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Síndrome de piernas inquietas: ejercicios y tratamientos

Se trata de una enfermedad que puede aparecer a cualquier edad y lastrar la calidad de vida de la persona. Existen hábitos que alivian sus efectos negativos en el día a día, así como fármacos para paliar sus síntomas.

Síndrome de piernas inquietas.
Síndrome de piernas inquietas.
Pixabay

El cuerpo humano está plagado de movimientos y sensaciones, algunas de estas incontrolables a la consciencia de la persona. Tensiones e impulsos que suelen darse con más frecuencia en las extremidades, debido al estrés, malos hábitos y otros factores que pueden lastrar el descanso, la salud y la calidad de vida del que lo sufre. Entre estas patología encontramos nos topamos con el conocido síndrome de las piernas inquietas (SPI), también denominado como la enfermedad de Willis-Ekbom. 

¿En qué consiste esta singular y frecuente circunstancia? Se trata de un movimiento constante e intenso de las piernas o pies, que se da normalmente en situaciones de relajación, tumbados o sentados, sobre todo de noche e incluso durmiendo. El cuerpo detecta una anomalía desagradable en su comodidad, aliviando esa sensación de malestar moviendo las piernas de manera incontrolada.

No hay una edad determinada para su aparición, pero sí es un hecho que si no se pone tratamiento en el momento oportuno empeora con el paso de los años. Las sensaciones que se generan en el interior del cuerpo y que provocan la manifestación de este síndrome son los siguientes: cosquilleos, hormigueos, picores, dolor o tirones. En general, estas son cambiantes y depende de la persona se dan con más o menos frecuencia.

Ejercicios y tratamientos para el síndrome de las piernas inquietas

La mayoría de estos tratamientos paliativos están dirigidos al cambio de estilos de vida y hábitos saludables, entre los que podemos destacar:

  • No consumir sustancias estimulantes como la cafeína, la teína o el alcohol.
  • Realizar actividad física suave y de forma diaria
  • Adecuar los horarios a una naturaleza regular, sin cambios constantes o interrupciones en la rutina diaria
  • Aumentar la flexibilidad del cuerpo, realizar estiramientos de las extremidades y conservar fuertes músculos y articulaciones
  • Intentar mantener posturas altas, a la hora de sentarse, trabajar, acostarse…
  • Práctica deportiva de actividades relacionadas con la relajación y la espiritualidad, como el yoga, el tai-chi, pilates, stretching o quigong
  • Baños tibios y masajes de relajación en las articulaciones
  • Suplemento de hierro asociado y vitamina C bajo regulación médica
  • Consultando con el médico, existen fármacos que alivian los síntomas del SPI: dopaminérgicos, gabapentina o benzodiacepinas.
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