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Sociedad
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2018 la generación que viene

Ya están aquí. Los nacidos en el año 2000 ya cumplen la mayoría de edad. Y podrán votar, iniciarse en el mundo laboral... Una promoción marcada por las nuevas tecnologías, pero también por la crisis económica y la división política. ¿Qué visión tiene del mundo la generación más desconocida de la historia?

Andrea Insa, Joaquim Dos Anjos y Alba Molada, del IES_Santa Emerenciana, en Teruel.
Andrea Insa, Joaquim Dos Anjos y Alba Molada, del IES_Santa Emerenciana, en Teruel.
Javier Escriche

El nuevo milenio ya es mayor de edad. En 2018, los nacidos aquel mítico año 2000 alcanzan los 18 años. Los hijos del tercer milenio podrían votar si se adelantan las generales, y lo harán ya en las autonómicas de 2019. Y podrán comprar alcohol, sacarse el carné de conducir... Y salir al mundo laboral tras pasar por la educación obligatoria y añadir un grado profesional o unos estudios secundarios.

Los nacidos en el año 2000 ya han sido catalogados: especie ‘Millenial’, tipo ‘Generación Z’. No han conocido un mundo sin internet ni teléfonos móviles. Pero tampoco recuerdan apenas una España anterior a la crisis. No tienen constancia de un escenario político sin la sombra de la crispación, la corrupción y la división. En cambio, no podrían concebir una España fuera de la UE o sin avances sociales como el matrimonio gay o la ayuda a la dependencia. "En realidad, somos como todas las generaciones anteriores, salvo que hacemos las cosas de manera diferente", resume desde Jaca (Huesca) Marta Álvarez, una de las protagonistas de este reportaje. Son todos aragoneses a punto de cumplir los 18, dispuestos a salir al mundo, conscientes del mundo que les rodea, molestos con tantas etiquetas como les han colgado en los últimos años. "Han dicho que teníamos muchos regalos, que no jugábamos en la calle, que no tenemos amigos salvo en Facebook, que somos narcisistas y caprichosos... Creo que somos la generación más criticada, pero ninguno se ha molestado en preguntarnos a nosotros y saber qué pensamos", considera por su parte Julián García, estudiante de bachillerato en Zaragoza. "Y no parecen darnos algún aspecto positivo –añade a su vez Joaquim Dos Anjos, desde Teruel–. La capacidad de mostrar nuestras emociones con más facilidad, de tener menos apuro a expresarnos. La tolerancia, por ejemplo. Porque nuestros padres nos cuentan cómo era la vida en los noventa y los ochenta y eran mucho más cerrados que nosotros".

2018 la generación que viene

Levisa Callizo, Marina Blázquez y Marta Álvarez, del IES Domingo Miral de Jaca (Huesca). Laura Zamboraín

No les falta razón: su generación ha sido quizá la más criticada de la historia. Desde su nacimiento han estado bajo la lupa, primero con reportajes pedagógicos sobre la infancia, después con la preocupación del efecto en ellos de las nuevas tecnologías, más tarde por su presunta falta de tolerancia a la frustración..., "cuando en realidad nadie ha dicho lo evidente, que son unos afortunados. Porque otras generaciones, esos nacidos a finales de los 70 y principios de los 80, son los que han vivido en una burbuja que después explotó, y son los que no han sabido a veces adaptarse a la frustración. Y ahora tenemos adultos sin preparación académica que se dejaron llevar por la ilusión de una burbuja irreal y que se metieron en hipotecas que no podían pagar. Les hemos colgado la etiqueta a estos jóvenes sobre su capacidad de afrontar la vida y lo cierto es que nosotros somos los menos preparados para ver la realidad", resume el psicólogo aragonés Miguel Ángel Ramos. "Pero esta generación sabe perfectamente lo que hay, porque están creciendo en una crisis y eso hace a la persona más fuerte. Tienen una actitud más realista, estas son las cartas que les tocan y son las que van a jugar".

