vacaciones con su hija y el resto de la Familia Real. A su padre tampoco se le espera, porque la joven duquesa decidió romper todo tipo de relación con él después de conocer las exclusivas que había orquestado para hablar de ella y de su prometido nada más oficializarse su relación.

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