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Bruxismo, un mal pandémico

El aumento del estrés se refleja en más bocas dañadas por apretar y rechinar los dientes.

Ilustración sobre el bruxismo.
Ilustración sobre el bruxismo.
Fran Salvador

La ansiedad y el estrés tienen multitud de expresiones en el organismo. A veces, incluso achacamos a estos estados de ánimo dolencias que nada tienen que ver con ellos –en ocasiones, esa caída del pelo no se debe a ‘los nervios’, sino, por ejemplo, a una anemia sin diagnosticar–. Pero donde sin duda dejan una huella inequívoca es en la boca. El incremento de la tensión emocional nos lleva, con frecuencia, a apretar la mandíbula, y hasta a rechinar los dientes, de forma totalmente inconsciente e involuntaria. Y puede suceder tanto de día, mientras realizamos concentrados cualquier tarea, como de noche cuando dormimos. Una de las consecuencias de esta patología, denominada en Medicina ‘bruxismo’, es un desgaste tal de las piezas dentales que incluso pueden llegar a quebrarse.

En un contexto social de normalidad, aproximadamente un 8% de la población sufre este trastorno, según recoge un estudio de la Sociedad Española del Sueño (SES). Se puede decir que es frecuente. Pero ahora, pasado un año de que la pandemia de covid-19 se instalara en nuestras vidas, su incidencia crece. Los odontólogos han sido quienes han dado la voz de alerta de este "incremento de casos que se están viendo en las consultas", provocados por lo que llaman "la coronafobia o miedo a contraer el virus SARS-CoV-2". Lo hacen para ayudar a reconocer los síntomas y contribuir a poner remedio.

Los músculos implicados. Este trastorno se caracteriza por la alteración de los músculos mandibulares y de las estructuras adyacentes. De hecho, uno de los primeros síntomas es sentir molestias en la mandíbula y notar chasquidos al abrir y cerrar la boca. Junto a ello, hay que estar alerta ante la presencia de dolores cabeza y de cuello, derivados de la tensión muscular que provoca el ‘apretar de dientes’, dicho coloquialmente. Por último, observar si hay desgaste en los dientes o en el esmalte.

El estrés es la principal causa de este trastorno en el contexto actual, reconoce el presidente del Consejo General de Dentistas, el doctor Óscar Castro Reino. Pero no solo el miedo a contagiarse influye. Igualmente, los cambios en la rutina habitual, con el fomento del teletrabajo, pueden generar malas posturas que acaban afectando a la articulación temporomandibular (ATM) –la que permite abrir y cerrar la boca, masticar, tragar y hablar– y ocasionar el bruxismo. "Una mala postura durante el día –prosigue el doctor Castro– puede provocar que luego por la noche apretemos los dientes mientras dormimos. Cuanto más relajado esté nuestro cuerpo, menos tensión tendremos en la mandíbula". De ahí que el control de la ansiedad sea una de las claves para paliar este problema. De hecho, cuando se identifica esta en el origen de la patología, "la remisión a un psicólogo puede estar indicada". De igual modo, si se detecta un trastorno del sueño como desencadenante del bruxismo, también se recomienda derivar al paciente a un especialista de la Unidad del Sueño, con el fin de que sea vigilado y monitorizado mientras duerme.

Cómo se diagnostica. Para ello, ante los primeros síntomas ya descritos, desde el Colegio de Odontología recomiendan pasar por un especialista para realizar una valoración completa antes de autodiagnosticarse. "Esto incluye una historia clínica con preguntas sobre salud dental general, medicación actual y hábitos de sueño, entre otros campos de interés. Debe complementarse con una exploración bucodental, buscando signos de desgaste, así como la posible presencia de dolor en la musculatura mandibular o ruidos en la articulación. Este estudio muchas veces se complementa con una toma de impresiones, análisis de los modelos y radiografías", detalla el citado especialista.

Aunque el origen tensional es el principal, otras patologías provocan el bruxismo. Pueden ser: una maloclusión –cuando las piezas dentales no realizan un encaje adecuado–, una asimetría esquelética, artritis o trastorno degenerativo e inflamatorio de las citadas ATM.

Los niños no se libran de esta realidad. De hecho, es uno de los síntomas detectados últimamente por los psicólogos que tratan a menores afectados por la pandemia. En este caso, el abordaje debe ser "lo menos invasivo posible", sin acciones clínicas o farmacológicas. "Debe comenzar por una correcta información a los padres y al niño, teniendo en cuenta los factores como el nerviosismo, la irritabilidad y las situaciones de tensión que pueden aclarar la presentación de este cuadro", aconseja el doctor Castro. En casos persistentes, la valoración del dentista es fundamental para determinar si es necesario recurrir al uso de férulas de descarga para aliviar la tensión en la articulación de la mandíbula, tal y como se suele prescribir a los adultos bruxistas.

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