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REPORTAJE

¿Alguna científica en la sala?

Apenas dos de cada diez alumnos de Ingeniería son mujeres y en los últimos 20 años la brecha entre carreras ‘de chicas’ y ‘de chicos’ se ha hecho aún más grande. Micromachismos, estereotipos y mensajes culturales afectan a la niña desde los seis años y la dirigen a profesiones sanitarias y ramas humanísticas

Actualizada 04/03/2018 a las 18:23
El mundo necesita ingenieras

 

Hace varias semanas se celebró en la Universidad de Zaragoza el Girls’ Day. Jornada de puertas abiertas en el Campus Río Ebro para que el alumnado de secundaria y bachillerato conozca no solo qué es la ingeniería y sus aplicaciones en la vida diaria, también que un ingeniero no es siempre un señor con traje, que un científico no ha de ser un hombre y que el informático no es un ‘hacker’ con sobrepeso rodeado de comida basura. Los estereotipos no solo siguen presentes en la mente de los adolescentes, sino que se ven reforzados cada día en series de televisión, entrevistas y mesas redondas donde apenas hay mujeres..., así como en la última fotografía de los recientes Premios Nobel, donde todo eran hombres.

Solo dos de cada diez estudiantes de Ingeniería son mujeres en la UZ, es un gran problema
En secundaria las chicas ya no se creen válidas para estas carreras, consideran que no dan la talla
Ese mensaje cala desde los 6 años, con micromachismos y prejuicios que cortan la libertad de la niña

La de Zaragoza fue, en 2008, la primera universidad española en organizar el Girls’ Day, porque la brecha de género en la educación se hace evidente en los estudios superiores. En el curso 2016-2017, las mujeres eran mayoría en las ramas de Ciencias de la Salud (73,3%) Arte y Humanidades (61%) y Ciencias Sociales y Jurídicas (61%) y se rozaba la paridad en Ciencias (52%). Sin embargo, en Ingeniería y Arquitectura el porcentaje de mujeres es del 21,8%. Y la iniciativa es europea, porque el problema afecta a toda la UE. Según datos del Instituto Europeo de Igualdad de Género (EIGE), de los ciudadanos de entre 30 y 35 años un 42% de mujeres tiene estudios universitarios, frente al 33% de los hombres. Sin embargo, son mujeres un 77% de los graduados en Educación, un 73% en ramas sanitarias y un 65% en Humanidades. En ingeniería y ramas técnicas, la mujer solo representa el 28% en el conjunto de la UE. «Y uno se pregunta qué está pasando, por qué si el sistema educativo es en teoría igual para niños y niñas y no hay trabas administrativas, la mujer dirige sus intereses a profesiones sanitarias y humanísticas y apenas opta a las técnicas. ¿Quizá porque no somos tan libres como parece, porque no se educa igual a un niño que a una niña? Se trata, en el fondo, de la llamada profecía autocumplida, en la que se envían mensajes diferentes según el sexo. Por ejemplo, si un niño desmonta un juguete, le dirán “qué bien, va a ser ingeniero”, pero si es una niña, el comentario será “ya lo ha roto, qué descuidada», resume Pilar Molina, doctora en ingeniería electrónica y primer ejecutivo de la empresa aragonesa Epic Power.

El Girls’ Day es una oportunidad para conocer de primera mano qué piensa el alumnado sobre las carreras técnicas y, sobre todo, cuál es la percepción en el caso de las estudiantes. Se hacen encuestas y se formulan preguntas «y comprobamos que la ingeniería es una gran desconocida en el alumnado, hasta un 93% no sabe bien lo que es. Pero no solo es eso, a la pregunta de si estarían interesados en matricularse en Ingeniería vemos que un 20% de los chicos muestra interés, frente a un 10% de las chicas», enumera María Villarroya , profesora de la Escuela de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad de Zaragoza, en el departamento de Informática e Ingeniería de Sistemas, y una de las impulsoras del Girls’ Day en Aragón. «En realidad, la primera conclusión que podemos sacar después de varios años organizando el Girls’ Day es que en secundaria ya es tarde para cambiar estereotipos, la decisión parece tomarse mucho antes. En concreto, la clave está en los seis años».

