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Sociedad

El wasap que puede hundir tu carrera

Proliferan los casos de filtraciones de chats comprometidos para grupos de amigo o compañeros de trabajo. Policías, vigilantes y políticos se han visto afectados

Un joven escribe wasaps con su smartphone
Un joven escribe wasaps con su smartphone

La reciente polémica con los mensajes de WhatsApp en un grupo de vigilantes de los juzgados de Zaragoza es el último caso de estas características que sale a la luz. Antes fue el turno de los policías, profesores o políticos. Y es que, aunque nuestra cabeza configure los chats de amigos o compañeros como una charla informal ante una barra de bar, lo cierto es que todos nuestros mensajes pueden tener consecuencias.

Uno de los casos que más repercusión ha tenido se registró el año pasado en Madrid. Un juzgado acabó investigando en noviembre las opiniones vertidas por policías municipales de la capital sobre Carmena. Algunos de los integrantes del chat lanzaron insultos contra la regidora o se mofaron de ella. "Ojalá tenga una muerte lenta y agónica", "es terrible que ella no estuviera en el despacho de Atocha cuando mataron a sus compañeros", "que se muera la zorra vieja ya" o “vejestorio despreciable” son algunas de las ‘joyas’ que expresaban los agentes, en una información desvelada por eldiario.es. El juez archivó posteriormente el caso al no apreciar indicios de delito.

Los grupos de WhatsApp de colegio son un mundo aparte. Fuera del habitual trasiego en el que involucran a los padres, entre cumpleaños, visitas al médico o deberes, también se han dado casos de grupos de profesores en los que el contenido publicado ha tenido consecuencias graves. Así sucedió en 2015 en la localidad madrileña de Casarrubuelos, donde los comentarios racistas y despectivos de profesores del colegio público motivó la apertura de un expediente a siete de ellos. La propia directora fue inmediatamente suspendida de sus funciones. El caso fue llevado a la Inspección Educativa madrileña por un exdocente del centro.

En esta misma línea, un juzgado autorizó en 2012 en Cataluña el despido de la directora de un centro infantil por un chat en el que se hacían chistes sobre los genitales de un menor. Otra profesora tomó una fotografía y la compartió en el grupo para amonestar a sus participantes, lo cual también le valió un despido.

Sin salir del ámbito educativo, fue asimismo grave el caso de un grupo de jóvenes de la Universidad de Castilla-La Mancha que hablaron de “marcarse una manada” o violar a una estudiante de la que compartían fotos en el chat. La chica acabó denunciándoles el pasado mes de enero.

En Argentina hubo un caso también muy polémico, aunque referido a madres de alumnos. En un grupo de WhatsApp, las progenitoras celebraron que sacaran de su clase a un niño con el síndrome de Asperger. "¡Al fin una buenísima noticia! ¡Era hora de que se hicieran valer los derechos del niño para 35 y no para uno solo!”, escribió una de ellas.

Los políticos no se libran de las filtraciones. Y si no que se lo digan al PP, donde los comentarios de su portavoz en el Senado, Ignacio Cosidó, han generado un terremoto de enormes dimensiones, que han llevado primero a la renuncia del juez Marchena a presidir el Consejo General del Poder Judicial y después a la ruptura del pacto entre populares y socialistas para repartirse la tarta del Consejo. “Controlando la Sala Segunda desde detrás y presidiendo la Sala 61. Ha sido una jugada que he vivido desde la primera línea”, dijo en uno de sus mensajes, publicados por el portal El Español. El partido cerró este grupo el lunes, pero el daño ya estaba hecho.

De vuelta a Argentina, y en un plano más lúdico, o al menos de alcance más corto, un grupo de amigos se grabó hace unos días en WhatsApp en el transcurso de una fiesta sexual que organizaron en Corrientes. Fue un error letal, ya que como resulta inevitable los vídeos acabaron en poder de las esposas, a las que sus parejas habían prometido que iban solos. Eso primero, porque las imágenes acabaron después haciéndose virales.

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