Sorprende, por ejemplo, su sorpresa al ser preguntados por la idea de tener un trabajo fijo en el futuro. De hecho, fue necesario formular la pregunta dos veces para que captaran el concepto de estar toda la vida en un mismo puesto de trabajo. "No me puedo ni imaginar, eso es una utopía. Ni siquiera creo que algo así sea bueno, una persona cambia y su vida laboral también. La seguridad laboral no siempre es algo positivo", destacan Natalia García y Eva Borja, desde el IES Tiempos Modernos de Zaragoza. Es una generación que tiene claro que las cosas han cambiado, que tendrá que salir fuera de su ciudad o incluso de su país si quiere prosperar en su trabajo, y que cree que "la vida da muchas vueltas, porque siempre puedes después volver aquí. Emigrar no es malo si no se pierde toda la fuerza laboral. Si regresa, es bueno", añade Julián Pérez, su compañero de curso.

Julián, Natalia y Eva son optimistas. Es un rasgo que comparten con el resto de entrevistados para este reportaje. Optimistas con el futuro laboral en Aragón, con sus posibilidades. Lejos de sentirse anclados en una crisis, su percepción de la realidad es otra, "porque ellos conciben el mundo de otra manera, no están mirando atrás como nosotros, esperando tiempos que no volverán. Para ellos este es el punto de salida y desde aquí se van consiguiendo cosas", dice el sociólogo Miguel Ángel Ramos.

2018 la generación que viene

Natalia García, Julián Pérez y Eva Borja, alumnos del IES Tiempos Modernos, en Zaragoza. Toni Galán

En el IES Santa Emerenciana de Teruel, Joaquim Dos Anjos, Andrea Insa y Alba Molada estudian también 2º de bachillerato. Los tres llegan con empuje, consideran que los políticos no están preparados, que han demostrado no saber hacer las cosas, y que es necesario en España un buen relevo generacional. "Lo que ha pasado en Cataluña, lo que está pasando con la corrupción..., demuestra que se están haciendo las cosas mal", dice Andrea. "El mundo ha cambiado y los políticos no han sabido adaptarse". Y Alba asegura que "si los que gobiernan ahora siguen, está crisis no se resolverá. Llevamos muchos años y no hay ideas nuevas". ¿Qué tienen ellos que aportar? Joaquim enumera: "Mayor tolerancia, más capacidad de establecer relaciones con otros grupos que piensan de manera diferente, tender más puentes. No es solo la preparación académica, es también cómo relacionarse con el resto del mundo".

El sociólogo Jaime Minguijón considera más que normal el optimismo de esta nueva generación. "¿Cómo no ser optimista a punto de cumplir 18 años y con todas las posibilidades que se presentan? No es tiempo de pesimismos, todas las generaciones quieren comerse el mundo". El sociólogo zaragozano cree que "analizar a una generación supone aplicar estereotipos, atribuir prejuicios y malas construcciones. A fin de cuentas cada nueva generación siempre está mejor preparada para afrontar el mundo y los jóvenes, desde hace miles de años, se han buscado la vida". Minguijón realizó hace unos años un interesante trabajo de análisis sobre el 15-M y sus consecuencias "y en estos años ya hay diferencias con respecto a los jóvenes que ahora cumplen 18 años. Si entonces eran conscientes de que ya no iban a tener el nivel de vida de sus padres ahora directamente ya se han adaptado y asumido la nueva situación. Que tendrán que moverse más, que tendrán que compartir piso y gastos con otros amigos, es una vida, simplemente, diferente".

¿DESCONOCIDOS?. "La atención mediática que recibimos es sorprendente, creo que no se ha analizado a otra generación tanto en toda la historia. Es cierto que nacimos en un año especial, que hubo un cambio de milenio y que hubo también una transformación cultural estos años, pero me pregunto por qué nos estudian tanto", considera Marina Blázquez, desde el IES Domingo Miral, en Jaca (Huesca). La respuesta no solo está en la curiosidad, también, quizá en el dinero: adolescentes y jóvenes adultos son tradicionalmente un auténtico pastel para las grandes corporaciones, por su gran potencial económico, que supera los 1.300 millones de euros en todo el mundo. Y sin embargo, nunca ha sido tan difícil introducir nuevos productos, debido a la gran fragmentación de plataformas promocionales: You Tube, Instagram, Twitter, Snapchat... Ya no se puede meter por los ojos un producto mediante anuncios de televisión o promocionar un artista en ‘Los 40 principales’. Ahora, nadie tiene la fórmula mágica para saber qué puede ser un éxito y cuál será la última tendencia. Las marcas se devanan los sesos para crear una conexión con la nueva generación, pero parece misión imposible, por muchas historias de Instagram y perfiles de Twitter que puedan crearse. De hecho, en un reciente artículo la revista ‘Forbes’ proponían tirar, directamente, la toalla: "No tiene sentido intentar conectar con esta generación, lo que hay que hacer es atraerlos para que trabajen con nosotros. Y retenerlos, porque quizá no quieran estar largo tiempo en el mismo lugar". Hay incluso estudios publicitarios que intentan comprender qué plataforma da los mejores resultados para las tres generaciones más influyentes: la generación X (entre 35 y 49 años), la generación Y (entre 20 y 34 años) y la generación Z, la que nos ocupa este reportaje (entre 16 y 19 años). Y los resultados son sorprendentes: resulta que la publicidad que menos impacta a los adolescentes es la de los móviles y páginas web (apenas un 21%), precisamente el producto que más consumen. Y son los anuncios que ven en el cine los que funcionan en un 62%. En el caso de la generación Y, además del cine, funciona la publicidad en las revistas y periódicos de papel, en un 52%. Para la generación X, la plataforma más eficaz es, con el mismo 52%, también periódicos y revistas. Las tres generaciones apenas se ven impactadas por la publicidad en plataformas ‘online’.

