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Sociedad
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Tercer Milenio

Caza el gazapo cinematográfico

¿Cuánto sabes sobre Einstein? ¿Y cuánto sabe el guionista de 'La máquina del tiempo'? Pon a prueba tus conocimientos ?y los suyos- sobre el genial físico descubriendo el gazapo que se agazapa en este diálogo extraído de esta película en la que el científico e inventor Alexander Hartdegen está decidido a demostrar que es posible viajar al pasado y al futuro. Tras inventar una máquina del tiempo, es proyectado 800.000 años hacia el futuro?

LA FICHA

Título: ‘La máquina del tiempo’ (‘The time machine’)

Año: 2002

Director: Simon Wells

Guión: John Logan

Reparto: Guy Pearce (Alexander Hartdegen); Jeremy Irons (Uber-Morlock); Mark Addy (Mr. Filby)

EL DIÁLOGO

Enero de 1899.

El profesor Hartdegen, acompañado por su colega Mr. Filby, llega a su residencia, donde su ama de llaves le informa de las novedades del día:

-¡Ah!, ha recibido otra carta de ese hombre tan fastidioso –recordó el ama de llaves entregándole el sobre.

-¿Por qué pierdes el tiempo con ese chiflado? –le preguntó Filby.

-Tiene algunas ideas muy interesantes –respondió Hartdegen.

-Un profesor de la Universidad de Columbia no debería cartearse con un contable alemán loco –insistió su amigo.

-Es un empleado de patentes, no un contable. Además, el señor Einstein se merece todo mi respeto.

EL GAZAPO

Estimado profesor Hartdegen / Sr. Guionista:

Convengo con usted en que el señor Einstein se merece todo nuestro respeto. Demostrémoselo pues. Algo que pasa, en primer lugar, por no dar falso testimonio, aunque sea de forma inconsciente, sobre su vida y cerciorarse de que lo que se dice es verídico en lugar de escribir de memoria, para lo cual basta con tener la deferencia de documentarse. De haber procedido de este modo hubiera constatado casi de inmediato que el señor Einstein no entró a trabajar en una oficina de patentes hasta 1902.

Y es que, contrariamente a lo que parece ser una creencia muy extendida entre el gremio de guionistas cinematográficos a juzgar por las veces que la coletilla «empleado de la oficina de patentes» aparece acompañando a la figura de Einstein, este ni nació ni se crió ni tan siquiera comenzó su periplo profesional en la susodicha oficina. Así pues, urge aclarar, de una vez por todas, esta perenne confusión.

Tras graduarse en el verano de 1900 en la ETH, Einstein aspiraba a hacerse con un puesto de ayudante de alguno de los profesores de la escuela, en lo que era el primer paso habitual para desarrollar una carrera académica. Sin embargo, de los cuatro alumnos que habían obtenido el título, él fue el único que no lo consiguió. Durante un tiempo Einstein persistió en su empeño de encontrar un puesto como ayudante y escribió ofreciendo sus servicios a casi cualquier físico que se pusiese a tiro. Como él mismo expresó: «Pronto habré honrado a todos los físicos desde el mar del Norte hasta el extremo sur de Italia con mi oferta». Ninguno ‘agradeció’ tal honor. Y mientras tanto se ganaba los cuartos como profesor particular. Así estuvo hasta que, en abril de 1901, consiguió una sustitución de dos meses como maestro en una escuela técnica superior de Winterthur y, poco después, se convirtió en profesor de Física en un internado en Schaffhausen del que fue despedido cuando, tras convencer a sus alumnos para que se rebelasen contra el rígido plan de estudios, solicitó al director del centro que le diesen plena responsabilidad en la educación de los chicos. También en abril de 1901 había recibido una carta de su excompañero de estudios y amigo Marcel Grossmann en la que le hablaba de la posibilidad de ocupar una plaza, que pronto iba a quedar vacante, en la oficina de patentes suiza de Berna, cuyo director era conocido del padre de Marcel. Por lo que, tras su breve aventura del internado, y con la buena nueva del empleo en la oficina de patentes en perspectiva, Einstein se instaló en Berna y, mientras aguardaba a que se concretase la vacante, volvió a dar clases particulares.

Por fin, el 16 de junio de 1902 fue seleccionado para el puesto de experto técnico de tercera clase en la oficina de patentes por un periodo de pruebas. Puesto que adquiría carácter permanente en septiembre de 1904 tras superar el examen para funcionarios públicos. Un empleo modesto pero que le dejaba suficiente tiempo libre para sus investigaciones físicas.

Atentamente suyo,

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