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Sociedad

Tercer Milenio

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¿Tomar zumo de naranja previene los catarros?

El desmitificador se pregunta en esta ocasión si la vitamina C previene o cura los catarros. Y aun más: si sus efectos desaparecen cuando tardamos en tomarnos el zumo de naranja. Cientos de estudios han abordado el efecto del ácido ascórbico sobre la salud.

Los pacientes del ensayo recibieron tres infusiones de vitamina C a la semana durante dos meses.
¿De verdad es buena la vitamina C para prevenir o curar los catarros?
Lisa Risager

El mito

Llega el invierno, el cierzo sopla con fuerza y, a este paso, no tardaremos en pillar el primer resfriado de la temporada. Pero bueno, hoy en día es fácil ir al súper y conseguir naranjas. Nos hacemos un zumico de buena mañana durante un par de días y listo. Adiós catarro. No hay bicho que pueda resistir la acometida del ácido ascórbico, más conocido por su apodo, vitamina C. Pero, ¿es buena la vitamina C para prevenir o curar los catarros? Y lo que realmente preocupa al común de los mortales: ¿de verdad se evapora si nos olvidamos el zumo en la mesa?Verdadero o falso

En primer lugar, lo de beberse el zumo rápido no tiene ni pies ni cabeza. La vitamina C es un producto muy hidrofílico, muy amante del agua. Disuelta en el zumo, está más contenta que unas castañuelas. Es cierto que, al cabo de largos periodos de tiempo en contacto con el aire, la vitamina C del zumo puede oxidarse. Pero no hay que preocuparse, esta reacción puede tardar más de 12 horas. Además, nuestro cuerpo no distingue la vitamina C oxidada de la normal, salvo porque la nota un poquito más amarga, tal y como explica el nutricionista Julio Basulto. El chef Alberto Chicote abordó este tema no hace mucho en su programa 'Mitos de los alimentos'.

Pero vamos al asunto con más miga: ¿el ácido ascórbico previene los catarros? Este mito es tan, tan común que algunas guías médicas aún afirman que la vitamina C acorta los resfriados. El uso de la vitamina C contra los resfriados fue popularizado en los setenta por el químico y dos veces premio Nobel Linus Pauling. Él defendía que tomar altas dosis de vitamina C ayudaba no solo a prevenir los catarros, sino también todo tipo de enfermedades. Estaba tan convencido que él mismo tomaba varios gramos de vitamina C al día.

No obstante, los científicos han realizado desde entonces cientos de estudios y ninguno ha demostrado las afirmaciones de Pauling. Es más, dosis muy altas pueden ser tóxicas y provocar náuseas y diarreas. Lo único que previene la vitamina C es el escorbuto, y con la que tomamos en frutas y verduras hoy en día ya es más que suficiente. En la biblioteca Cochrane, donde los médicos almacenan miles de estudios clínicos controlados, hay varios artículos sobre el tema y todos coinciden: la vitamina C no previene los catarros. A veces los acorta un poquito, pero las pruebas científicas no son concluyentes. Sí se ha demostrado que ayuda a quienes realizan actividades deportivas intensas, aunque no está claro por qué.

Si pese a todo decides tomar vitamina C cuando estés pachucho, ten en cuenta que las naranjas no son las frutas con más cantidad de este nutriente. Los kiwis tienen mucha más. Y los pimientos rojos baten récords con casi cuatro veces más, así que igual mejor tomarte un buen plato de fritada.

Fernando Gomollón-Bel Químico y divulgador científico. @gomobel

De propina
La falta de vitamina C provoca una enfermedad llamada escorbuto. Los síntomas incluyen debilidad, cansancio, dolor muscular y, en casos muy extremos, pérdida de dientes. Aunque los egipcios ya la habían documentado hace más de tres mil años, se hizo especialmente popular en la época de los conquistadores y los largos viajes en barco. Entonces no había neveras, y era complicado transportar fruta y mantenerla en buenas condiciones. Al cabo de los meses, la mayor parte de los marineros acababan cayendo enfermos. Fijaos bien en las películas: veréis pocos piratas con sonrisas profident.

Esto, lógicamente, preocupaba mucho a los marinos. Vasco de Gama perdió a 116 miembros de su tripulación (de 170) por culpa del escorbuto, y en la expedición de Magallanes sobrevivieron solo 22 de 230. Algunos historiadores apuntan a más de dos millones de marineros muertos por escorbuto entre comienzos del siglo XVI y finales del XVIII. La búsqueda de un remedio llevó al médico escocés James Lind a realizar lo que hoy se considera uno de los primeros estudios clínicos controlados. En 1747, Lind seleccionó a varios marinos enfermos tras varios meses de viaje y los dividió en grupos que alimentó de manera similar pero aportando un suplemento diferente: sidra, salsa picante, limones y naranjas… Observó que quienes tomaron fruta mejoraron notablemente, pero sus resultados, publicados en el libro ‘Tratamiento del escorbuto’, pasaron desapercibidos. En 1794, el almirante inglés Alan Gardner llevó en su viaje sin paradas a la India barriles de zumo de limón. Al llegar, vio que muy pocos habían enfermado de escorbuto y recomendó a la Marina que incluyera cítricos y zumos de fruta en los menús.

Para saber más
La vitamina C es la punta del iceberg. Basta con ver la tele diez minutos para oír los nombres de cientos de suplementos que, supuestamente, son imprescindibles si queremos tener una vida sana: omega tres, lactobacillus, triptófano, ginseng. Pero, ¿funcionan? ¿O, como la vitamina C, son solo mitos? Nadie mejor para explicarlo que José Manuel López Nicolás (@ScientiaJMLN), reconocido divulgador científico y experto en desmontar los grandes engaños de los anuncios de comida, cosméticos y parafarmacia. La recomendación del desmitificador de este mes es ‘Vamos a comprar mentiras’ (editorial Cálamo, 21,90€, ISBN 978-84-9693-295-1). Un libro que no pretende que dejemos de comprar yogures con bífidus, sino poner en nuestra mano toda la información posible para que, al ir al súper, sepamos escoger sin caer en las zarpas de lo que Jose llama «márquetin pseudocientífico». Un libro estupendo para poder rebatir a tu cuñado durante las siempre divertidas cenas navideñas. 'El falso mito de la vitamina C para el catarro', por Isabel F. Lantigua.

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