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Esta es la alopecia que padece Jada Pinkett, la mujer de Will Smith, y estos son sus efectos

Fue la propia actriz quien reconoció en 2018 en redes sociales que tiene un trastorno de alopecia, por eso ahora lleva la cabeza rapada.

Jada Pinket.
Jada Pinket.
ERIC GAILLARD

Sin duda alguna uno de los momentos más sorprendentes de la gala de los Premios Óscar 2022 celebrada la noche de este domingo tuvo lugar cuando el actor Will Smith subió al escenario a golpear al cómico Chris Rock por bromear sobre la "cabeza rapada de su mujer", Jada Pinkett, quien sufre alopecia areata, y a quien Rock comparó con la teniente O´Neil. Una enfermedad que ella misma reconoció públicamente en redes sociales, que ataca los folículos pilosos y provoca la pérdida del cabello, dejando como resultado la calvicie.

"Hay distintos tipo de alopecia areata. En algunos casos la caída del cabello es en placas, otras veces solo se cae la parte más baja y en ocasiones es completa", explica Marta Molins, dermatóloga del Gabinete Médico HC de Zaragoza. "Es una enfermedad autoinmune, es decir, es el propio cuerpo el que ataca y destruye los folículos pilosos y puede deberse a un cuadro de estrés previo o alguna situación extrema por la que haya pasado el paciente con anterioridad", apunta la especialista, quien alude a la mayor frecuencia de este tipo de alopecia entre mujeres que entre hombres.

"Se da en ambos en ambos sexos, pero es cierto que afecta más a ellas que a ellos. No solo por la propia enfermedad en sí, que tiene tratamiento pero que no garantiza la aparición del cabello al 100%, sino también por ser una patología que no siempre responde a un tratamiento médico, lo que produce afectación psicológica en los pacientes que la sufren. Es frustrante, además, probar con algún método que finalmente no llegue a repoblar el pelo y que, posteriormente, se vuelva a caer. El propio sistema inmune es el que decide si sigue atacando esos folículos durante un tiempo o no, así que algunas mujeres optan por usar peluca" o raparse la cabeza, dice la dermatóloga.

En cuanto a los tratamientos, Marta Molins apunta que en primer lugar hay que probar con corticoides tópicos. El segundo paso serían pulsos de corticoides orales o inmunosupresores. En ambos casos, los posibles efectos secundarios son ya más importantes, sumado al impacto psicológico que ya tiene el propio paciente. Esto puede hacer que algunos pacientes que no observan mejoría decidan no seguir con los tratamientos", concluye la especialista.

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