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Ciencia

Javier Cacho: “Sueño con volver a la Antártida”

El científico formó parte de la Primera Expedición Científica Española al continente blanco en 1986. Desde entonces lo ha visitado hasta en cinco ocasiones. Acaba de presentar en Zaragoza su última novela, 'Yo, el Fram'. 

Actualizada 21/11/2018 a las 13:53
Javier Cacho: “Sueño con volver a la Antártida”

Han pasado décadas y, sin embargo, en sus ojos todavía se mantiene esa chispa de alegría cuando recuerda su primer viaje a la Antártida. Javier Cacho, físico, científico y escritor madrileño, ha visitado la capital aragonesa con motivo de la presentación de su última novela, ‘Yo, el Fram’, el cuarto de sus libros publicados por Fórcola Ediciones dedicado a la conquista de los polos.

El autor formó parte de la Primera Expedición Científica Española a la Antártida en 1986, continente al que regresaría hasta en cinco ocasiones, una de ellas en pleno invierno antártico. De ahí nacería su primer libro: ‘Antártida: El agujero de ozono’, primera publicación española sobre este fenómeno y segunda del mundo. Hoy, su equipo puede presumir de haber acertado en la mayoría de los vaticinios que realizaron entonces. “En aquel tiempo determinamos que en 2050 desaparecería el agujero de la capa de ozono y de momento sigue por este camino. No es que tuviéramos una bola de cristal sino que sabíamos que si se cumplían los protocolos establecidos para su recuperación, la reversión estaba garantizada”, explica.

Entre los logros conseguidos, durante su segunda estancia consiguieron tomar las primeras medidas de dióxido de nitrógeno, un compuesto estratosférico que juega un papel fundamental en la cadena de reacciones que causan la destrucción del ozono. Hoy ya lo han hecho numerosos investigadores de todo el mundo. “Esto catapultó a nuestro grupo de investigación en este campo. Digamos que un continente como este te permite hacer cosas que no ha hecho mucha gente”, prosigue.

Pero ¿qué imagina que puede llevar consigo un valiente explorador a una misión al continente antártico? Hoy confiesa que en su equipaje, aparte del material necesario para desarrollar su trabajo de campo en torno al estudio de la atmósfera, jamás faltaron sus libros de ciencia ficción, casetes de músicos como Atahualpa Yupanqui o Carmen Sosa, ni una pata de jamón serrano, que se convertía en un elemento de convivencia clave entre quienes se encontraban en la base, un espacio de pequeñas dimensiones en el que convivían durante cuatro meses entre 15 y 20 personas.

“Lo más duro era no poder hablar con la familia. La primera vez que viajé a la Antártida tenía 32 años y dejé en casa a mi hija con apenas unos meses. Hoy pueden llamar a sus seres queridos cada noche”, reconoce. Además, asegura que la verdadera lucha en una situación de estas características, más allá de enfrentarse a 40 grados bajo cero, a una dieta basada en alimentos deshidratados o a más de 10.000 kilómetros de distancia, era enfrentarse a uno mismo.

Sin embargo, no duda ni un momento en admitir que no hay día que no sueñe con volver al continente blanco, “un continente para la paz y la ciencia de una belleza drástica e incomparable”. “La última vez que lo visité fue en 2005, desde entonces sueño con volver como el primer día. No estoy dispuesto a morir sin regresar”, reconoce. Eso sí, el expedicionario español asegura que hoy lo haría de una manera distinta. “Si volviese, daría más prioridad a vivirlo. Durante mis viajes tuve jornadas que se iniciaban a las 4 de la mañana y se prolongaban hasta pasadas las 11 de la noche. No me arrepiento, pero hoy siento que dediqué demasiado tiempo al trabajo”, reconoce.

Y aunque admite que sería más fácil hablar de todo lo bueno que le ha aportado cada uno de estos viajes, el científico reconoce que una de las ideas más recurrentes que pasa por la mente de quien debe de enfrentarse a un reto así es “Quién me manda a mí meterme aquí”. La soledad, las inclemencias meteorológicas, la distancia del hogar y la familia… son tan solo algunas de las trabas de ser un expedicionario. En su opinión, si hay algo en común que tienen todos los exploradores polares es la capacidad de anteponer sus sueños al sufrimiento: “Son personas que sueñan, pero además luchan por hacer realidad sus sueños a pesar de las dificultades”.

Cuando piensa en la Antártida, Chacho, que parece perderse en sus recuerdos, destaca la belleza de su paraje, la fauna que allí se encuentra, pero, sobre todo, el silencio: “Es un silencio verdaderamente especial. Me gustaría ser poeta para poder describirlo. Y el lugar, las vistas… hay algunas tonalidades de azul que no he vuelto a ver en ningún otro sitio del mundo”.

Un barco llamado Fram

Su nuevo libro, ‘Yo, el Fram’, recientemente presentado en la Librería Antígona de Zaragoza, cuenta las aventuras del barco más famoso de la historia de la conquista polar y de tres afamados expedicionarios: Sverdrup, Amundsen y Nansen. “Es la primera vez que no soy el narrador, en esta ocasión lo es el barco y lo hace de una forma diferente a la mía. Fram se transforma en un personaje más que es capaz de sentir y ofrecer un punto de vista diferente”, advierte.

“Para mí, esta publicación ha supuesto todo un desafío a la hora de cambiar de punto de vista al que estoy acostumbrado, y, sobre todo, a la hora de hablar de sentimientos, de lo que sienten los expedicionarios”, asegura Cacho, que afirma que el resultado ha sido un texto “mucho más humano y capaz de emocionar al lector”, sin alejarse del rigor del relato histórico.

 





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