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Bajo las estrellas, ¿qué se ve en el cielo de verano?

La Vía Láctea, el Triángulo de Verano y las constelaciones de la Osa Mayor, Casiopea y Escorpio son algunas de las figuras fácilmente localizables.

La Osa Mayor en el cielo de verano.
La Osa Mayor en el cielo de verano.
Pixabay

Tumbarse sobre la hierba del campo o la arena de la playa a observar el cielo estrellado es una práctica relajante y placentera especialmente recomendable para las jornadas estivales, cuando las temperaturas al caer el sol son suaves, los días parecen mas largos y, además, disfrutamos del deseado tiempo de vacaciones.

Así que si tenemos la oportunidad en los próximos meses de alejarnos de las grandes ciudades, es muy recomendable recrearse en la tranquilidad que nos brinda la noche y en las formas que dibujan sus cuerpos celestes, para descubrir lo que se conoce como ‘cielo de verano’. Este aparece en las primeras horas tras la puesta del sol, pues hay que tener en cuenta que las estrellas se mueven de izquierda a derecha, o lo que es lo mismo, de este a o este, y que no se observa lo mismo a las diez de la noche que a las cinco de la madrugada.

Lo ideal es elegir una noche sin luna en un lugar con poca contaminación lumínica para que las estrellas se vean mucho mejor. También hay que tener en cuenta que la visión humana tarda 15 minutos en acostumbrarse a la oscuridad, así que necesitaremos un rato para poder disfrutar al máximo de las estrellas. En cualquier caso, no pretendas ver figuras con la misma claridad con la que se representan en los estudios de astronomía, pues las estrellas brillan con distinta intensidad y hay constelaciones en las que solo es posible distinguir una o dos.

La clave es localizar la estrella polar, que contrariamente a lo que se suele pensar, no tiene por qué ser la estrella más brillante del firmamento, pero sí indica dónde está el norte. Para ello, debemos fijarnos en dónde se encuentra la osa mayor, esa especie de cacerola con mango que representa la parte del rabo del animal y que cuenta en su base con dos estrellas perfectamente alineadas, cuya línea, si se prolonga, va a dar con la estrella polar que se integra, a su vez, en la osa menor. Esta constelación también dibuja una especie de cazo pero más pequeño, que simula el extremo de la cola de este segundo animal.

A partir de ahí se puede encontrar Casiopea, el triángulo de verano, las constelaciones de Sagitario y Escorpio e incluso la Vía Láctea. La primera figura rodea a la estrella polar y es fácilmente reconocible por sus cinco estrellas brillantes que forman una ‘W’ o una ‘M’. El Triángulo de Verano, por su parte, no es una constelación, tan solo es un patrón de las tres estrellas más brillantes, Vega, Deneb y Altair, que se encuentran al sur de la estrella polar.

Escorpio es de las pocas constelaciones que recuerdan al nombre que se les da, porque en el cielo tiene una forma muy similar a la de un escorpión. Si miramos más hacia el Sur podremos reconocer fácilmente un grupo de estrellas que parecen dibujar una tetera; se trata de la constelación de Sagitario. En las inmediaciones, incluso a simple vista, es posible observar pequeñas manchas grisáceas que son la Vía Láctea.

Nuestra galaxia, en forma de franja lechosa que recuerda a una nube, pasa por Casiopea, el Triángulo de Verano, Sagitario y Escorpión.

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