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Sociedad
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¿Por qué nos crujen los dedos?

Para unos un placer, para otros una sensación desagradable.

Estirarse los dedos hasta oír un ruidito es una costumbre muy extendida.
Estirarse los dedos hasta oír un ruidito es una costumbre muy extendida.

Un placer o una manía que da grimilla. El mundo se divide entre quienes aman y quienes odian crujirse los dedos. Ya saben, esa costumbre que consiste en estirarse las falanges hasta que suena un característico 'crac'.

En realidad, ese ruido no lo hacen nuestros huesos al separarse, sino que aparece por el estallido de pequeñísimas burbujas de gas. ¿Gas dentro de nuestros dedos? Sí, aunque no seamos conscientes de ello, dentro de nuestros dedos hay pequeñas cantidades de oxígeno, nitrógeno y dióxido de carbono que, junto al líquido sinovial, protegen y lubrican todas nuestras articulaciones, incluidas las que permiten el movimiento de las falanges.

Cuando estiramos el dedo, el volumen de la cápsula sinovial que contiene todos esos elementos aumenta y se genera así una minúscula zona de bajas presiones suficiente para que aparezcan burbujas de gas, que escapan del líquido. Su estallido es el sonido que oímos al crujir los dedos.

Y aunque hay quien disfruta con este gesto, con el argumento de que nota cierta relajación en las manos, no es muy recomendable hacerlo. Al estirar huesos y tendones forzamos la articulación y, aunque de manera ocasional no tiene mayor importancia, si lo hacemos mucho acabaremos desgastándola y podemos sufrir problemas de artrosis.

Así que, si es de los que disfrutan con el crujido, intente evitarlo. Sus dedos se lo agradecerán.

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