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Sociedad

Mirar alrededor

La atracción que ejercen las redes sociales y la realidad virtual nos ha hecho volver obsesivamente la mirada a las pantallas y de ello se ha resentido, entre otras cosas, la mera observación de lo cotidiano, lo que antes significaba mirar alrededor. Y es una lástima que eso haya provocado la pérdida de un cierto relato costumbrista, incluido el periodismo paseante que hablaba de los cambios urbanos, de las tertulias de cafés y boticas y de la vida en general. Pocas cosas escapaban al ojo avisado del cronista ciudadano.

Los viejos diarios publicaban artículos excelentes que contaban esa otra dimensión cercana y a menudo intrascendente de la información, pequeñas historias en las que se forjaron algunas grandes firmas. Era aquel un periodismo de autor que aspiraba a lo literario. Hubo muy buenos ejemplos en el HERALDO, que reflejaban cómo era el día a día de Zaragoza y de muchos otros lugares de Aragón. En aquellos tiempos la inmediatez de la noticia no tenía la importancia de ahora y eso permitía algunas licencias que hoy parecen pasadas de moda. Sin embargo, la pulsión por conocer esa esfera íntima del universo urbano, la pequeña realidad que se expone en párrafos incapaces de admitir titulares noticiosos, permanece, aunque se trate de una sociedad más compleja y mucho más variada. Y las redes sociales, de forma algo atrabiliaria, se han convertido en su canal.

A pesar de los cambios, mirar, y saber hacerlo, sigue siendo un método magnífico de análisis social. Basta salir a la calle. De la observación de nuestro deambular es fácil colegir defectos comunes. La prisa, y la agresividad que destila, es uno de ellos. Los dos desgraciados accidentes mortales del tranvía en Zaragoza tal vez denuncien algo profundo, que nadie parece dispuesto a hacer explícito. Sobre nosotros pesa un cierto aire de confusión que es posible leer en el tráfico de vehículos, bicicletas y peatones. Hoy, el balance que ofrece ese paisaje en movimiento no encaja bien con la amenidad tranquila de aquellas viejas crónicas. Eso que hemos perdido.

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