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Aquí hay ciencia

Así se poblaron las Américas. Una caravana de migrantes de 13.000 años

Durante un mes, una caravana de migrantes ha recorrido los más de 4.300 kilómetros que separan Honduras de la frontera norte de México, con el objetivo de empezar una nueva vida en Estados Unidos. Aunque Trump haya puesto el grito en el cielo, las migraciones han caracterizado a nuestra especie, el Homo sapiens, casi desde su aparición en África hace unos 300.000 años. La ciencia nos puede ayudar a contrarrestar el racismo y, como dos estudios recientes de ADN antiguo han ayudado a documentar, el poblamiento de las Américas hace 13.000 años no fue una excepción.

Miquel Tuson 08/12/2018 a las 05:00
Grupos de migrantes centroamericanos recorriendo las carreteras del estado Jalisco (México)EFE/Francisco Guasco

El poblamiento de las Américas ha sido objeto de una extensa investigación arqueológica, lingüística y genética, aunque muchas preguntas siguen sin respuesta. Los primeros estudios sobre la diversidad genética de los nativos americanos actuales examinaban unos pocos genes, por ejemplo en el ADN mitocondrial (que se transmite por vía materna) o en el cromosoma Y (que se transmite por vía paterna). Esos estudios indicaban una única ola migratoria desde Asia. No obstante, en los últimos años, las investigaciones se han centrado en obtener datos de centenares de miles o millones de marcadores repartidos por todo el genoma. Según estos estudios, los ancestros de los nativos americanos se habrían empezado a subdividir, probablemente en Beringia. Una hipótesis que ha sido confirmada por los estudios de ADN antiguo.

Así se poblaron las Américas. Una caravana de migrantes de 13.000 años

Los primeros migrantes eran siberianos

Durante la Edad de Hielo, la parte oriental de Siberia y Alaska estuvieron unidas por tierra al menos en tres períodos en los que el nivel del mar había bajado a causa de la expansión de los glaciares. El último, entre 30.000 y 10.000 años antes del presente, es el que aprovecharon los humanos para iniciar el poblamiento del continente americano.

En el norte de Siberia, en el yacimiento arqueológico de Yana Rhinoceros Horn, por encima del Círculo Polar Ártico, se han encontrado herramientas hechas de huesos de rinoceronte lanudo y de mamut que permiten documentar la presencia de Homo sapiens en esa región hace unos 28.000 años. ¿De dónde procedían estas poblaciones ancestrales?

Aunque la mayoría de estudios genéticos que comparan poblaciones actuales indican que los ancestros de los nativos americanos provendrían de poblaciones del este de Asia, su origen podría ser un poco más complejo. El equipo de Eske Willerslev, de la Universidad de Copenhage, experto en el análisis de ADN antiguo, secuenció en 2014 el genoma completo de un niño de hace 24.000 años, cuyo esqueleto fue encontrado en Mal’ta, cerca del lago Baikal, en Siberia oriental. Su sorpresa fue encontrar que la mayoría coincidía con el de los europeos occidentales y, a su vez, un 25% era compartido con el de los nativos americanos. Un segundo esqueleto de otro yacimiento de Siberia, de hace 17.000 años, confirmó la presencia de ADN de origen europeo.

Europeos anteriores a Colón

La existencia de este pueblo ahora extinto de origen europeo, que se habría establecido en Siberia en el período de más extensión de los glaciares (el Último Máximo Glacial) apuntaría a que poblaciones humanas de distintas procedencias coincidieron en Siberia y se mezclaron. Willerslev estima que entre un 14 y un 38% de la ascendencia de los nativos americanos procedería de estos ‘eurasiáticos del norte’, y que los ancestros de los primeros pobladores de América se habrían separado primero de poblaciones del este de Asia, hace unos 36.000 años, antes de entrecruzarse con ellos. También es interesante destacar que la presencia de patrones genéticos de origen europeo en los nativos americanos actuales no procedería únicamente de la mezcla genética que se produjo después de la llegada de Colón, sino también del origen mixto de su población ancestral.

Beringia, un alto en el camino

El viaje hacia el este de los primeros americanos todavía tardaría varios miles de años en producirse. Antes se establecieron en Beringia, el puente de tierra que por aquel entonces conectaba Asia con América. Durante el Último Máximo Glacial, tanto la ruta hacia América del Norte como la conexión con el resto de Siberia habían quedado bloqueadas por el hielo.

Beringia se convirtió en un refugio para grandes mamíferos como el rinoceronte lanudo y el mamut, y también para los primeros pobladores humanos del Ártico que, aislados de otros pueblos durante unos 15.000 años fueron diferenciándose genéticamente y adoptando características propias. Estudios comparativos del ADN mitocondrial de distintas poblaciones actuales asiáticas y de nativos americanos apoyan esta hipótesis del estancamiento beringiano.

