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opinión

Saldrá el sol

En medio de la tormenta de la vida, todos tenemos momentos en los que estamos a punto de desesperar. Sin embargo, siempre es posible cambiar de perspectiva y distanciarse de los acontecimientos. Y ese es el primer paso para mejorar las cosas.

Chaime Marcuello Servós 17/05/2018 a las 05:00
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Saldrá el sol.I+G

Aveces la vida cotidiana se convierte en un gran pozo. Un agujero negro que comprime el espacio de manera infinita, de tal modo que se acumulan penas, dolor, lágrimas sin ni siquiera un resquicio para la luz. Se produce una concentración emocional tan potente que genera un campo negativo inmenso, imposible de superar. Las cosas, las personas, el cosmos en su conjunto se ven llenos de circunstancias adversas y emociones insoportables. La gravedad de esas sensaciones transforma el ánimo e incluso alimenta la enfermedad. Cuando los días vienen torcidos nada parece enderezarse. Cualquier acontecimiento, sea pequeño o grande, se interpreta de forma pesimista. Los hechos, eso que pasa ahí fuera, se leen irremediablemente en clave negativa. Y de esa manera se nublan los presagios. Las peores profecías se cumplen porque no somos capaces de ver una alternativa a lo que estamos sintiendo. Hacemos de la vida cotidiana un callejón sin salida del que no podremos escapar. Si triunfa el miedo, el pozo se hace más hondo. Las desgracias se encadenan una tras otra porque así sentimos el mundo. Cuando las circunstancias se hacen insoportables se colapsa la razón y se apodera el desánimo. En ese instante, al fondo del pozo, donde nada merece la pena, es el momento de sentir el latido del corazón. Al constatar el pulso de la sangre circulando por las venas, al sentir que estamos siempre en el abismo, entre la vida y la muerte, se descubre que merece la pena seguir respirando.

Deja que tus pulmones se llenen de aire. Respira con todo tu ser. Siente los poros de tu piel, percibe las presiones que marcan los límites de tu cuerpo. Siente los dedos, las manos, los brazos. Relaja hombros, nuca, espalda, piernas... Déjate sentir e interpreta la tempestad como una tormenta que terminará. El mundo es como es, las cosas son como son, pero nuestras emociones dependen de cómo queremos leer lo que vivimos. En ese escaso margen somos dueños de nuestro destino. Podemos gobernar el rumbo de nuestras penas y de ese trozo del planeta en el que vivimos. Esto nos permite transformar el pozo en un túnel.

Al tomar conciencia de esa posibilidad, el mundo cambia. Mejor dicho, nada cambia, pero nada de lo que sucede fuera de mí gobierna mi ánimo. El éxito o la derrota, la riqueza o la pobreza, la salud o la enfermedad se diluyen en un plano de percepción distinta. Incluso el hambre y el dolor se reinterpretan, se domestican, porque entonces uno descubre que hay algo mayor que uno mismo: un horizonte más allá de ese infinito agujero del que no podía salir. Siempre es posible cambiar la perspectiva. Por eso, cabe preguntar por la alternativa e incluso buscar la parte cómica de la tragedia, para encajar las contradicciones. Y preguntar no por qué estoy así o por qué sufro, sino cómo cambiar lo que siento. Nuestra vida está tejida de frustraciones y deseos. Quienes se dejan llevar por las primeras construirán un muro de lamentaciones y ninguna aspiración llegará a buen puerto. Quienes apuesten por los deseos necesitarán anclar bien los pies en el suelo, para que la fuerza de su voluntad consiga representar el mundo que sueñan. E incluso, en más de una ocasión, vencer la distancia que hace posible lo imposible.

Si estás leyendo estas líneas tienes la suerte de estar ahí. A ti, como a mí, nos dieron a luz, nos nacieron, nos arrojaron a este mundo, que podemos vivir como pozo interminable o como tránsito. En el trayecto nos jugamos la partida. Esto es lo que importa, aquí y a hora, no mañana. Sea como sea, a poco que se haya vivido, uno percibe que la vida no es una propiedad privada. Aunque sea intransferible, se escapa. No permitas que nada ni nadie venga a sembrarte de sombras las sonrisas. Si te has topado con un ladrón-de-alegrías, si un vampiro-de-ánimos se empeña en amargarte, mírale a los ojos, dile ‘no podrás’ y respira. Llenar de oxígeno los pulmones es llenarse de vida. Disfruta de lo pequeño, de cada segundo, goza al parpadear, al beber agua, al dormir. Saldrá el sol.





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