Vamos a colegios e institutos para que sepan que hay mujeres científicas, que ellas también pueden serlo
Hay que educar en la valentía, mejorar la autoestima. Para que todos elijan su carrera con total libertad

Y remite a un estudio publicado en 2017 en la prestigiosa revista ‘Science’, donde se destaca que los estereotipos relacionados con el sexo empiezan a influir en la percepción de la valía y de la inteligencia a partir de los 6 años. Según los autores, del departamento de Psicología de la Universidad de Illinois (EE. UU.), «la distribución de hombres y mujeres en las disciplinas académicas se ve influida por las percepciones individuales de la capacidad intelectual. A los cinco años, los niños no muestran diferencias entre sexos para ser considerado “muy, muy listo” (versión infantil del término capacidad intelectual), pero a los seis años las niñas sitúan a más niños dentro de esa categoría y prefieren no incluirse en los juegos que requieren ser “muy, muy listo». Además, el estudio añade que «los estereotipos más comunes asocian la alta capacidad intelectual (brillante, genio) con hombre más que con mujeres. Estos estereotipos desmotivan a las mujeres, que declinan dedicarse a esas carreras prestigiosas».

Involución

María Villarroya pone varios ejemplos de cómo esos estereotipos no solo no se difuminan, sino que se hacen cada vez más fuertes. «En los años setenta, Lego se vendía como un juguete para niños y niñas, sin distinción. Ahora, los legos se venden en cajas rosas y azules, para que las niñas construyan palacios de princesas y los niños, naves espaciales. Ni siquiera los juegos de química son como antes, ahora te preguntan si es para una niña, y te venden un kit para fabricar jabones y perfumes». En opinión de Inmaculada Plaza, directora de la Escuela Politécnica de Teruel, «hemos sufrido una involución que lleva a la niña a creerse poco preparada para las profesiones científicas y técnicas por un lado, y por otro a sentirse más identificada con las carreras relacionadas con el cuidado de niños y mayores o con las humanidades. Es cierto que las barreras no son tan visibles como antes, cuando yo realizaba los estudios en Ingeniería, a finales de los ochenta, había incluso profesores que no querían darme clase. Otros daban la lección y luego me intentaban explicar a mí con otras palabras “fáciles” los mismos temas, porque creían que era incapaz de entenderlos. Esos muros se han derribado, ahora una mujer no es discriminada en el instituto o en la universidad, independientemente de qué carrera elige. Pero lo cierto es que no somos libres. Los estudiantes no eligen con absoluta libertad su profesión».

A los 15 años, el 60% de los estudiantes de bajo rendimiento en matemáticas, lectura y ciencias son chicos, y el 40%, chicas. Sin embargo, al ser preguntados en el último informe PISA, un porcentaje mayor de chicas afirmaba tener dificultades con las ciencias y las matemáticas

De hecho, según el estudio PISA correspondiente al año 2015, un porcentaje mayor de chicas que de chicos afirmaba tener dificultades con las ciencias y las matemáticas, a pesar de contar con la misma nota. A la edad de 15 años, el 60% de los estudiantes de bajo rendimiento en matemáticas, lectura y ciencias son chicos, y el 40%, chicas. «En realidad, en Secundaria los prejuicios ya han cuajado y muchas chicas se han convencido de que lo suyo no son las ramas técnicas, aunque tengan talento y capacidad para ello. Nos dimos cuenta de que si queríamos cambiar la tendencia tendríamos que actuar antes, cuando se producen los primeros cambios. Es decir, a los seis años», destaca Villarroya .

