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Sociedad

Un timador vende la torre de la iglesia a los propios vecinos del pueblo

Como quien vende hielo en el Ártico, un húngaro cobró a los habitantes de una aldea sus propios bienes. Lo publicó Heraldo el 15 de julio de 1962.

Este "timo sensacional" lo publicó Heraldo el 15 de julio de 1962.
Este "timo sensacional" lo publicó Heraldo el 15 de julio de 1962.

Hay gente capaz de vender hielo en el Ártico, de convencer a sus clientes de la calidad superior de su material: eso es talento comercial. Otra cosa es cobrar a los habitantes de un pueblo por sus propios bienes, como hizo el timador húngaro Antal Vörös hace ahora 54 años en la aldea de Kunmadaras. Se hizo pasar por el arquitecto en plenas reformas de la torre de la iglesia local, y aprovechó para revender por partes la estructura metálica de la misma. El engaño se descubrió al aparecer el verdadero arquitecto, y Vörös fue detenido. Como quien vende hielo en el Ártico, un húngaro cobró a los habitantes de una aldea sus propios bienes. Heraldo de Aragón se hizo eco de ello el 15 de julio de 1962.

Documentación

Un húngaro avispado vende la torre de la iglesia a los propios vecinos del pueblo

?VIENA (Agencia Fiel). Se han visto timadores que vendían pozos de petróleo inexistentes, mientras otros vendían títulos de nobleza imaginarios.

Un hábil timador húngaro llamado Antal Vörös, acaba de batir el récord. Ha vendido la torre de la iglesia de la aldea da Kunmadaras con todas las formalidades, firmando contratos y -lo que le interesaba más- cobrando por todas partes anticipos sustanciales. Además ha vendido el campanario a los mismísimos habitantes del pueblo.

?Vörös, que ha tenido muchas cuentas con la justicia precedentemente y cuyo principio es que una buena idea rinde más que seis meses de trabajo, observó un día, al pasar por Kunmadaras, que unos obreros procedentes de Budapest estaban desmontando toda la estructura metálica de la torre de la iglesia.

Se trataba de simples obras de reparación, pero, por misteriosas razones de la burocracia, comunista, nadie había sido avisado en el Ayuntamiento.

?Vörös, escogiendo un fin de semana cuando las obras se habían interrumpido y los obreros estaban ausentes, volvió a Kunmadaras, donde, como por todas partes en Hungría, ciertos materiales, particularmente las vigas de hierro, faltan de manera alarmante.

"Soy –declaró- el arquitecto que dirige las obras de demolición de la torre. Si hay algo de esos materiales que les interese, es el momento de que se inscriban. Sí no, todo será enviado a 50 kilómetros de aquí para construir una fábrica".

En un abrir y cerrar de ojos el “señor arquitecto” fue rodeado por dirigentes de cooperativas y otros peces gordos del municipio. Todos querían comprar barras de hierro, ladrillos, puertas y ventanas. A nadie se le ocurrió un solo momento dudar de la identificación del “arquitecto” y pedirle sus documentos.

Nuestro hombre sacó un libro de notas de su bolsillo y tomó acta de los encargos, haciendo pagar la mitad, las tres cuartas partes, y a veces la totalidad de los precios.

Cuando dos días después los campesinos se presentaron para hacerse cargo de sus mercancías, el verdadero arquitecto creyó que se trataba de una broma. Después de examinar los “contratos” y los “recibos” se presentaron denuncias contra Vörös, el cual fue rápidamente detenido.

J. Kallos

(Noticia de Hemeroteca recopilada por Elena de la Riva y Mapi Rodríguez. Documentación de Heraldo de Aragón)

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