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La espléndida madame Bettencourt

El escándalo en torno a la herencia de L’oréal, el imperio de la cosmética, es sintomático de la corrupción entre las elites galas. Un tribunal de burdeos juzgará el caso a partir de 2015

Bettencourt tiene una fortuna de 26.151 millones de euros.
La espléndida madame Bettencourt
Ch. p./reuters

Un exministro, un par de notarios, varios hombres de negocios y abogados, el amigo interesado y su compañero sentimental, el gestor de la fortuna y hasta el enfermero. La nómina de acusados en el caso Bettencourt es un compendio de la corrupción política y financiera en las castas dirigentes de Francia. El escándalo en torno a la heredera de L’Oréal, el mayor grupo de cosméticos en el mundo, ha descorrido el maquillaje sobre las amistades peligrosas entre poder y dinero en el paraíso del disimulo, las apariencias y los arreglos. En el juicio que se celebrará a comienzos de 2015 en Burdeos no faltarán los testimonios del mayordomo espía, la contable parlanchina y la fisgona ama de llaves. Pero brillará por su ausencia Nicolas Sarkozy, beneficiado por un sobreseimiento.

La mascarilla se resquebrajó a finales de 2007 cuando Françoise Meyers-Bettencourt se querelló contra el fotógrafo François Marie Banier por aprovecharse de la vulnerabilidad de su madre. Recién enviudada, Liliane Bettencourt tenía entonces 85 años y había nombrado heredero universal a aquel artista vividor que tanto la divertía con los relatos de sus andanzas con Aragon, Dalí o Beckett o de los retratos a Isabelle Adjani, Sophie Marceau, Carolina de Mónaco, Ray Charles o Johnny Depp.

Fue el colofón a una serie de donativos y regalos evaluados en cerca de mil millones de euros entre seguros de vida, cheques y cuadros de Matisse, Picasso o Léger, sin olvidar la isla de Arros, perteneciente al archipiélago de las Seychelles y adquirida en 1995 por 18 millones de dólares con fondos no declarados en Suiza.

-La isla ¿dónde está?, ¿cómo se llama?

-D’Arros.

-¿Carlos?

-D’Arros.

El diálogo entre la vieja ricachona y su administrador, Patrice de Maistre, forma parte de las conversaciones grabadas a escondidas por el mayordomo. Pascal Bonnefoy, 14 años de leales servicios a los Bettencourt, decidió camuflar una grabadora encendida en el despacho durante las reuniones importantes harto de comprobar cómo gente sin escrúpulos abusaba de madame. Luego dio a la hija las 21 horas recopiladas entre 2009 y 2010 para que demostrara al juez que su madre chocheaba y no solo estaba sorda como una tapia. Además de retratar a una anciana influenciable y con numerosas pérdidas de memoria, las bandas sonoras delatan entre tintineos de cucharillas el desfile incesante de cortesanos más preocupados por sus millones que por su salud que acudían a media tarde al té con pasta, mucha pasta.

Las escuchas piratas reflejan un fraude fiscal evaluado en 108 millones de euros en cuentas secretas en el extranjero, los 140 millones que le sonsacó el productor televisivo reconvertido en los juegos en línea Stéphane Courbit, los cuatro millones que repatrió de Suiza entre 2007 y 2009 De Maistre o el millón y pico que consiguió el propio gestor de la fortuna para comprarse el yate de sus sueños. La publicación de extractos de las grabaciones clandestinas por el diario digital ‘Mediapart’ y el semanario ‘Le Point’ en junio de 2010 provocó el estallido de un fenomenal escándalo con ramificaciones en el mundillo político.

La lectura de las agendas de Liliane Bettencourt correspondientes a los años 2007 a 2010, confiscadas por la Justicia, revela las numerosas personalidades políticas asiduas invitadas de la espléndida dama. Jacques Chirac y su esposa, Bernadette, visitaban a menudo tras abandonar el Elíseo a la heredera de L’Oréal, convertida en el primer donante privado de la fundación dirigida por el expresidente francés. La mujer del ministro

El exjefe del Gobierno, Edouard Balladur, y los exministros Luc Chatel, Simone Veil, Renaud Donnedieu de Vabres y Hubert Védrine también figuran en una lista en la que destaca la frecuente presencia de Eric Woert, tesorero de la campaña electoral de Sarkozy en 2007. Tuvo que dejar la cartera del Presupuesto en noviembre de 2010 por la sospechas de haberse ido de la mansión en enero de 2007 con 50.000 euros entregados por De Maistre, a quien había condecorado en 2008 con la Legión de Honor. En las cintas se oye al chambelán explicar a la venerable señora la buena idea que había tenido de contratar en el seno del ‘holding’ a la mujer del ministro que "se ocupa de sus impuestos".

El escándalo no ha perjudicado a la ya nonagenaria multimillonaria, que ha visto crecer su fortuna en 3.411 millones de euros, hasta 26.151, en el último año según los cálculos de ‘Forbes’. La detentora desde la muerte de su padre en 1957 del 30,8% del capital de L’Oréal ya no es la mujer más rica del mundo, rango que ha cedido a Christy Walton, viuda del heredero de los almacenes Wal-Mart. Pero es el símbolo involuntario de la corrupción en las elites francesas que el Tribunal de Apelación de Burdeos va a juzgar a partir del 26 de enero durante cinco semanas en un esperado proceso.

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