Ciencia en el aula

El año pasado, María Villarroya puso en marcha la iniciativa ‘Una ingeniera en cada cole’, en colaboración con Eva Cerezo, doctora en Ingeniería Informática y directora del grado de Informática de la UZ. «Quizá porque en este campus vemos la ausencia de mujeres y entramos en aulas donde a veces no hay ni una estudiante estamos muy concienciadas y somos más activas. Y el Girls’ Day nos dio pistas de la absoluta falta de visibilidad de la mujer investigadora en la sociedad. Sin modelos donde fijarse, ¿cómo va a soñar una niña con una carrera de ciencias? Pero al llegar a la adolescencia es una idea que han descartado totalmente y las que estudian Bachillerato Científico lo hacen pensando en una carrera en la rama sanitaria», explica Cerezo. La idea es que una ingeniera acuda a un colegio de Primaria para dar charlas a niños y niñas de 6 a 9 años. La prueba piloto, impulsada por la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnológicas (AMIT), llevó a diez ingenieras a 15 centros escolares aragoneses para acercar a los más pequeños la importancia de la ingeniería en nuestra vida cotidiana «y lo explica una mujer, es una ingeniera quien cuenta los logros de las mujeres en la tecnología que nos rodea, como es el wifi, el chaleco antibalas, la escalera de incendios, el eBook... -enumera Villarroya -. Les contamos que la ingeniería no es solo hacer puentes o naves industriales, que también hay robótica, aplicaciones para la medicina... Y culminamos con un taller donde los niños manipulan y experimentan con proyectos a su nivel. De esas diez ingenieras hemos pasado ya este año a 40 mujeres. Y hemos logrado salir de Zaragoza capital».

En el mismo informe PISA, que mide actitudes y aptitudes de estudiantes de Secundaria en todo el mundo, dos de cada tres chicas, frente a uno de cada dos chicos, a menudo se preocupan porque temen que las clases de matemáticas les resulten difíciles

La iniciativa pretende implicar a ingenieras no solo de la universidad, «también del sector privado, por lo que nos hemos puesto en contacto con los colegios profesionales. Queremos llegar a los 400 colegios que hay en Aragón y, como la visibilidad es importante y tenemos que luchar contra mensajes negativos que recibe la niña cada día, lo ideal es que pudiésemos acudir cada año para profundizar en la idea», añade Cerezo. Un proyecto que fue reconocido la pasada semana con el Premio Tercer Milenio de HERALDO DE ARAGÓN a la Divulgación científica.

Para Eva Cerezo, la situación es todavía más apremiante, «ya que en Ingeniería Informática no avanzamos, sino que estamos retrocediendo año tras años. Sin una razón aparente, el número de mujeres matriculadas ha pasado del 40% en 1980 a un 18%. ¿Qué ha podido pasar? Pues nos encontramos con varios factores: por un lado están los estereotipos que rodean al informático, que ya no es un trabajador ante su ordenador, ahora el cliché muestra un hombre solitario, con sobrepeso, que no se socializa y que ‘hackea’ webs. Estereotipos que han hecho mucho daño, porque nos consta que algunas alumnas han tenido que insistir en sus casas cuando han dicho que querían estudiar esta ingeniería. “¿Pero hija, de verdad quieres esa vida?”, les han llegado a decir». Por eso, Cerezo siempre se presenta ante sus alumnos con una sonrisa y la frase: «Miradme, soy ingeniera informática y tengo amigos. Y una familia».

Con mochila

La situación da la vuelta en otras carreras, como Magisterio Infantil, donde el 97% del alumnado es femenino. Se calcula que nueve de cada diez profesores de Infantil son mujeres, aunque los números cambian en las enseñanzas superiores: en la ESO las profesoras son el 70%; en Bachillerato, el 52%, y en la Universidad, de media, un 40%. En la UZ, el número de profesoras titulares no supera el 43%, cifra que baja al 20% en el caso de las cátedras. «La carrera académica es larga y sacrificada, desde que entras en un departamento hasta alcanzas la cátedra pueden transcurrir 22 años. Durante ese tiempo, el profesorado puede tomar decisiones personales, como tener hijos. Posiblemente ese 20% se deba a que la mujer retrase una parte importante de su actividad investigadora por la decisión de tener hijos. Se suele decir que el hombre también es responsable de las tareas domésticas, pero esta realidad no se confirma con estas cifras. Por el contrario, los números revelan que la maternidad penaliza a la mujer», concluye por su parte María Ángeles Rueda, catedrática de Derecho Penal de la UZ y miembro de la junta directiva nacional de AMIT.

