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Tercer Milenio

Nacidos para competir

Evolutivamente, los machos están 'diseñados' para competir y lo hacen ferozmente. Así se comprueba estudiando el comportamiento de los pollos de una granja.

Inma Estévez, bióloga en el Instituto Neiker-Tecnalia, estudia el comportamiento animal
Inma Estévez, bióloga en el Instituto Neiker-Tecnalia, estudia el comportamiento animal

A la zoóloga Inma Estévez la llamaron una vez de una granja de pollos en la que los machos habían matado al 25% de las hembras. “Los machos, evolutivamente, están 'diseñados' para competir y lo hacen ferozmente. Y eso ocurre en poblaciones naturales, lo que pasa es que no lo vemos”, cuenta Estévez en una entrevista concedida a Antonio Martínez Ron y publicada en Voz Populi. Según cuenta la científica, “los machos maduran antes que las hembras y estas no son accesibles”. Entonces, ante la dificultad que presenta el apareamiento, los machos provocan a las hembras heridas que terminan siendo mortales.

El periodista cuenta que “este problema es frecuente porque los pollos tienen que crecer a un ritmo exacto; si se quedan por debajo, la fertilidad de los machos disminuye y, si se aceleran mucho, los machos hacen estragos”. Ante esta disyuntiva de consecuencias comerciales, los ganaderos, por lo visto, o empujan a las hembras a la zona de apareamiento o sacrifican machos. Pero a Estévez, experta en comportamiento animal y vinculada hoy a Neiker-Tecnalia, se le ocurrió otra cosa: colocar paneles en la zona de apareamiento para que las gallinas se sintieran más protegidas y se redujera el acoso.

“Las hembras se quedan en la zona de apareamiento y los machos ya no tienen que competir por las poquitas que llegan; están ahí y devuelves un poco el equilíbrio”, dice la zoóloga desmontando la distribución clásica de los pollos en las granjas. “La gente que no entiende dice: los pollos han sido seleccionados genéticamente y son muy agresivos. Y eso no es verdad. Los machos están haciendo lo que se espera de ellos, competir por el máximo número de apareamientos posibles. Hay que entender la raíz del problema para solucionarlo”.

De hecho, ya hay granjas que han puesto paneles y redistribuido espacios y los pollos han ganado en bienestar, además de procrear más. Y el bienestar es algo que está actualmente sobrevolando los planes de los criadores de pollos. Martínez Ron apunta que “las estrategias para mejorar el bienestar animal no son demasiado costosas y las mejoras en la producción son notables”. Poner perchas o balas de paja en medio del almacén para que se entretengan, incluso “hablarles para que se familiaricen con uno y pierdan el miedo”, son propuestas de la zoóloga, optimista con el enfoque más científico y biológico de la producción que van aceptando ya muchos ganaderos. Cree que la ciencia puede prestarles una gran ayuda.

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