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Sociedad
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Tercer Milenio

La vuelta a las ciencias

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Un diamante simboliza la mineralogía
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EDUARDO MíNGUEZ

Volviendo sobre nuestros pasos, regresamos al punto de partida, ante la puerta del Paraninfo. La inseparable lechuza de Minerva se aleja de ella unos pasos para representar a las ciencias. Cerca, una pila de Volta y un moderno tendido eléctrico, de los que rápidamente se poblaría Zaragoza, simbolizan la electricidad. A su lado, el mítico calórico radiante, caracterizado por un disco solar. Con muchos más siglos a sus espaldas, el célebre teorema de Pitágoras, resuelto gráficamente con los cuadrados apoyados sobre el triángulo, no deja lugar a dudas sobre su relación con las matemáticas.

Del universo de números perfectos de Pitágoras pasamos a la astronomía, representada por el planeta Marte. No es una elección casual. A finales del siglo XIX y principios del XX, las elucubraciones sobre la existencia de canales en el Planeta Rojo se hicieron rápidamente populares gracias al astrónomo Giovanni Schiaparelli y su ‘La vita sul pianeta Marte’. Un error en la traducción del italiano ‘canali’ al inglés ‘canals’ (construcciones artificiales) desató la imaginación de los científicos más soñadores, como Percivall Lowell, que fantaseó con la posibilidad de una civilización marciana capaz de llevar agua de los polos hacia otras regiones.

INSTRUMENTAL, FAUNA Y FLORA

Inmediatamente después, la química imprime su carácter experimental con un sencillo alambique, instrumento de laboratorio de origen árabe. Por proximidad, la física aparece ilustrada mediante un electroscopio, utilizado para medir la carga eléctrica de los objetos. Justo en la esquina con Doctor Cerrada, y bien abrigado del viento, un pterodáctilo -el dinosaurio alado del Jurásico- parece echarse a volar. Perfectamente perceptibles en los extremos, distinguimos los dedos que sostienen sus alas. Aunque el primer fósil se descubrió a finales del siglo XVIII, no fue nombrado hasta 1809 por George Cuvier, famoso por su capacidad deductiva para la paleontología.

Menos amenazadora, una flor de la especie Echeandia terniflora es la elegida para ilustrar la botánica. Se trata de un guiño local a Pedro Echeandía, botánico pamplonés afincado en Zaragoza y autor de ‘Flora Cesaraugustana’. Finalmente, la serie de once medallones relativos a las ciencias se completa con la mineralogía, simbolizada con un espectacular diamante; y con la geología, representada por un volcán en plena erupción. Aquí acaba nuestro recorrido, en el que nos sirvió de guía la obra ‘El edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza. Historia y significado iconográfico’, de Guillermo Fatás.

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