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Sociedad

Claves para mejorar la comunicación con tus hijos

La comunicación no solo se alimenta de palabras, también se nutre de gestos, incluso de silencios. Por eso, la clave para mejorar la comunicación y nuestras relaciones con los hijos no está en lo que decimos, sino en cómo lo decimos.

Hay que observar siempre las expresiones de nuestros hijos, el tono de voz y sus  gestos corporales.
Hay que observar siempre las expresiones de nuestros hijos, el tono de voz y sus gestos corporales.
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“¿Somos realmente conscientes del impacto que tienen nuestros gestos y nuestras palabras en nuestro entorno?”. Esta es la pregunta que con frecuencia realiza la psicóloga y pedagoga Cinta Alegret Colomé a los padres. Una cuestión importantísima, porque es imposible no comunicar. “Comunicamos -insiste Cinta- incluso cuando estamos quietos y callados. El poder de un silencio, de una sonrisa o de una mirada nos dice que la comunicación es mucho más que palabras”. Así, pues, la clave no está en lo que decimos, sino en cómo lo decimos. “¡Ahí está la diferencia! - exclama Alegret-. Entrenar nuestras habilidades comunicativas facilitará, y mucho, la relación con nuestros hijos”. Pero… ¿por qué es tan importante una buena comunicación?; y sobre todo: ¿cómo podemos mejorarla? Cinta Alegret nos lo explica: Creamos credibilidad. Gracias a la comunicación creamos credibilidad, tendemos puentes hacia la otra persona y potenciamos nuestra capacidad de influencia. No se puede conducir a alguien por un puente si antes no se ha construido. Una escucha activa. Es muy importante practicar lo que se denomina: 'escucha activa'. Es decir, saber escuchar poniéndonos en el lugar del otro, con los cinco sentidos abiertos y olvidándonos de nuestro propio diálogo interno -juicios, prejuicios, comparaciones...-. Sin duda, esta es la base de la empatía. Buena sintonía. Tenemos que sintonizar con los sentimientos de nuestros hijos y con lo que nos quieren decir y expresar. Esta sintonía tiene como punto de partida la armonía y el acuerdo. Es el contexto total que rodea al mensaje verbal y nos lleva a mimetizarnos el uno con el otro. Observar, siempre observar. Conviene observar siempre las expresiones de nuestros hijos, el tono de voz, los gestos corporales... Todos estos datos nos ayudarán a calibrar y a analizar a nuestros hijos. Mostrar interés. Debemos mostrar siempre un verdadero interés por lo que nos transmiten: sus ideas, sentimientos, experiencias… Los mayores enemigos de la comunicación son, sin duda, la prisa, el ensimismamiento y el no saber diferenciar lo importante de lo urgente. Un lenguaje positivo. Lo mejor es utilizar siempre términos y expresiones formulados en positivo. El lenguaje positivo orienta hacia la acción, el negativo bloquea. No debemos juzgar con nuestras expresiones ni comparar a nuestros hijos con nadie. Los juicios son una proyección de nuestra manera de ver el mundo. Las comparaciones no ayudan a descubrir el potencial único de la persona. Mensajes cortos y claros. Hay que emplear pocas palabras y claras; así, el mensaje se transmite con mayor claridad. El lenguaje debe ser comprensivo y esperanzador para despertar en el que escucha oportunidades de expansión personal. No presiones, pregunta. Cuando mantenemos una conversación con los hijos jamás debemos presionar. Si lo hacemos, conseguiremos el efecto contrario al esperado y no se creará un ambiente de confianza. Es importante formular preguntas para clarificar significados y captar el contenido con la máxima exactitud. Si generamos espacios para la reflexión, les estaremos demostrando nuestro respeto. Confianza y cariño. Es necesario crear un ambiente de confianza, que favorezca la apertura de la otra persona en el proceso de comunicación. Para lograrlo, utilizaremos un tono de voz adecuado, basado en el cariño. Una expresión relajada. Mirarles a los ojos directamente y adoptar una expresión facial relajada y de apertura de cuerpo y brazos, siempre ayuda. Y otro consejo: observar muy bien el aspecto externo de nuestro interlocutor porque suele reflejar una actitud interna y nos ayudará a descubrirla. Practica y recuerda. Cualquier momento es bueno para poner en práctica todos estos consejos que hemos comentado sobre comunicación verbal y no verbal. Pero conviene recordar siempre que el buen comunicador es aquel que habla poco, escucha y observa mucho, y da más.

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