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Sociedad

Personas no humanas

ACTUALIZADA 15/09/2018 A LAS 05:00
La gorila Nalani sujeta a su cría recién nacida.
La gorila de 10 años, Nalani, sujeta a su cría recién nacida.
EFE

Una experiencia personal que viví en el zoológico de Washington me hace evocar dos acontecimientos históricos que no tienen nada que ver con ella. Uno es la ejecución sumaria del matrimonio Ceaucescu, de la que tuve noticia la misma mañana que visité el zoo. El otro es la caída del Muro de Berlín, ocurrida unas semanas antes. El hecho de que mi mente asocie el final de la Guerra Fría con algo que me sucedió en un zoo obedece a la coincidencia temporal, pero también a la fuerte conmoción que ambos asuntos me produjeron. Curiosamente, con el paso de los años, el gran fenómeno geopolítico de aquel periodo ha perdido relevancia, mientras que la anécdota individual está empezando a tener un alcance y un sentido que entonces resultaban inconcebibles.

Aquel magnífico ejemplar, separado del público por un enorme ventanal de cristal blindado, estaba sentado a solas, no recuerdo si sobre un tronco, una roca, o algún otro elemento de atrezo. Medía unos dos metros de altura y pesaba en torno a doscientos kilos. Su presencia impresionaba, especialmente a alguien que nunca había estado frente a un gran gorila macho, cuyo tamaño duplica al de la hembra. Sin embargo, me conmovieron mucho más su ademán, la expresión de su rostro y, en especial, su mirada. Hasta el punto de que llegué a imaginar que el animal meditaba sobre su penosa reclusión y que la atribuía con desdén a la ignorancia de quienes se la imponíamos, por no saber con quién estábamos tratando.

Nunca he olvidado la actitud y la mirada de aquel gorila, si bien cuidándome de no caer en la humanización de las bestias. Sin embargo, la biología reciente nos dice que no hace falta recurrir a esa ilusión para reconocer las capacidades cognitivas y emocionales de ciertas especies animales y para otorgarles la congrua condición de sujetos de derechos. Esta es la finalidad primordial del concepto ‘personas no humanas’, el cual, tras su apariencia de dislate jurídico, contiene el espíritu de una ética más humanitaria.

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