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opinión

La diosa de las apariencias

La indumentaria de los políticos se convierte en una parte del mensaje que quieren transmitir a la sociedad. La diosa Moda rige un mundo en el que las apariencias contribuyen a otorgar o a quitar autoridad y credibilidad en la escena pública.

14/02/2018 a las 05:00

No me sorprendió que fuesen ‘trending topic’ las gafas de aviador de Soraya Sáenz de Santamaría, la vicepresidenta del Gobierno. Se trataba de unas lentes metálicas que, por su estilismo, acaparaban las miradas de todos. Sabemos que los ‘looks’ de los políticos despiertan controversia en el mundo anglosajón, porque entienden muy bien que la moda es un negocio. En España, la moda se considera una frivolidad que jamás debe mezclarse con la política. Ahora bien, si es una mujer política, su vestimenta (y accesorios) levanta, una vez más, un airado debate en las redes sociales. De sus gafas se llegó a afirmar que tenían un aire retro, que gusta en el Partido Popular a la hora de legislar, y se lo ha aplicado a su ‘look’.

Nuestros líderes prestan escasa o nula atención a la moda y no la usan para hacer ninguna declaración ni para apoyar a marcas nacionales. Ahora bien, con la entrada de nuevos partidos en el Parlamento algo ha cambiado. En este caso no hablamos tanto de moda como de imagen. Recordemos que la imagen tiene que ser coherente con tu relato político. Y para los políticos es difícil prescindir de la moda, dado que todo lo que hacen es objeto de atención pública. "La marca de ropa del cambio…", como ellos se definen, está consiguiendo convertirse en la moda referente de la izquierda española con sus diseños transgresores. La media cara con la corona de laurel expresa, según Unonueveocho, "la victoria del poder civil". Un lema que desde el principio ha reclamado Podemos. Pablo Iglesias es consciente de su imagen, aunque quizá se haya convertido ya en su prisionero.

Es evidente que la ropa que llevamos delata nuestra personalidad. Cada generación reinventa la moda. La historia es como la moda, que solo declina el presente y es desde el presente desde donde se elige qué pasado contar. Por eso, moda y moderno coinciden en dar una máxima relevancia a lo nuevo, instaurando una especie de neomanía. La moda, así como la música o la pintura, es un arte; y, por lo tanto, es un lenguaje de signos y una forma de comunicarnos a nivel no verbal. La vestimenta de una persona emite –se quiera o no– un discurso que debe ser leído por alguien que considerará a dicha persona como moderna, anticuada, ‘cool’, elegante, ridícula, vulgar, estrafalaria, entre muchas otras opciones.

La parte ‘artística’ de la moda no es necesariamente la más cercana a la política, pero la del lenguaje sí. Dicho de otra forma: la moda, el estilo y el vestir en política están llenos de mensajes que influyen fuertemente en el nivel de autoridad que el señor político o la señora política logren transmitir. Uno de los conceptos sociológicos más analizados en este contexto es el ‘power dresssing’, un estilo de moda típico de empresarias y políticas que surgió en los años setenta. Dicho estilo fundía los roles de género a través del uso del traje masculino de dos piezas, suéteres de cuello redondo, hombreras, faldas hasta la rodilla. Es decir, vestimenta sobria y conservadora, que hacía posible que mujeres que entraban a un terreno tradicionalmente masculino, como la política, transmitieran autoridad, respeto y credibilidad. El ‘power dressing’ es en política un símbolo de estatus y de poder.

Se han escritos bastantes libros y manuales sobre la moda como valor político, y sobre las claves para ser exitosos en política a través del vestir. Moda, como se prefiere decir actualmente, seguirá rigiendo el mundo de las apariencias, procurando una estética social con su sensibilidad y sus pasiones. El poeta Mallarmé denominó a la Moda como "diosa de las apariencias". Solo hay que recordar los llamados libros de buenas maneras, que servían para establecer reglas de comportamientos, códigos sociales. Recordemos textos como: "La ostentación, la discreción, la desenvoltura son actitudes que conforman el modo de ir vestidos en función del observador". Así nos recomendaban que si uno quiere ser visto, vestirá con ostentación. Si por el contrario quiere pasar desapercibido, lo hará con discreción. La apariencia (el arte de estar presente, en paz) y la búsqueda de la belleza (armonía entre físico, pensamiento y sentimiento) es una demostración de respeto no solo hacia los demás, también hacia uno mismo. Como escribía acertadamente Virginia Woolf: "Nimiedad vana como parece, la ropa tiene otro objetivo más allá de mantenernos cálidos. Cambia nuestra visión del mundo y la visión que tiene el mundo de nosotros".





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