En la Unión Europea, de los ciudadanos de entre 30 y 35 años un 42% de mujeres tiene estudios universitarios, frente al 33% de los hombres

Porque Hedy Lamarr, inventora del espectro ensanchado precursor del wifi, Stephanie Kwolek, inventora de la fibra Kevlar con la que se hacen los chalecos antibalas, Ángela Ruiz, inventora de la enciclopedia mecánica, ‘madre’ del actual libro electrónico, Mary Anderson, inventora del limpiaparabrisas, Anna Connelly, inventora de la escalera de emergencia..., además de su profesión científica tenían el hogar a cuestas. Al igual que las primeras doctoras en Ciencias de España, Vicenta Arnal Yarza, Ángela García de la Puerta o María Antonia Zorraquino, que defendieron sus tesis en la Universidad de Zaragoza en los años 1929 y 1930. Todas ellas tuvieron, además de las barreras sociales de la época, una serie de obligaciones que los hombres logran esquivar. «La mujer, a diario, tiene menos tiempo que el hombre -destaca Pilar Molina-. Para el mismo puesto de trabajo, la mujer lo tiene más complicado, porque sus obligaciones la llevan a reducciones de jornada, excedencias, permisos..., que hacen más difícil ganarse la confianza de la empresa y lograr ascensos». En el caso de las carreras técnicas, María Villarroya destaca que «somos pocas mujeres, y además solo nosotras parecemos tener que estar pendientes de lo que pasa con nuestros hijos. Eso significa dedicar menos tiempo a la investigación. No hay una verdadera conciliación laboral y eso no afecta solo a las mujeres, también a los hombres. Porque ellos, con sus jornadas interminables, también salen perdiendo porque no pueden estar con su familia».

Solo un 3% de los estudiantes de Magisterio Infantil en la Universidad de Zaragoza son hombres. Se calcula que el 95% de los maestros en España son mujeres. Sin embargo, en carreras universitarias, el número de profesoras en la UZ es del 38%, frente al 62% de los hombres. En el caso de los catedráticos, la UZ tiene un 20% de mujeres y un 80% de hombres
En ingeniería las mujeres apenas superan el 21%, a pesar de ser una de las ramas con mayores tasas de empleabilidad, mejor remuneradas y con mejores expectativas de futuro. Solo un 8% del alumnado de Ingeniería Informática en Aragón son mujeres. Una cifra que contrasta con la alcanzada en los años ochenta, cuando las mujeres llegaban al 40%
Otros grados con poca presencia femenina son Ingeniería Eléctrica (15%), Ingeniería Mecánica (16%), Ingeniería Electrónica y Automática (19%), Ingeniería de Tecnologías Industriales (21%), Ingeniería de Tecnologías y Servicios de Telecomunicación (21%) y Física (29%)

Son micro y macromachismos que a veces se llegan a interiorizar hasta verlos como algo normal. María Jesús Lázaro, profesora de investigación del Instituto de Carboquímica de la UZ y delegada del CSIC en Aragón, destaca que «los bajos números de mujeres en las carreras técnicas no se ven como un problema para algunos sectores, que todavía creen que la libertad de poder elegir los estudios significa automáticamente una verdadera igualdad, cuando no es así. Niños y niñas se ven influidos desde pequeños y hay estudios que demuestran que si la madre tiene estudios superiores, independientemente de si son de ciencias o de letras, sus hijas tendrán más posibilidades de cursar una carrera técnica. De alguna manera, pierden el miedo a las ciencias».

Porque, en opinión de ingenieras como Pilar Molina, «las niñas son educadas para ser perfectas, el fracaso no puede formar parte de sus planes. Han de ser cuidadosas, menos impulsivas... Y eso te hace más conservador. Así que una carrera con fama de difícil, como ingeniería, se rechaza por respeto, por miedo a no dar la talla. En el caso de los chicos, que no tienen que ajustarse a esos prejuicios, su miedo al fracaso es menor. Por eso, la educación ha de dirigirse a la autoestima y a la valentía. Porque también ellas se pueden equivocar. Y salir adelante. Pero por ahora ser audaz y valiente no son valores que se consideran positivos para la niña». La canciller alemana Angela Merkel fue la encargada, un año más, de inaugurar el Girls’ Day en Alemania. Un empuje institucional que todavía se ve muy lejos en Aragón, aunque cada vez hay más iniciativas de visibilización de la mujer científica. Además del proyecto ‘Una ingeniera en el cole’, la exposición itinerante ‘¿Hay una científica en la sala?’ del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE) muestra los hitos investigadores las mujeres del IPE. Es un buen principio.





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