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Estacionalidad y cercanía: dos sinónimos de salud y sostenibilidad

Los productos de temporada y de proximidad ganan cada vez más adeptos debido a los notables beneficios que proporcionan y a la concienciación de la población al respecto.

Los productos de temporada son obtenidos respetando su ciclo natural y cultivados en suelos fértiles.
Los productos de temporada son obtenidos respetando su ciclo natural y cultivados en suelos fértiles.
Pixabay.

Fruta de hueso –albaricoques, ciruelas, nectarinas, paraguayos, melocotones o nísperos–, cerezas, sandía, melón, higos y brevas, en frutas; lechuga, remolacha, tomate, pepino, zanahoria, pimientos, cebollas, calabacín, judía verde, berenjenas o puerro, además de las acelgas y las borrajas, por parte de las verduras y las hortalizas.

Estos son los alimentos de temporada del mes de julio. Una característica que cada vez más consumidores tienen en cuenta debido a los notables beneficios que acarrean para salud y que se basan en unas propiedades nutricionales y organolépticas intactas y una mejor textura, olor y sabor, entre otros factores. Una serie de cualidades que responden a que son obtenidos respetando su ciclo natural, tras ser cultivados en suelos fértiles y con el clima apropiado.

"Sí que hemos detectado un mayor interés por este tipo de productos, sobre todo en el mundo vegetal. Ahora se nota en el que la gente viene con ganas de fruta de verano, aburrida ya del plátano, la manzana, la naranja y la pera del invierno. Se consume mucha más fruta en esta época, porque apetece, calma la sed y refresca", explica Miriam Crespo, dietista y nutricionista.

Una tendencia que va unida a la del comercio de proximidad, pues también ha crecido de forma notable en los últimos años la conciencia al respecto de este tipo de consumo. "Sí que se ve una mayor afinidad por adquirir fruta y verdura en el comercio pequeño, local y de temporada. Cuenta con mejor calidad y sabor y evita el plástico innecesario que emplean a menudo las grandes superficies para envolverlos. No obstante, a veces es complicado conseguir encontrar el origen de lo que compramos, pues tiene que estar indicado en el envoltorio o la caja el país de procedencia, o que nos lo puedan corroborar en la tienda. Uno de los ejemplos sería el de las legumbres. Es mejor optar por las españolas en vez de las que vienen de Estados Unidos o Canadá, ya que son más sostenibles y con ello aseguramos que se sigan manteniendo este tipo de cultivos en nuestro país", apunta Crespo.

Medioambiente

El medioambiente es otro de los principales elementos a destacar en este sentido. El reducido gasto de energía que se emplea en su transporte, distribución y almacenaje y que se debe a su carácter de artículos de kilómetro cero, contribuye de forma decisiva a la sostenibilidad del planeta, al evitar los graves impactos que causan estos procesos en el entorno, en forma de pérdida de la biodiversidad o de contaminación de aguas y suelos.

La experta indica que un ejemplo del creciente interés hacia estos artículos se refleja en las tiendas de alimentación a granel, donde se hallan productos cotidianos como las legumbres tradicionales, semillas, especias, pastas, frutas desecadas o frutos secos. "Asimismo, existen cooperativas donde podemos encontrar productos locales directamente del productor y mercados ecológicos como el de la plaza San Bruno de Zaragoza, que constituyen un buen punto donde comprar alimentos de cercanía y temporada y un modelo de negocio que está en crecimiento estos últimos años", agrega.

En cuanto a si una continuidad en el auge de estos productos podría contribuir a un modelo alimentario más justo, saludable y sostenible, la profesional señala que sí, pues "lo que hace uno mismo acaba impactando en la familia, en el trabajo, en el círculo que lo rodea…". "Estos cambios generan también cambios en la demanda y las empresas lo perciben y cambian para adaptarse a las nuevas necesidades del consumidor. Esto es algo que ya ha ocurrido. Hace 20 años existía la leche entera, semi o desnatada y ahora la variedad de bebidas vegetales es inmensa. Si el consumidor acaba demandando alimentos nacionales, la industria se acabará amoldando a esas necesidades", sostiene Crespo.

No obstante, todavía quedan pasos por dar a este respecto. "Seguro que nos iremos adaptando. No es algo radical, sino un cambio progresivo. Recordemos que para producir un kilo de ternera frente a otro de judías se necesitan 18 veces más de superficie de tierra, además del gasto de agua, combustible, pesticidas y fertilizantes que conlleva. Con pequeños cambios como disminuir el consumo de carne y pescado por más legumbres o comprar más en tienda local crearemos un planeta más sostenible", concluye la experta.

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REALIZADO POR BLUEMEDIA STUDIO
Este contenido ha sido elaborado por BLUEMEDIA STUDIO, unidad Branded Content de Henneo.

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