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Tercer Milenio

Tercer Milenio

Nuestra especie, al ritmo de la evolución

La historia del ser humano, como la de tantas otras especies, es una historia de evolución. Pero no hay que remontarse a miles de años para observar cómo se produjo la selección natural. En estos momentos, nuestro organismo está evolucionando a nivel genético y va a seguir haciéndolo en el futuro. Desafíos como el cambio climático y la violencia humana pondrán a prueba la supervivencia del Homo sapiens.

Entre neandertales y Homo sapiens existen numerosas similitudes físicas
Entre neandertales y Homo sapiens existen numerosas similitudes físicas
Neanderthal Museum

Es posible que asocie el concepto de ‘selección natural’ –acuñado por Charles Darwin para explicar cómo algunas especies sobreviven gracias a la evolución biológica– con las aves y otros animales. Pero no hace falta irse tan lejos. Basta con que observe sus propios genes para comprobarlo. La selección natural está muy presente en el ser humano actual.

Un reciente estudio publicado en la revista ‘PLOS Biology’ ha revelado que personas que viven más años que el resto presentan menos mutaciones genéticas dañinas. La investigación, en la que se analizaron los genomas de 210.000 habitantes de Estados Unidos y Gran Bretaña, mostró cómo diferentes variaciones genéticas asociadas a la enfermedad de Alzheimer y al tabaquismo excesivo eran menos frecuentes en personas con vidas más largas. Según los autores, esto sugiere que la selección natural está eliminando las variantes desfavorables en ambas poblaciones, geográficamente distantes.

En las mujeres mayores de 70 años, los científicos observaron una disminución en la variante genética ApoE4, vinculada a la enfermedad de Alzheimer. En cuanto a los hombres, a partir de la mediana edad, los autores detectaron en algunos un descenso similar en la frecuencia de la mutación del genCHRNA3, asociada con un mayor tabaquismo.

"Una mutación en el gen CHRNA3 pone en peligro la supervivencia", explica Hakhamenesh Mostafavi, investigador del departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de Columbia (EE. UU.) y autor principal del trabajo. Esta variación genética está asociada con el número de cigarrillos consumidos al día por los fumadores: si tienen esta mutación, tienden a fumar más y se exponen más a los efectos perjudiciales del tabaquismo.

"La evolución humana está en curso y nunca se detendrá. Lo que no sabemos es hasta qué punto los cambios evolutivos que suceden en cada generación son para adaptarse a los entornos a los que nos enfrentamos o, simplemente, pasan por casualidad", baraja Mostafavi.

El nuevo 'Homo' tendrá que esperar
Hablar de evolución es hablar de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca (Burgos). Declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000, estos depósitos fósiles que albergan miles de restos humanos se consideran de los más importantes del mundo para comprender la evolución humana.

Son nuestra ‘piedra de Rosetta’ y José María Bermúdez de Castro, uno de los tres codirectores del proyecto, lleva décadas estudiando lo que nos dicen de nuestros antepasados y de nosotros mismos. Al paleontólogo no le cabe ninguna duda de que seguimos evolucionando.

"La evolución depende de dos aspectos fundamentales: las mutaciones en los genes y los cambios ambientales. Los seres humanos seguiremos experimentando mutaciones y la mayoría hará que los individuos sean inviables", afirma el científico, que también es coordinador del Programa de Paleobiología de Homínidos del Centro Nacional de Investigación de La Evolución Humana (Burgos).

"Sin embargo, alguna mutación puede ser favorecida por la selección natural en determinadas circunstancias. Es entonces cuando esta se extenderá por las poblaciones humanas y perdurará", aduce.

La duda que surge es si, gracias a estas adaptaciones genéticas y ambientales, nuestra especie, el Homo sapiens, evolucionará hacia una nueva, más avanzada e inteligente que la actual. Según Gloria Cuenca, directora del Instituto Universitario de Ciencias Ambientales (IUCA) de la Universidad de Zaragoza, "esto no ocurrirá porque para que una especie biológica evolucione hace falta un aislamiento genético. En el mundo en el que vivimos, donde todos los seres humanos estamos unidos, este aislamiento genético no se va a producir porque todos nos podemos unir entre todos", indica Cuenca, que también es miembro del equipo de investigación Atapuerca y Aragosaurus.

La revolución de la información
Físicamente apenas hemos cambiado respecto a nuestros antepasados más cercanos. Si miramos al Homo sapiens de hace unos 10.000 años, su apariencia era igual que la nuestra, aunque sí presentamos algunas diferencias, sobre todo en cuanto al volumen y a la forma de procesar la información que nos rodea.

