Poesía en movimiento en el desfile de Elie Saab

La colección del próximo otoño-invierno del diseñador perfila a una mujer misteriosa y algo melancólica.

Elie Saab presenta en París su colección para el próximo otoño-invierno
Elie Saab presenta en París su colección para el próximo otoño-invierno
Agencias

El diseñador libanés Elie Saab emocionó en París a sus admiradores con una colección poética, inspirada en el clásico ballet romántico 'Giselle', cargada de tul, organza, plumas y terciopelo que dieron forma a los vestidos más delicados de la próxima temporada.

Los tonos del anochecer colorearon esta línea con sombras violetas, azules y granates donde los tejidos dieron prueba del trabajo costurero de esta propuesta que, con la introducción del encaje, típico de la "maison", se metió en el bolsillo a las amantes de las prendas más sensuales.

El desfile rockero en el que el creador presentó su última colección de verano se transformó en un recital de poesía, para una mujer misteriosa y algo melancólica, que, cual bailarina de ballet, acompaña el estilismo con un discreto moño ligeramente cardado y una diadema, además de un discreto maquillaje ahumado en los ojos.

Los vestidos cortos tomaron vuelo mediante volantes y volúmenes, sobre los que se posaron minimalistas abrigos y capas con incrustaciones de lentejuelas bordadas.

Para rejuvenecer el estilismo, botas altas con efecto 'legging' y pantalones fluidos se combinaron con americanas y chaquetas cortas en negro.

Bordada apareció también la flor de lis, estampado protagonista de la colección, que se materializó en detalles dorados y brillantes Swarovski en los encajes o sobre la muselina como símbolo de la trágica historia de belleza y sentimientos que narra 'Giselle'.

Aunque los vestidos de Saab prometen convertirse en un éxito en la alfombra roja, el diseñador incluyó también una cazadora de tipo 'biker' en piel negra con aplicaciones y flores bordadas en una creación más comercial.

No faltaron al desfile algunas de la seguidoras más fieles de la firma como la 'it girl' neoyorquina por excelencia Olivia Palermo o la modelo Arizona Muse, que vistió un traje de chaqueta de la colección primavera-verano 2017.

Y del romanticismo de Elie Saab al 'look' de abuelita británica de Vivienne Westood, que divirtió en la pasarela parisina al combinar gruesas telas invernales con estampados de cuadros 'vintage' o flores de cortinas con estampados geométricos y un alegre maquillaje en tonos neón.

Siguiendo esa técnica tan inglesa del 'mix and match' (mezclar y combinar), los estilismos se compusieron de la unión de estampados y colores, sobre todo de flores. También para hombres, puesto que Westwood presentó en este desfile su colección para ella y para él.

La parte masculina fue una llamada directa a la provocación con vestidos amplios y sin forma que cubren el cuerpo sin preocuparse mucho de la silueta o, por el contrario, un ajustado mono floreado en el que un pene aparece dibujado precisamente a la altura de los genitales del modelo.

Los vestidos de noche, para ella, adquirieron modernas formas barrocas con voluminosos volantes y marcados escotes en V o bien de manga asimétrica con un aire muy ochentero.

Las sedosas telas con flores recordaron también la vestimenta de las geishas, mientras que el clásico acolchado de chaquetas bomber que se ha convertido en tendencia a pie de calle en los últimos años quedó transformado en vestidos de gala.

La propia diseñadora se sumó a la pasarela desfilando con una falda de tubo sobre pantalones y una chaqueta larga en negro con estampados plateados; también ella se atrevió con el maquillaje flúor que propuso la casa para el próximo invierno en rosa fucsia, a juego con sus mechas de pelo.

Por último, la diseñadora belga con base en París, Véronique Leroy, quiso apostarlo todo a los años 80 y se decantó por el terciopelo como tejido estrella, si bien una gama de colores en gris, marrón y verde pistacho hizo de ésta una línea poco estilizada.

Se vieron monos, botas altas y bajas, 'bodys' y calentadores en una pasarela que, por momentos, parecía sacada de una ochentera clase de entrenamiento de baile, pero eso sí, con terciopelo.

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