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Sociedad

De niño a mujer

El modelo Andrej Pejic, cuya androginia le llevó a triunfar en la pasarelafemenina, finalmente abandona la ambigüedad y se convierte en Andreja

Momentos antes de desfilar en pasarela
De niño a mujer

Al contrario de la famosa y melosa canción compuesta por Julio Iglesias para su hija Chabeli, hoy no hace falta haber sido niña para convertirse en mujer. A Andrej Pejic, ahora transformado en Andreja, le ha bastado con ser niño. Mucho antes de meterse el mundo de la moda en el bolsillo como el primer modelo masculino capaz de resultar creíble (y muy cotizado) como ‘top model’ femenina, Andrej fue un crío que solo quería jugar con muñecas mientras a su alrededor caían las bombas. Bosnio de madre serbia y padre croata, Pejic lleva la mezcla de lo incompatible en la masa de la sangre; un cóctel de ingredientes opuestos no solo en su compleja nacionalidad (ha vivido exiliado en Australia), sino sobre todo en su complejísima identidad sexual. Lo primero le ha acarreado mucho sufrimiento, lo segundo le valió el éxito fulgurante en una profesión donde la ambigüedad se idolatra. A sus 22 años, podría haber seguido exprimiendo esa rentable androginia que le permitía desfilar en esmoquin masculino y ser al mismo tiempo modelo de una marca de sujetador. Pero su viaje hacia lo femenino acaba de concluir. Pejic ha anunciado hace unos días que ya no se llama Andrej sino Andreja. Lo ha tenido fácil para feminizar su nombre. Si llega a llamarse Manolo tal vez se hubiera tenido que poner Bibí. 

Entrevisté a Pejic en el hotel Arts de Barcelona cuando todavía era Andrej y a pesar de ello estaba a punto de desfilar vestido de novia para la firma de Rosa Clará, igual que lo había hecho antes para Gaultier. Me pareció frágil y amanerado, rotundo e inteligente. Su larga melena rubia platino, sus labios sonrosados y carnosos y su lánguida mirada contrastaban con un cuerpo masculino de torso como una tabla de planchar y sin caderas. Un chico muy alto, de 1,88 de estatura, que por detrás jamás habría parecido una chica, salvo por el pelo; una especie de Falete (uñas pintadas y rostro maquillado) pero en versión escuálida y nórdica. ¿No desea cambiarse de sexo?, le pregunté. «No siento la necesidad de tomar hormonas ni de operarme», dijo.

El todavía Andrej confesaba que algún día le gustaría casarse vestido de novia, «con un hombre o con una mujer, no pongo límites» y admitía que su éxito en la pasarela femenina se debía a que «doy ese ‘look’ de niña todavía poco desarrollada, de una belleza inocente». Para él, «vivimos en una sociedad enferma, porque la obsesión por los famosos no es en absoluto sana». Y cuando le hacías ver que él se lucra de esa anomalía respondía: «Tengo que ganarme la vida, hay que sobrevivir». Tan bien ha sobrevivido que siendo hombre llegó a figurar en la lista de las 100 mujeres más sexys del mundo. 

La trastienda de su vida sin embargo no ha sido tan divertida. Tenía 4 años cuando conoció a su padre, un hombre al que define como «muy balcánico y conservador». Nacido en mitad de una guerra civil «que separó a mis padres», aquel niño ahora convertido en mujer vivió con terror el bombardeo de la OTAN en Belgrado. «Yo he visto -recuerda con amargura- lo que los nacionalismos pueden hacer con la gente. Pueden romper en pedazos un país. Los detesto». En tono más informal, al todavía Andrej le gustaba contar divertido cómo entraba al baño de señoras, «porque si voy al de hombres me echan». Su ambición para el futuro, según decía, era «estudiar Derecho como mi madre, que es abogada». Pero antes deseaba «ser actor o quizás actriz». Va a ser lo segundo. Andreja ya tiene un papel en la versión de ‘La Sirenita’ dirigida por Sofia Coppola.

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