Sociedad

Hijos abducidos por el móvil

Cada vez existe una mayor preocupación por parte de los padres respecto al mal uso que hacen sus hijos del teléfono móvil. ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo reaccionar?

Hay que pactar con ellos los horarios y lugares de uso, incluido el fin de semana.
Hay que pactar con ellos los horarios y lugares de uso, incluido el fin de semana.
Freepic

Se ha convertido prácticamente en una prolongación del brazo de nuestros hijos, en un apéndice, y son incapaces de moverse sin él, aunque sea para ir beber agua. Hablamos, está claro, del móvil, ese artilugio que al principio nos parecía un invento prodigioso, pero que ya no nos hace tanta gracia cuando comprobamos que nuestros hijos viven abducidos por él. “Cada vez existe una mayor preocupación por parte de los padres respecto al mal uso que hacen los chavales del móvil”, afirma la psicóloga de la salud y el deporte Yolanda Cuevas Ayneto. Y, aunque nos lo han explicado un millón de veces, parece ser que los padres todavía no hemos asimilado muy bien que nuestra misión, nos guste o no, es “educarles en el uso responsable desde la información, el ejemplo y la coherencia”. Pero... ¿qué podemos hacer? ¿Cómo actuar? Ahí van unos cuantos consejos, que Yolanda Cuevas considera imprescindibles y básicos.

Lo mejor: información y debate. Es muy importante hablar con ellos de las consecuencias, a todos los niveles, que conlleva el uso indiscriminado del móvil, lo que incluye todas las redes sociales. Podemos recurrir a vídeos educativos, artículos y noticias para generar el debate y acudir a charlas para acercarnos a esta realidad y transmitirla a nuestros hijos, pero sin sermonearles. Establecer normas y límites. Debemos pactar con ellos las normas y límites del uso del teléfono (horarios y lugares) incluido el fin de semana. Y, lo más importante, ser, en todo momento, modelo de conducta para ellos. Prohibido llevarlo al colegio. Hay que evitar que lo lleven al colegio o a la academia de repaso, que lo tengan cerca cuando están practicando algún deporte, que esté en la mesa mientras comemos, en el baño durante el aseo personal... Lejos del lugar de estudio... Tener el móvil cerca mientras estudian añade un elemento de distracción, que intermitentemente provoca pérdidas de atención y concentración constantes. Esto produce que inviertan más tiempo en intentar volver concentrarse que el tiempo total que dedican al estudio. ... y de la cama. No deben usarlo en la cama ni dormir con él encendido. No solo porque activa el cerebro, cuando en teoría tiene que estar en un estado que propicie el sueño, sino porque el sonido que alerta de una nueva entrada de Whatsapp o de cualquier otro mensaje, interrumpe el sueño. Y, si se duermen con él encendido, duermen a medias, lo que dificulta el descanso necesario para sus actividades. Si el teléfono está encendido, duermen en estado de alarma. El tiempo de la comida es para conversar. La hora de la comida o de la cena es para compartir experiencias del día. Tiene que ser un espacio de comunicación, que no puede verse interrumpido por las alarmas de entrada o los tonos de vibración de los móviles. Esto implica también, por supuesto, el no levantarse entre plato y plato para ir a buscarlo. Es momento de disfrutar de la comida, de la familia y de desconexión virtual, que falta nos hace. Olvidarlo, durante las reuniones familiares. Es un reto educar a los chicos en saber estar con todos los sentidos cuando se va a ver un rato a los abuelos, cuando estamos en un cumpleaños o se visita a alguien. Debemos recordar la importancia de la educación en el respeto para que las personas no se sientan invisibles. Para ello, jamás debemos fomentar el uso de la tecnologías entre los más pequeños para que ‘no molesten’ a los mayores. Modelos de conducta. Conviene no olvidar que para educarles en un uso responsable, los chicos tienen que ver en nosotros, sus padres, modelos de conducta y que somos coherentes con lo que les pedimos. Por eso, hay que descartar argumentos del tipo: «Yo soy tu padre y puedo». «No me digas lo que tengo que hacer» o «Cuando te pagues la factura, haces lo que quieras». Evitar siempre las amenazas. Debemos evitar las amenazas; se trata de diseñar las normas y límites, y de ayudarles a cumplirlos, motivándoles y apoyándoles. La tecnología, hoy en día, no se lo pone fácil a nadie, a ellos tampoco. Lo mejor es pacta unas consecuencias realistas de posibles incumplimientos y llevarlas a cabo. No debemos dejarnos llevar por sus repetidas promesas de: «Mamá, papá, no lo haré más».

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