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Sociedad

Cómo sentirnos mejores padres

¿Malos padres? Si nos juzgamos como malos padres nos vamos a sentir fatal. Cuando aparece el sentimiento de culpabilidad, es el momento de establecer prioridades.

Lo importante es disfrutar el tiempo real que tenemos con nuestros hijos.
Lo importante es disfrutar el tiempo real que tenemos con nuestros hijos.
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Atender a todas y cada una de nuestras responsabilidades diarias como padres conlleva una importante carga de estrés que, tarde o temprano, terminará por pasarnos factura tanto a nosotros mismos como a las relaciones con nuestros hijos. Es entonces cuando aparecen la frustración, el sentimiento de culpabilidad y los consabidos remordimientos que tanto nos atormentan y nos sentimos ‘malos’ padres. “Por eso, es muy importante cuidar esa relación familiar con nuestros hijos y sopesar en qué casos merece la pena entrar o no en conflicto con ellos; analizar a qué debemos darle importancia; y, sobre todo, revisar el valor que damos a las cosas”, apunta Pilar López Laboria, educadora emocional. Por mucho que nos empeñemos, somos conscientes de que no vamos a llegar a todo, de que es imposible hacerlo todo bien. ¿Malos padres? “Si nos juzgamos como malos padres -responde Pilar-, nos vamos a sentir fatal. Debemos preguntarnos quién nos está juzgando y desmontar esos pensamientos y creencias irracionales que están sustentando ese juicio”. “Es el momento de establecer prioridades”, sentencia Pilar, y de marcarnos unas pautas a seguir:

Revisar nuestras prioridades vitales. Es fundamental y la primera acción a emprender, ya que es muy posible que estemos dándole demasiada importancia a algunas cosas por inercia. Si, por ejemplo, consideramos vital tener una ajetreada vida social pero está nos resta energía para atender a los chicos... quizá deberíamos cuestionarnos un cambio en nuestras prioridades. La buena educación. Lo mismo tenemos que hacer lo mismo con respecto a la educación de los chavales: todo no puede ser igual de importante. Lo mejor es preguntarnos para qué estamos preparando a nuestros hijos con esta educación que les estamos dando. A veces, no es tan importante que saluden o que sean cariños con todo el mundo, por mucho que eso nos agrade, también hay otras muchas cosas. Es difícil que puedan responder a todas, todas, nuestras exigencias. El día solo tiene 24 horas. Y tenemos que decidir cómo queremos ocuparlas. Es recomendable buscar un espacio para descansar, de lo contrario nuestra mente y nuestro cuerpo nos lo cobrarán. No será fácil, pero nos aportará salud y algo de bienestar. Todo cuenta. No solo hay que tener en cuenta lo que hijos y padres hacemos mal. Seguro que el cómputo de acciones positivas en un día supera con creces al de las negativas. No debemos convertir la normalidad en algo sin valor. El día que no nos mienten, cuenta. El día que no les gritamos, también cuenta. Con total convencimiento. No debemos hacer nada que no queramos hacer. Por mucho que nos guste tal o cual teoría pedagógica, si lo que nos propone lo vamos a hacer a regañadientes, mejor no hacerlo. El resentimiento que se genera es malo para nosotros y afectará, antes o después, a la relación con ellos. Comprensivos con nosotros mismos. Tener hijos no es fácil. Ahora que ya los tenemos, lo sabemos. No debemos ser duros con nosotros mismos, habrá quien eduque a sus hijos con facilidad, aparentemente, pero eso no significa que sea sencillo. Así que, seamos comprensivos con nosotros mismos y exijámonos lo razonable. Autocrítica sí, pero constructiva. No hay que anticipar comportamientos negativos de los hijos. Un comportamiento negativo, en un momento dado, no significa que sea el comienzo de algo horrible. Probablemente, si estáis leyendo estas líneas es que os interesa su educación y que estáis predispuestos a mejorar. Exceso de perfeccionismo. Si apartamos el perfeccionismo de nuestra forma de educar, les transmitiremos que lo importante es intentarlo y que, mañana, podemos hacerlo mejor. Siempre en presente. Desde que nacen hasta que cumplen los 18 años, solo tenemos 936 sábados para estar con ellos; disfrutemos, pues, de este tiempo real y no nos agobiemos pensando en lo que tenemos que hacer y no hemos hecho mientras estamos con ellos.

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