Sociedad

​¿Quién tiene la culpa si un coche autónomo provoca un accidente?

El auge de los vehículos sin conductor abre retos morales y jurídicos sobre qué hacer en situaciones límite o sobre quién debe asumir la responsabilidad.

El coche autónomo de Google.

La tecnología para hacerlos posibles ha avanzado tanto en apenas una década que los coches autónomos, capaces de conducirse solos por calles, carreteras y autopistas, podrían llegar al mercado en pocos años.

En algunos países como Estados Unidos, donde automóviles experimentales sin conductor ya han recorrido millones de kilómetros, empiezan incluso a legislar su incorporación al tráfico rodado.

Prometen más comodidad, menos contaminación y, sobre todo, más seguridad. Se calcula que el 90% de los accidentes se deben a fallos humanos. Sin embargo, todavía nadie tiene claro si tendrían éxito; si la gente realmente querrá comprarlos. No tanto por la afición al volante de muchos ciudadanos, sino por los dilemas morales que traen consigo.

Por ejemplo, si con ellos se quiere reducir al máximo las muertes en carretera, hay que programarlos para que, en situaciones límite, maten a sus propios ocupantes.

En el mundo, mueren cada año un millón de personas por accidentes de tráfico. Si todos los coches fuesen autónomos se calcula que estas podrían reducirse a menos de 10.000. Especialmente si estos se programan con lo que los filósofos denominan una 'moral utilitaria', es decir, si buscan reducir al máximo el número de víctimas.

Por ejemplo, dando un volantazo y estrellándose contra un muro -matando a sus dos ocupantes- por evitar atropellar a tres personas. Desde una perspectiva general, puede parecer lo más recomendable, pero plantean dilemas morales y legales de gran calado.

El jueves, la revista Science publicó los resultados de varias encuestas dirigidas a determinar qué opina la gente sobre cómo deberían actuar los coches sin conductor. Y las conclusiones ponen en cuestión incluso su viabilidad comercial.

"Nuestro primer hallazgo fue que existe un gran consenso moral sobre cómo deben comportarse estos coches", aseguró John Bonifan, coautor del trabajo, durante una conferencia telefónica con la prensa.

"La mayoría creen que el coche debería sacrificar a sus propios pasajeros por el bien mayor. Esta respuesta aparece incluso cuando les pedimos que se imaginen a sí mismos, o a sí mismos con sus hijos, dentro del vehículo".

Sin embargo, estos números se desinflan cuando a los encuestados se les preguntó si querrían tener un automóvil programado así. "La gente no quiere un coche de moral utilitaria. Les parece genial que otros los tengan, pero no ellos", recalcó el científico. Para sí mismos, la gente prefiere un coche que dé prioridad a proteger a los ocupantes.

Moral utilitaria

Esta situación pone al futuro del coche autónomo en un doble dilema de difícil solución. Si todos los coches dan prioridad a proteger a sus ocupantes, el número de fallecidos por accidentes de tráfico sería mucho mayor. Y si los gobiernos legislan para obligar a que tengan una moral utilitaria, puede que nadie se anime a comprarlos y por tanto se pierda por completo su efecto de reducción de víctimas.

"Estos vehículos podrían revolucionar el transporte y evitar casi un millón de muertes al año, pero tenemos que identificar los retos sociales y psicológicos que plantean", recalcó Azim Shariff, responsable del laboratorio de Cultura y Moral de la Universidad de Irvine (EE. UU.) y coautor de la investigación.

Los coches autónomos abren, además, un dilema legal sobre la responsabilidad en caso de accidente. ¿Quién tiene la culpa de un siniestro cuando lo provoca un vehículo sin conductor? ¿El dueño? ¿El fabricante del automóvil? ¿El programador del algoritmo de toma de decisiones en carretera? Nadie lo tiene muy claro todavía, aunque la situación, poco a poco, se mueve.

A raíz de las pruebas con su propio prototipo, Google solicitó a la Administración Federal de Transportes (FTA, la agencia de gobierno estadounidense responsable de decidir sobre estos asuntos) una aclaración sobre a quién se refieren con 'el conductor' en la legislación en vigor. En su respuesta, aunque no entraron al fondo del asunto, reconocieron que "el conductor es aquello, en contraposición a aquel, que está encargándose de conducir".

Si acaban por imponerse y adoptan una moral utilitaria, se cree que las grandes perjudicada serían las empresas de seguros.

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