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Tercer Milenio

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Las 'cabezudas' cápsulas de Nespresso

Existen muchas y muy diversas motivaciones para innovar. Una de ellas es que alguien, pongamos por caso tu pareja, te diga que no eres capaz de hacer algo. Eso es precisamente lo que le pasó al suizo Éric Favre allá por los años setenta: su mujer, italiana, le recriminaba el desconocimiento del café de los suizos, y que jamás sería capaz de hacer un café ‘espresso’ en condiciones. Y Favre inventó el café en cápsulas.

Prototipo de máquina de café con cápsulas ideado en 1975
Prototipo de máquina de café con cápsulas ideado en 1975

Sin ánimo de polemizar, los aragoneses tenemos fama de cabezudos. Ignoro si Éric Favre tiene raíces aragonesas, pero poco tiene que envidiarnos. Ingeniero espacial de formación, empezó a trabajar en el departamento de envasado de Nestlé en 1975. Casado con una italiana, esta se burlaba de lo mal que preparaba el café. "Quería demostrarle a mi esposa que tenía capacidad para hacer el mejor de los ‘espressos", declaró en cierta ocasión. ¡Y vaya si lo hizo!

Viajó a Roma con su esposa para buscar 'el mejor café' y visitó el popular Caffe Sant’Eustachio de la capital italiana. Allí observó cómo el barista bombeaba el agua caliente por intervalos, y no de forma continua, favoreciendo la oxigenación (y, con ello, la proliferación de todos los sabores y aromas). De esta observación nació el concepto de las máquinas de café con cápsulas: inyectar aire en el agua durante el proceso a través de la cápsula.

De la idea, al prototipo… y a las dificultades

En 1976 creó un prototipo de su idea y lo presentó en Nestlé. Sin embargo, la idea no cuajó inicialmente. El éxito del café soluble de Nestlé supuso una seria barrera, ya que la dirección no veía la necesidad de invertir en las máquinas de café. Pero, convencido de su idea, insistió durante 10 años en la misma hasta que tuvo el visto bueno de la dirección. En 1986, Nestlé creó la filial Nespresso, dirigida por el propio Favre, que lanzó el producto al mercado… del mundo de la empresa.

En efecto, Nespresso no estuvo inicialmente destinado a los hogares, sino a empresas y oficinas. Máquinas y cápsulas se empezaron a comercializar en Suiza, Italia y Japón. Pero el producto no cumplió con las expectativas. El diseño de las primeras máquinas Nespresso estaba basado en las grandes cafeteras italianas de los bares, pero se averiaban con demasiada frecuencia. En 1988 Nespresso cambió su estrategia y se enfocó al mercado personal, pero de lujo. En cualquier caso, el negocio no prosperaba y, en 1991, Favre se vio forzado a abandonar la compañía.

El océano azul de Nespresso

Los resultados de Nesspresso no eran nada positivos. A ello había que sumar el choque cultural: Nestlé vendía productos en cadenas y supermercados, no máquinas y cápsulas. Pese a todo, la dirección de Nestlé decidió darle una última oportunidad metiendo ‘sangre fresca’ en el proyecto. Se contrató a un joven y prometedor directivo de 33 años, Yannick Lang. Lang era ajeno a la cultura de la compañía, por lo que el ‘siempre se ha hecho así’ o ‘los errores del pasado’ no fueron un problema para él. A Lang se debe el dirigir el producto a los hogares y el no distribuir las cápsulas en supermercados, sino al exclusivo Club Nespresso.

Bajo su batuta, Nespresso rediseñó las máquinas de modo que fueran más robustas, fáciles de usar y con un diseño más elegante y se desarrolló un márquetin de producto mucho más eficiente. A principios de siglo llegó el éxito. Lang construyó así para Nestlé lo que se denomina un océano azul: un mercado altamente beneficioso, el del café en cápsulas, sin competidores.

Sin embargo, nada es eterno. La expiración de la patente de Nespresso llevó a la comercialización en 2011 de cápsulas compatibles con las máquinas, que se podían adquirir en supermercados. Nestlé se vio envuelta en diversos litigios que terminaron con su posición dominante.

¿Y Éric Favre?

Tras verse forzado a abandonar Nestlé, Favre fundó su propia compañía de cápsulas de café, Monodor, que no están hechas con aluminio (una de las críticas a las cápsulas de Nespresso, por sus efectos nocivos sobre el medio ambiente). La empresa ya ha desaparecido, pero sus patentes siguen vigentes y son usadas por algunas empresas del sector. En 2015 vendió todos sus negocios y actualmente está retirado.

Las cabezudas cápsulas de Nespresso

Prototipo de máquina de café con cápsulas ideado en 1975

Lecciones aprendidas
De lo personal al negocio De una situación personal (cómo preparar un café ‘espresso’) a una idea de negocio que revolucionaría el consumo del café. Hay que tener ideas, y saber llevarlas a efecto. Diez años le llevó a Éric Favre sacar Nespresso adelante. Aunque sin el éxito esperado. Enemigos ocultos La cultura de la empresa es uno de los mayores enemigos ocultos de la innovación. Ir contra ella requiere grandes dosis de esfuerzo y confianza en la idea que se quiere desarrollar. Intraemprendimiento Hay que fomentar el intraemprendimiento en la empresa: ideas de negocio identificadas y ejecutadas por empleados que no desean constituir sus propias empresas, sino desarrollarlas al amparo de la compañía para la que trabajan. Ambos salen beneficiados. Tiempo al tiempo A veces las ideas, incluso las mejores, tardan en cuajar. No es solo tener un buen producto, sino una combinación de factores: el diseño, la usabilidad, la experiencia de usuario, el márquetin, la distribución… Y llegar a ello puede ser todo un proceso. Océanos azules La creación de océanos azules de negocios, en los que no hay competencia, no es eterna. Pero no por ello hay que renunciar a crearlos. Mientras duran, aportan una gran rentabilidad y preparan a la empresa para el siguiente paso.Ángel Gavín Autor del blog ‘El Miracielos’

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