Es evidente que las redes sociales no sirven para influir, al menos con un producto en concreto. "Las redes son ahora un espacio natural para los jóvenes, porque a esa edad lo que se quiere es tener un lugar propio, donde esconderse de los padres y del resto de los adultos", afirma Jaime Minguijón. "Lo propio de la juventud no es tanto oponerse al mundo como esconderse de él. Y no se deja penetrar. Es una dinámica muy creativa, además. En lugar de criticar esas tendencias, quizá hay que entenderlas para copiarlas y llegar a ellos". Es lo que hacen ‘apps’ como Snapchat, por ejemplo, cuyo éxito entre adolescentes radica no solo en los filtros faciales que proporciona, sino en su aspecto críptico: los vídeos y fotografías no se almacenan, ya que se borran, con lo que ningún padre puede saber jamás qué están compartiendo sus hijos, incluso si revisan su teléfono móvil.

2018 la generación que viene

Andrea Insa, Joaquim Dos Anjos y Alba Molada, del IES Santa Emerenciana, en Teruel. Javier Escriche

MÁS TOLERANTES. Desde Jaca, Marina cree que "las redes sociales han cambiado los valores, por eso a veces vemos con curiosidad lo que ocurría en los 90 y los 80. Son tiempos muy diferentes donde no había tanto postureo, donde no se tenía que aparentar tanto, o al menos no todo el rato". Esa fascinación por décadas pasadas, sobre todo por los 90, es una tendencia en esa generación Z y en parte de la Y. Es decir, en lo que se conoce generalmente como ‘millenials’. "Es un tiempo donde se produjo realmente la revolución electrónica y me parece fascinante cuando mis padres me cuentan cómo tuvieron su primer ordenador en casa, cuándo se conectaron a internet... –destaca Eva Borja–. Y hubo unos cambios políticos tan rápidos. Pero sobre todo me sorprende cómo se vivía el ocio entonces, más humano. Más cara a cara". Y a Natalia García, la Movida de los 80 es la época que le hubiera gustado conocer, "por ese cambio de mentalidad tan fuerte, tan rupturista. Esa libertad que me cuentan mis padres, que lo vivieron. Expectación, excitación por lo nuevo...". En el caso de Julián Pérez, reconoce que le atraen "esos años en los que el Real Zaragoza jugaba en Primera y ganaba títulos. Yo tenía 9 años cuando subieron y volvieron a bajar. Esos años de triunfos me quedan muy lejos. Aún así, soy del Real Zaragoza, aunque también sigo al Real Madrid", reconoce.

Pero todos están satisfechos con la época que les ha tocado vivir y ninguno se cambiaría por las generaciones anteriores. "La ciencia y la literatura es lo que más me gusta de esta época, creo que somos muy afortunados por todo lo que hemos disfrutado, y por todo lo que nos queda por descubrir", considera por su parte Marta Álvarez, desde el IES Domingo Miral de Jaca, donde cursa 2º de bachillerato. En el mismo instituto estudia Levisa Callizo, que destaca "el cambio de mentalidad que existe hoy en día, la mayor tolerancia que ofrecemos, frente a las anteriores generaciones. En temas relacionados con la mujer, con las minorías sexuales, con los diferentes...". Según los estudios sociológicos, "es la primera generación que se educa y socializa a través de las redes, lo que les hace ser irreverentes con cuestiones hasta ahora intocables, como la familia, pero con aún más capacidad de empatizar, hacer amigos, ser emprendedores precoces e implicados socialmente".

