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Sociedad

Tercer Milenio

Las nubes más artísticas

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Goya utilizó nubes cumuliformes como recurso pictórico, por ejemplo en 'La cometa' (1778)
goya
MUSEO DEL PRADO

Aparte del indudable interés que tienen los cuadros para caracterizar el clima de una época y/o lugar, las nubes y otros elementos atmosféricos que en ellos aparecen permiten un interesante acercamiento a la meteorología. Las nubes de tipo cúmulo, de gran blancura, formas redondeadas y aspecto similar al algodón, son uno de los géneros nubosos que con mayor frecuencia aparece retratado. El hecho de que la primavera y el verano sean las épocas del año en que los pintores suelen pintar más al aire libre, justifica su predominio en los cuadros frente a otras nubes, si bien hay acusadas diferencias entre las distintas escuelas de pintura y los diferentes artistas. En el Museo Nacional del Prado encontramos dos buenos ejemplos de nubes algodonosas en los cuadros ‘La piedad’ (en torno a 1450), de Roger van der Weyden, y ‘Santa Bárbara’ (1438), de Roger Campin. Más cerca en el tiempo, el pintor español Martin Rico, en su cuadro ‘Vista de París desde el Trocadero’ (1883), coloca en los cielos parisinos unos cúmulos de buen tiempo, enmarcados en una panorámica de gran realismo.

Francisco de Goya también pintó nubes cumuliformes en muchos de sus cuadros, usándolas como recurso pictórico. En la mayoría de los cartones que le encargó la Real Fábrica de Tapices, Goya sitúa una gran nube blanca como fondo de la escena que aparece representada en primer término. Dicha nube es un gran cumulonimbo (nube de tormenta) y su presencia en la obra, aparte de dar contraste a los personajes, le facilitaba la tarea, al no tener que pintar los siempre complicados elementos del paisaje. Además, la gran nube blanca no hace perder a las distintas escenas un ápice de su realismo. Estos cartones, que representan momentos alegres del pueblo de Madrid, fueron pintados por Goya entre 1775 y 1792 desde la pradera de San Isidro. Desde aquel lugar, situado a las afueras de Madrid, emerge al norte la sierra de Guadarrama, sobre cuyas laderas de solana crecen con vigor los cúmulos y cumulonimbos en primavera. Tiziano, en ‘La bacanal de los Andrios’ (1523-26), utiliza el mismo recurso que Goya.

EL RETRATISTA DE LAS TORMENTAS

Pero si hay unos cielos sugerentes en los cuadros, esos son los de Joachim Patinir y sus atmósferas de envolvente color azul. Este precursor del paisajismo, que encandiló con sus cuadros a Felipe II, fue un gran retratista de las tormentas. De ello dan fe sus cuadros ‘Tentaciones de San Antonio Abad’ (1520-22) y ‘Paisaje con San Jerónimo’ (hacia 1516-1517). En este último se representa con gran realismo la cortina de precipitación del borde delantero de una tormenta.

Aunque las nubes dominantes en los cuadros son las de tipo cúmulo, encontramos artistas que parecen tener una especial fijación en otros géneros nubosos menos comunes. Tal es el caso de Andrea Mantegna, quien en obras como ‘El tránsito de la Virgen’ (hacia 1462) o ‘La crucifixión’ (1457-60) dibuja unas nubes alargadas de tipo lenticular. También aparecen lenticulares en varios frescos y tablas de Piero della Francesca, como ‘La leyenda de la Vera Cruz’ (1452-66) o ‘El bautismo de Cristo’ (1440-50). Estas nubes tan espectaculares, identificadas no pocas veces con platillos volantes, aparecen únicamente a sotavento de las cordilleras montañosas, como consecuencia de la ondulatoria a la que se ve sometido el aire al incidir a cierta velocidad contra el obstáculo montañoso. Las lenticulares que provocan, a veces, los Alpes en los cielos del norte de Italia son las nubes que retrataron en sus cuadros ese par de pintores italianos.

PARA SABER MÁS:

Observación e identificación de las nubes.

Museo del Prado.

 

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