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Cataluña encarecerá cuatro euros el tabaco y pondrá cerco a las colillas

El Govern ultima un plan para incentivar que los propios fumadores reciclen las boquillas de los cigarrillos.

Un fumador, junto a un cartel de prohibido fumar.
Un fumador, junto a un cartel de prohibido fumar.
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El Gobierno catalán prepara una inédita ofensiva contra el tabaco. Y lo hará con fines sanitarios y medioambientales. Quiere librar una guerra contra los nocivos efectos del tabaco sobre la salud al tiempo que contra los residuos que generan los fumadores, tan acostumbrados a arrojar sus colillas al suelo.

Las cifras son escandalosas y requieren de una actuación urgente y que vaya a la raíz. Según datos del propio Ejecutivo catalán, en torno al 70% de las colillas, es decir, lo que sobra del cigarro después de fumar, acaban tiradas en la calle, en el mar, si llueve y son arrastradas por la alcantarilla, o directamente en la arena de la playa, en los largos veranos mediterráneos. Un ejemplo: el año pasado en una sola playa de Denia (Alicante) recogieron un millón de colillas.

Solo en Cataluña, hay 1,5 millones de fumadores, sobre una población total de 7,5 millones de habitantes, que cada año compran 427 millones de cajetillas, unos 8.500 millones de cigarrillos, de los cuales casi 6.000 millones acaban en los parques donde juegan los niños, debajo de los coches aparcados, o en las aceras, junto a los excrementos de los perros.

Hay tantas colillas ensuciando las calles y contaminando el medio ambiente que el Govern catalán tratará de que sean los propios fumadores los que se impliquen en el reciclaje de la basura que generan. ¿Cómo? De entrada, subiendo el precio del tabaco. La Agencia Catalana de Residuos, del Departamento de Acción Climática, prepara cambios en la ley de residuos para incorporar una tasa de 20 céntimos por cigarro, unos cuatro euros por cajetilla, que el fumador podrá recuperar en parte o en su totalidad si hace el esfuerzo, que hasta ahora evita, de guardarse las colillas (o agacharse y recogerlas) y llevarlas a un punto de reciclaje, según avanzó este martes 'El Periódico'. Los estancos podrían hacer esta labor de punto de reciclaje, aunque la idea aún no está cerrada.

Este sistema de incentivos ya existe en otros países europeos con las botellas de plástico o de vidrio, como es el caso de Dinamarca, Alemania o Rumanía. Cada fumador podría recuperar, si reciclara el 90% de lo que se lleva a sus pulmones, unos 900 euros al año. El Govern confirmó este martes que prepara un cambio normativo de este tipo, aunque aún debe aprobarlo en su consejo de gobierno y luego llevarlo a la Cámara catalana para que lo discutan y validen los grupos parlamentarios. Se presentará en las próximas semanas y recoge otras medidas para poner coto a los plásticos de un solo uso, así como eliminar los microplásticos o reducir el envasado innecesario de alimentos.

Se trata de una iniciativa que se anticipa a la ley estatal de residuos, que entrará en vigor en 2023 y que también contempla una ofensiva seria contra el tabaco. En el caso de la ley de ámbito nacional, el coste de la recogida de las colillas recaerá en los fabricantes de tabaco, lo que puede provocar un alza de los precios, que en cualquier caso en España no son tan altos como en los países de nuestro entorno. Aquí una cajetilla ronda de media los 4,5 euros, la mitad que en Francia, por ejemplo.

Las tabaqueras deberán hacerse cargo de la limpieza de la suciedad que generan sus humeantes productos, así como de informar y alertar a la ciudadanía de que los cigarros no pueden tirarse al suelo, entre otras razones porque las colillas contienen materiales plásticos. En las playas, son el residuo más frecuente.

Coto en las playas

Esta ley estatal de residuos abre la puerta a que los municipios puedan aprobar ordenanzas que prohíban fumar en los arenales. Es el caso de Barcelona. Este verano, a partir de julio, quien se tumbe al sol en alguna de las 10 playas de la ciudad podrá ser multado con sanciones de hasta 30 euros, como ya ocurre en costas de Galicia, Andalucía o las Islas Baleares. No es para menos, 25 voluntarios de 'No Más Colillas en el Suelo Barcelona', organización que se dedica a recoger los restos de los cigarrillos para denunciar el problema, llegan a recolectar unas 15.000 boquillas en solo una hora en una playa. Son el 25% de la basura que hay en un arenal, por encima de los plásticos.

El paso dado por el Ejecutivo catalán coincide con una encuesta realizada por la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), que cifra en 8,8 millones de españoles los que fuman, bien a diario (casi 7,9 millones) u ocasionalmente (unos 900.000), pero con un matiz importante: el consumo de tabaco entre personas de estratos sociales inferiores dobla a los de clase alta. Son, según este sondeo, los hombres de 25 a 34 años y las mujeres de 45 a 54 los más fumadores. La AECC aprovechó este sondeo para pedir que la nueva Ley Antitabaco que prepara el Gobierno impulse los espacios libres de humo en terrazas, piscinas y playas en todo el territorio nacional, así como en las universidades, que no tienen, en este sentido, la misma consideración que los colegios.

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