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Sociedad

Tercer Milenio

Músculos artificiales

Los músculos artificiales de los años noventa se activaban con energía eléctrica; el siguiente paso los ha aproximado más a la propia naturaleza, al lograr hacerlos funcionar con energía química. La nanotecnología está detrás.

Los polímeros electroactivos no ganaron el pulso en los noventa
músculos
JPL/NASA

En los noventa, Yoseph Bar-Cohen, un físico del Jet Propulsion Laboratory, lanzó un reto a los expertos en robótica para desarrollar los denominados polímeros electroactivos (EPAM), materiales que responden a los estímulos eléctricos con cambios en su forma o tamaño, de forma muy similar a los músculos de los animales. En concreto, propuso construir un brazo de robot que utilizara músculos artificiales lo bastante fuertes como para ganar un pulso a un competidor humano. Aunque finalmente fue el hombre el que ganó a la máquina, aquella iniciativa supuso un fuerte impulso para el desarrollo de los llamados músculos artificiales, cuyo potencial se ha multiplicado en los últimos años.

El ejemplo más reciente es la utilidad que ha encontrado a los EPAM Craig Senders, un otorrinolaringólogo de California que ha desarrollado un músculo artificial que se puede implantar en los párpados. Según explica Senders, en el cráneo existe un nervio que se encarga de controlar el pestañeo involuntario y que si se daña, provoca graves problemas que podría solventar este músculo, de momento solo probado en cadáveres y animales. Además, “este mismo mecanismo podría utilizarse para devolver la capacidad de sonreír a los niños que nacen con parálisis facial”, augura el investigador.

Entretanto, científicos de la Universidad de Texas en Dallas han dado un paso más y han conseguido desarrollar músculos artificiales que no se accionan con corriente eléctrica sino con energía química, igual que los músculos naturales. El nuevo material está desarrollado con nanotecnología de modo que, mientras el músculo humano se puede contraer por segundo un máximo del 10%, los músculos de nanotubos de carbono lo hacen un 40.000%. Además, los músculos de nanotubos conservan sus propiedades trabajando a las bajas temperaturas del nitrógeno líquido y a las altísimas temperaturas de fundición del hierro. Y, según publicaban Ray Baughman y sus colegas en la revista ‘Science’, resultan más duros que el acero, más ligeros que el aire y más flexibles que la goma. Incluso son capaces de aplicar una fuerza 30 veces mayor que los músculos convencionales.

Por su parte, ingenieros de la Universidad de Columbia Británica han creado un polímero que reproduce las propiedades de la titina, el compuesto responsable de otorgar la elasticidad a los músculos. Entre sus potenciales aplicaciones está la curación de desgarros y lesiones del tejido muscular.

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