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Tercer Milenio

Iván Vilaplana: «Queremos que la ciencia forme parte de la vida a través de la moda»

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Iván Vilaplana y Miguel Ángel Delgado, con su camiseta dedicada al Big Bang
big bang ciencia
CARLOS MUñOZ

Junto a Miguel Ángel Delgado y Ricardo Muñoz, Iván Vilaplana montó hace año y medio la empresa Big Bang Ciencia, en Alicante. Su proyecto plantea divulgar la ciencia utilizando como soporte la ropa que viste la gente. La ciencia necesita, en su opinión, un cambio de imagen que aleje a quienes trabajan en ella del estereotipo de ‘frikis’. El cero absoluto, los neutrones o las hormonas sexuales ilustran sus prendas. Sus divertidos diseños serán el premio de los ganadores del concurso ‘Enigmas moleculares’ que Tercer Milenio pone hoy en marcha.

De una caja que exhibe un símbolo radiactivo sale un sonido encerrado en un bocadillo: «Miaow». Dentro se esconde el gato de Schrödinger, famoso en el ámbito de la física cuántica y que ahora protagoniza, tan discreto él como siempre, una de las camisetas de Big Bang Ciencia. Lo descubrimos leyendo el breve texto que, en la parte trasera de la prenda, completa el mensaje divulgativo iniciado por el motivo gráfico de la delantera. Hay que verla.

PREGUNTA ¿Por qué ciencia en la ropa?

RESPUESTA Intentamos buscar nuevas estrategias de comunicación y nuevos soportes para la divulgación de la ciencia. Nuestra intención es que la ciencia forme parte de la vida de las personas y se nos ocurrió hacerlo a través de la moda. De ahí que en nuestro eslógan digamos: «Viste ciencia». Para dar una vuelta de tuerca más, nosotros mismos usamos el lenguaje científico en la empresa: llamamos ‘Galaxia’ a nuestro catálogo, ‘Mi universo’ al carro de la compra ‘on-line’, ‘Supernova’ a la novedad de cada momento...

P. ¿Cómo nace uno de vuestros diseños?

R. El proceso es bastante laborioso. Tratamos de trabajar de manera sencilla, unicelular, y llegar a la extrema simplicidad que supone ser unicelular es complicado. El esquema de una camiseta Big Bang es siempre el mismo. En la parte de delante, un dibujo reconocible por todo el mundo y que refleja una idea o un concepto científico y que va asociado a una palabra completa o en lenguaje SMS. Cuesta dar con estos motivos porque tienen que ser diseños universales, como lo es la ciencia, y reconocibles. Por ejemplo, una cremallera representa las dos hebras antiparalelas de la cadena de ADN y el tirador hace las funciones de la enzima helicasa.

P. El texto de la parte de detrás es lo más divulgativo.

R. La explicación que se relaciona con cada motivo lo aclara de forma que todo el mundo lo entienda pero es, en el fondo, una invitación a que la gente indague por su cuenta si quiere saber más. Aparece siempre en dos idiomas, uno de ellos el inglés, idioma de referencia en la ciencia. Empezamos con inglés-castellano, pero ya están en inglés-catalán y en breve estarán en gallego y euskera. Y ya trabajamos en la adaptación al alemán.

P. ¿Necesita un cambio de imagen la ciencia?

R. Sin duda; iba a decir absoluto, pero sería injusto porque ya se hacen cosas para abrirse a la sociedad. Aún persiste cierto ambiente de rata de laboratorio o erudito de la ciencia. Para llevar una camiseta de ciencia no hace falta que salga la tabla periódica.

 

P. Pero vuestra idea no es llegar solo a gente vinculada a este mundo.

R. No, nos dirigimos a todo tipo de público. La idea es, literalmente, sacar la ciencia a la calle, aunque estas prendas llaman mucho la atención entre estudiantes universitarios y de secundaria y personal docente. También son un vector interesante en docencia, porque es una forma sencilla que llega muy bien al alumnado. La que más gusta es una dedicada al estradiol, principal hormona sexual de las hembras, que las chicas se ponen para salir.

P. ¿Se pueden desterrar las batas blancas del laboratorio?

R. El otro día, una profesora de biología que tiene una de nuestras batas rosas nos mandaba un comentario en Facebook diciendo: «Voy divina de la muerte cuando entro al laboratorio». Somos muy coloristas; también tenemos en catálogo batas verdes y amarillas, que la gente se va atreviendo a llevar, y una blanca –dedicada al neutrón– para quienes no quieren romper tanto los esquemas.

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