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Sociedad
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Tercer Milenio

El edificio Paraninfo, visto con otros ojos

En plena fiebre mediática por la divulgación científica en el nuevo milenio, los relieves del Paraninfo demuestran precozmente, ya en el siglo XIX, una vocación por ilustrar de forma alegórica el mundo de la medicina y de las ciencias. Son los dos ejes temáticos sobre los que giran los medallones esculpidos a ambos lados del edificio. En unos casos más reconocibles que en otros, conectan con la tradición clásica o son simplemente reflejo de los avances técnicos de la época. Más de cien años después de su inauguración en 1893, el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza se ha convertido en un carismático punto de encuentro que, sin embargo, no conocemos demasiado bien. Es posible que, tras leer este artículo, dejemos de darle la espalda para 'mirarlo' de otra manera. Con ayuda de la tecnología del escaneado por láser, redescubrimos su amplia iconografía científica. ¿Nos acompañas?

1-Un ejército de rayos láser barre digitalmente el edificio
escaneado láser
EDUARDO MíNGUEZ

A las diez de la mañana, el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza aparece prácticamente desierto. Nada que ver con las aglomeraciones de última hora de la tarde, cuando los grupos de estudiantes se agolpan en las escalinatas. La coyuntura no puede ser mejor, teniendo en cuenta que vamos a escanear uno de los edificios con más personalidad de nuestro patrimonio, firmado a finales del siglo XIX por Ricardo Magdalena. Para conseguirlo, contamos con los técnicos de Scanner Patrimonio e Industria, una spin-off de la Universidad de Zaragoza creada en 2006.

Aunque la luz del sol impide verlos, un ejército de rayos láser, con una velocidad de captura de 5.000 puntos por segundo, barre digitalmente el edificio (1). Sin tocar ni un ladrillo, el Paraninfo se transforma en una densa nube de puntos (2). Tal como explica Jorge Angás, director técnico de Scanner Patrimonio e Industria, el secreto está en “la combinación de diferentes tipologías de láser escáner. Por un lado, utilizando una mayor densidad en la nube de puntos de las zonas que requieren más detalle, y por otro, una mayor amplitud en el registro de las más distantes”.

Pero, antes de tomar las medidas a esta inmensa nave de ladrillo, debemos resolver un problema óptico. Del mismo modo que el ojo humano tiene sus limitaciones, el láser abarca una longitud máxima de 300 metros: unas dianas reflectantes situadas estratégicamente son las encargadas de unir todos los puntos para obtener la información espacial del conjunto (3).

Finalizada la toma, el postproceso requiere un tratamiento minucioso. Mientras el software utilizado es relativamente sencillo, la interpretación de los datos es todo un arte. Comienza por “recortar y limpiar elementos superfluos como edificios, personas o vegetación. Con el modelo 3D perfectamente definido, realizamos en las zonas de detalles una triangulación que genera una malla tridimensional (4)”. Es la clave para obtener un completo menú al servicio de la documentación del patrimonio. Según Angás, “podríamos reproducir al milímetro cualquier elemento ornamental, incluso realizar moldes o maquetas. Los resultados obtenidos forman la base de un archivo documental geométrico totalmente reproducible a lo largo del tiempo”. Si el láser escáner hubiera estado al alcance de la época, hoy sabríamos, por ejemplo, cómo fue la biblioteca de Alejandría. Nosotros nos conformamos con recorrer la amplia iconografía científica del Paraninfo, una completa enciclopedia tallada en piedra, en la que ningún elemento es casual.

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