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Sociedad
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Tercer Milenio

Primer hígado sin células, el futuro comienza ya

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Carlos Sáez Guillén y Pilar Martín Duque muestran un vaso de precipitado con un hígado de rata descelularizado
bioartificial
CARLOS MUñOZ

‘LAVADO’ DE HÍGADO
Se coge el hígado de una rata. Se le cosen los poros y se fija en un biorreactor. Es una cámara fría que bombea con frecuencia programable una solución de jabones que baña el hígado por fuera y por dentro. Dicha solución va expulsando las células del hígado, hasta que este queda vacío, descelularizado, pero con los vasos sanguíneos intactos. Queda solo, al cabo de una semana, una matriz proteica.

 

Y ¿para qué se hace esto? Pues para perfeccionar una técnica que, en el futuro, podría salvar vidas humanas. «El fin último es recelularizar un hígado donado, llenarlo de células de la persona a la que se le quiere trasplantar», explica la investigadora Pilar Martín Duque, una de las primeras en conseguir en España un hígado descelularizado. Se trataría, por tanto, de sustituir un órgano dañado por otro restituido con células del propio paciente, «para evitar rechazos».

Son los primeros pasos para la creación de órganos bioartificiales, aunque Martín Duque, contratada por la Agencia Aragonesa para la Investigación y el Desarrollo (Araid), insiste en que estos experimentos son «muy preliminares» y que «aún queda mucho camino por recorrer». La ‘cuenta atrás’, no obstante, ya ha comenzado y lo ha hecho en los laboratorios del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, donde la doctora Pilar Martín y el ingeniero Carlos Sáez han obtenido estos primeros hígados descelularizados.

En una sala a cuatro grados de temperatura nos muestran el biorreactor donde un hígado de rata está siendo ‘lavado’. Al lado, en vasos de precipitado, tienen otros ya sin células; bajo la luz del microscopio parecen pequeños jirones de tela blanca, algo transparentes y surcados por miles de hebras más oscuras, que son los vasos sanguíneos. «En un año hemos descelularizado unos treinta, los diez últimos en perfectas condiciones –indica el ingeniero–. Lo que hacemos es estudiar qué jabones son mejores para este proceso y en qué concentración».

Después habría que recelularizar esos órganos. Para ello hace falta otro biorreactor que está aún en fase de diseño. «Habría que esterilizar el hígado descelularizado, meterlo en ese nuevo biorreactor incubadora e inyectarle las células previamente extraídas del paciente –explica esta doctora experta en biotecnología–. En pocos días tendríamos un hígado que debería ser trasplantable».

Para planificar los futuros trasplantes, Pilar Martín recibirá en unos días a un grupo de cirujanos. Para ella, «lo bonito de esta investigación es que el equipo ha de ser multidisciplinar». Antes de ser contratada por Araid, esta joven madrileña tuvo otro contrato Ramón y Cajal en la Universidad Francisco Vitoria de Madrid y fue después a aprender descelularización y recelularización de órganos a la Wake Forest University de Carolina del Norte (EE. UU.).

Pilar Martín está formando su equipo, al que acaba de unirse Rebeca Guerrero. Ella insiste en que esta investigación está aún en fase preclínica. Quizá en diez años se hagan realidad los sueños de estos científicos.

UN NUEVO BIORREACTOR PARA RECELULARIZAR

La investigadora Pilar Martín está trabajando con la empresa Ebers Medical Technology en el diseño de un nuevo biorreactor que sirva para recelularizar los órganos. «Cada vez hay más grupos interesados en estas técnicas y, de momento, no hay en el mercado biorreactores que permitan la recelularización», explica la doctora.

El director de Ebers, Pedro Moreo, precisa que «el objetivo es automatizar los procesos de sembrado sobre matrices descelularizadas, así como la posterior fase de cultivo». Los actuales ensayos de estos procesos se realizan de manera muy artesanal, con un operario que, cada pocas horas durante un día entero, tiene que inyectar células en la matriz.

Así que esta empresa, surgida e instalada en la capital aragonesa, diseñará el biorreactor que permitirá recelularizar órganos descelularizados. «Queremos que sea lo suficientemente versátil como para poder ser empleado con distintos tipos de órganos», apunta Moreo.

El nuevo biorreactor deberá cumplir unos requisitos: «Que en todo momento aloje el cultivo en una cámara cerrada y estéril y que permita controlar, programar y monitorizar condiciones de temperatura, de flujo, de emisiones de gases...».

Ebers es una spin-off de la Universidad de Zaragoza, que nació del Grupo de Estructuras y Modelado de Materiales que dirige Manuel Doblaré, desde su trabajo en medicina regenerativa e ingeniería tisular.

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