"Ellos procesaban una información diferente, quizás más relacionada con las habilidades para sobrevivir, con un volumen también enorme, pero muy diferente a la información que procesamos y manejamos actualmente para sobrevivir en la jungla de asfalto", compara Jesús Jordá, investigador del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Este gran salto que hemos dado se extiende a otras facetas de la vida como la cultura o la tecnología.

Más allá de los cambios metabólicos y genéticos, el ser humano tiene la capacidad de modificar muchos aspectos de su vida. "Nuestra evolución como especie ha sido sustituida por la evolución tecnológica, cultural y social de los seres humanos; tenemos herramientas para modelar el medio a nuestra necesidad, por lo que superamos los hándicaps con inteligencia", señala Isabel Cáceres, investigadora de la Universidad Rovira i Virgili, del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (Tarragona) y miembro del equipo de Atapuerca.

La capacidad para comunicarnos entre nosotros, aprender, dar a nuestros descendientes una educación y relacionarnos a través del lenguaje es lo característico del Homo sapiens. "Ninguna especie anterior lo tenía", recalca Cuenca. Esa es nuestra gran evolución.

Lo que pase a medio o largo plazo, está en nuestras manos. "El futuro de nuestra especie depende de nuestra inteligencia social, respeto mutuo como individuos y solidaridad", concluye Cáceres. Del raciocinio dependerá que seamos historia, como tantos otros animales desaparecidos.

El hombre es un lobo para el hombre
En el siglo XVII, el filósofo inglés Thomas Hobbes popularizó la expresión latina "el hombre es un lobo para el hombre", que quiere decir que el mayor peligro para la supervivencia de la especie es el propio ser humano.

Nuestra especie, al ritmo de la evolución

Las guerras como forma de resolver los conflictos amenazan la supervivencia de la especie. US Army

"Hay un predador muchísimo más peligroso que cualquier otro animal: el hombre mismo", subraya la directora del IUCA de la Universidad de Zaragoza. Además de hacer frente al cambio climático, a la superpoblación y a la escasez de recursos naturales del planeta –con la mirada puesta en la colonización de otros mundos–, el ser humano deberá enfrentarse a sus semejantes y solucionar de forma pacífica las diferencias que surjan.

"La selección natural ha favorecido la violencia, esa característica humana que es muy peligrosa. Ya no peleamos con lanzas y espadas; ahora lo hacemos con bombas cada vez más potentes", alerta Bermúdez de Castro.

Afrontar climas adversos
La indudable huella del ser humano en el calentamiento global está provocando que cambie el clima, un fenómeno que tendrá profundas repercusiones sobre la especie, según los expertos. "Los cambios ambientales que se avecinan, como el cambio climático, pueden ser un factor decisivo en las adaptaciones que eventualmente podamos experimentar", sostiene el codirector del proyecto Atapuerca.

Nuestra especie, al ritmo de la evolución

Huracanes tan potentes como el reciente Irma, en la imagen sobre Florida, serán más frecuentes por el cambio climático. NASA / NOAA GOES Project

A los éxodos masivos de poblaciones a causa de las sequías o por culpa del aumento del nivel del mar, tendremos que sumar las víctimas por otros eventos climáticos extremos como tornados o huracanes, que serán cada vez más virulentos.

"Los humanos tendremos que readaptarnos a las nuevas condiciones climáticas que se avecinan en los próximos cien años si no se pone coto a la influencia antrópica sobre el clima", advierte Jordá. Como recuerda el geólogo, esta influencia comenzó en el Neolítico con el desarrollo de la agricultura y la ganadería, que provocó un pequeño aumento de los gases de efecto invernadero ya en sus inicios.

Un físico con pocos cambios
¿Nos van a crecer los pulgares por utilizar tanto el móvil? ¿Desaparecerá el vello corporal puesto que nos cubrimos con ropa? ¿Aumentará el tamaño del cerebro? Los paleontólogos desconocen cómo seremos a medio o largo plazo, aunque no prevén grandes cambios físicos en los próximos años.

"Es prácticamente imposible predecir cómo seremos en el futuro, pero podríamos hipotizar que nuestro cerebro no crecerá más. Es un órgano muy costoso y no es rentable, biológicamente hablando, que el cerebro tenga mayores dimensiones", mantiene Bermúdez de Castro.

Donde es posible que se produzcan cambios es en algunos aspectos de nuestra morfología relacionados con la locomoción. "Como ya no caminamos las mismas distancias que nuestros congéneres cazadores-recolectores ni sobre los mismos tipos de superficies, es posible que esto influya en la forma de nuestros pies", apunta Jordá.

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