La migración hacia el continente americano se debió de producir en algún momento entre 16.500 y 11.000 años antes del presente. El corredor de Yukon, en el noroeste de Canadá, se abrió hace unos 13.000 años, cuando los glaciares americanos que bloqueaban la ruta sur empezaron a retroceder. Beringia, a su vez, quedó finalmente sumergida bajo las aguas hace alrededor de 11.000 años.

Secuenciando genomas antiguos

Desde un punto de vista genético, los nativos americanos se dividen en dos grandes grupos. Pueblos como los atabascanos de Canadá y los apaches o los navajos de Estados Unidos, que hablan lenguas na-dené, forman parte de la rama del norte. Y el resto de pueblos indígenas norte, centro y suramericanos se agrupan todos ellos en la rama del sur. Los pueblos del Ártico que hablan lenguas esquimo-aleutianas son fruto de una migración diferente y más tardía.

Pero la historia no termina aquí. Los avances en el estudio del ADN antiguo han permitido obtener genomas completos procedentes de restos arqueológicos. Entre ellos, los de seis esqueletos americanos de más de 6.000 años de antigüedad. El equipo de Willerslev ha secuenciado el genoma americano más antiguo, de 12.700 años, perteneciente al niño de Anzick, hallado en Montana, que representa el único enterramiento asociado a herramientas de la cultura paleoamerindia de Clovis, y el del hombre de Kennewick, de 8.500 años. Ambos pertenecen a la rama del sur. El estrecho parentesco de Kennewick con los nativos de la reserva Colville (estado de Washington), sirvió para devolver el esqueleto a sus actuales descendientes, que llevaban años reclamándolo y le dieron sepultura en 2017.

A principios de este año se publicó el genoma completo de una niña de hace 11.500 años encontrada en el yacimiento de Upward Sun River, en Alaska. Su estudio indica que pertenece a una población hasta ese momento desconocida y actualmente extinta, los ‘antiguos beringianos’, que se separaron del resto de nativos americanos hace unos 20.000 años. Corrobora el modelo de estancamiento beringiano y apunta a que las ramas norte y sur se dividieron hace entre 17.000 y 14.600 años.

Dos estudios recientes, uno publicado en ‘Science’ por el equipo de Willerslev y el otro en ‘Cell’ por el grupo de David Reich de Harvard Medical School, aportan nuevos datos genómicos procedentes de 64 muestras a ADN antiguo (entre ellos 14 genomas completos) de 10.900 a 500 años. De Alaska a la Patagonia y abarcando más de 10.000 años de historia genética antes de la llegada de Colón, se confirma que los nativos americanos proceden de distintas poblaciones de Beringia y que algunas se quedaron aisladas: Willerslev ha secuenciado un nuevo ejemplo de ‘antiguo beringiano’, un esqueleto de 9.000 años de la península de Seward en Alaska. También indican que la migración inicial fue rápida y que el poblamiento de norte a sur del continente tuvo lugar hace unos 13.000 años.

Genomas americanos contemporáneos

En tiempos más recientes, las migraciones producto de la colonización europea y del tráfico de esclavos procedente de África han reconfigurado las Américas, poniendo en contacto poblaciones distintas. Los genomas americanos contemporáneos son el producto de una serie de mezclas genéticas complejas. Nos cuentan que la mayor parte de los latinoamericanos descienden de la península Ibérica, aunque algunos tienen ascendencia italiana, sobre todo argentina. También que la mezcla con los indígenas se produjo localmente y, en Sudamérica, tuvo lugar más tarde que en México o en el Caribe. El componente africano, principalmente yoruba, es más presente en el Caribe, hecho que concuerda con los registros históricos que indican un mayor número de esclavos en las islas. Después del yoruba, el segundo componente genético más frecuente entre los afroamericanos y los barbadenses es el europeo procedente de las Islas Británicas y, en menor medida, el español.

Esta diversidad de orígenes de los americanos actuales es un terreno fértil para las empresas que realizan estudios de ascendencia genética, que nos dicen qué porcentaje de nuestro genoma procede de cada una de las poblaciones del mundo. Especialmente en los Estados Unidos, decenas de miles de ciudadanos anónimos, e incluso famosos, han contratado estos servicios, en algunos casos con resultados inesperados que ponen en entredicho los prejuicios raciales y las nociones preconcebidas que mucha gente tiene sobre sí misma.

A la vista de todo esto, Trump y otros racistas deberían abandonar sus discursos beligerantes antiinmigración, no sea que un día una prueba de ascendencia genética les dé una sorpresa.

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