En realidad, como destaca el sociólogo Miguel Ángel Ramos, "esas son sus herramientas para crear su propia felicidad. Ellos saben que nadie les va a regalar nada y sus relaciones personales son diferentes a las nuestras. Dicen de ellos que son más individualistas, pero en realidad están más mentalizados para compartir piso, por ejemplo. No tener nada seguro significa moverse más, hacer más conexiones continuamente, compartir espacio y ceder ante los demás". ¿Es eso posible, no era esta la generación que tenía menor tolerancia a la frustración, como tanto se ha asegurado en reportajes y opiniones de expertos? "Bueno, la realidad es tozuda. Mucho se ha dicho de que los padres estaban sobreprotegiendo a estos jóvenes, que tendrían menos herramientas para enfrentarse al mundo..., pero la realidad siempre se impone. Los padres pueden poner un paraguas, pero tarde o temprano caerá. A punto de cumplir 18 años, estos jóvenes saben muy bien qué hay ahí fuera".

Joaquim afirma que "tarde o temprano se pierde la inocencia. Es ahora, precisamente, cuando tenemos que decidir qué estudiar, cuando más pesa esa realidad y esa situación económica". Algunos, como Marta Álvarez, seguirán su vocación sin importarles la falta de trabajo. "Voy a hacer el doble grado de Física y Matemáticas. Mi sueño es ser investigadora de Física, me gusta la Cuántica. Después veré si hay salida o no". Y su compañera de instituto, Marina Blázquez, confiesa que intentará acceder a Farmacia "porque hay poco paro. He querido ser práctica".

En el caso de Levisa Callizo, su opción pasa por Ciencias Políticas o Relaciones Internacionales, "porque quiero formar parte de quienes van a cambiar el escenario político. Quiero que los ciudadanos confíen de nuevo en los que gobiernan, que sepan que hay gente que por vocación quiere hacer las cosas bien, crear una menor división social, trabajar por la Educación, por la Sanidad...".

¿Es una generación tan pasota como se ha dicho, viven en un mundo aparte ajenos a la realidad política? El sociólogo Jaime Mingujón cree que no, "lo que pasa es que la mayoría reacciona de manera diferente". Es profesor en la facultad de Educación y cada año da clase en 1º a alumnos con 18 años recién cumplidos. "Este año, comentamos temas candentes del momento, como la crisis en Cataluña, y me sorprendió su naturalidad al tratar el tema. No pasaban en absoluto, simplemente no se encendían tanto como nosotros. Estaban menos polarizados". Como resume el sociólogo, "son jóvenes adultos que ven el mismo mundo en el que vivimos nosotros, pero con otros ojos".

¿Cómo se ven dentro de cinco o diez años, tienen vértigo ante el mundo adulto que se abrirá una vez terminada la carrera? Julián Pérez, que espera acceder a Ingeniería Industrial, quiere quedarse aquí, y se ve trabajando, "aunque si tengo que irme lo haré, pero con la idea de volver". Sus compañeras del IES Tiempos Modernos, Natalia García y Eva Borja, también ven con ilusión su futuro, que pasaría por el Periodismo. "Creo que todo irá bien, mi visión a cinco o diez años es positiva. Trabajaré de lo que sea, no me asusta tener que dedicarme a otra cosa, pero sí quiero tener mi profesión", destaca Eva. Y Natalia se ve "trabajando en algún oficio que haya estudiado o que me guste. Y que me dé independencia".

Como explica el psicólogo zaragozano Carlos Hué, "la eclosión juvenil está por encima de todas las crisis posibles. Ninguna generación antes de la suya ha pensado qué va a ocurrir, se mantendrán optimistas porque, además, son los que mejor están preparados para los años que vienen". Miguel Ángel Ramos cree que "se han formado más que nunca porque no les regalarán nada. Y hablan de másteres, de idiomas...". Y Jaime Minguijón invita a abrirles las puertas, "porque hasta ahora se les ha intentado copiar o directamente se les ha criticado. Pero pocos les han preguntado. Y tienen grandes cosas que aportar".

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