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Alcohol: un equilibrio complicado entre el ocio y la salud

La gran disponibilidad y el arraigo cultural son dos de las claves que explican el notable consumo de estas bebidas en el país, de cuyos daños buena parte de la población no es plenamente consciente.

El consumo de alcohol aumenta el riesgo de padecer dolencias hepática, cardiovasculares y enfermedades de transmisión sexual .
El consumo de alcohol aumenta el riesgo de padecer dolencias hepática, cardiovasculares y enfermedades de transmisión sexual .
Unsplash.

Uno de los principales factores de riesgo de enfermedad, contribuye al desarrollo de más de 200 problemas de salud y lesiones, además de a la muerte prematura, su consumo aumenta el riesgo de padecer dolencias hepáticas (hepatitis alcohólica, esteatosis, fibrosis y cirrosis), cardiovasculares y enfermedades de transmisión sexual y está asociado a cánceres como los de cavidad oral, faringe, laringe, esófago, colon-recto, mama y hepatocarcinoma. A nivel mental, destacan los problemas de ansiedad y alteraciones del sueño, depresión, deterioro de la función cognitiva y demencia.

A pesar de la lista innumerable de daños que causa, el alcohol sigue cosechando un éxito arrollador entre buena parte de la población. Concretamente, es la sustancia psicoactiva más consumida del país, tal y como se refleja en el informe ‘Alcohol, tabaco y drogas ilegales en España’ publicado por el Ministerio de Sanidad en 2019. En el documento también se expone que el 75,2% de los encuestados lo había ingerido en los últimos doce meses, el 62,7% en los últimos 30 días y el 7,4% diariamente en el último mes.

El notable seguimiento que tiene el alcohol obedece a diversos factores: gran disponibilidad, sólido arraigo cultural, precios asequibles, peso relevante en la industria, identificación con el ocio y la desconexión... una ecuación en la que también hay que incluir la recaudación fiscal que se obtiene por la venta de estos productos, gravados con unos impuestos especiales. Solo en el periodo que va de enero a mayo de este año, la Agencia Tributaria recaudó 277 millones de euros por el tributo del alcohol y 117 por el de la cerveza.

Consumos de riesgo

"Los límites del consumo promedio de bajo riesgo de alcohol se sitúan en 20 gramos/día o dos unidades de bebida estándar (UBEs) para hombres y 10 gramos/día (1 UBE) para mujeres, asumiendo que cualquier consumo, por mínimo que sea, implica riesgo. Pero consumirlo por encima de estos límites conlleva una mayor mortalidad en comparación con no beber o beber a un nivel más bajo. La Unidad de Bebida Estándar de alcohol equivale en España a 10 gramos, que es aproximadamente el contenido de un vaso de vino de 100 mililitros de 13 grados, un vaso de 250 mililitros de cerveza de cinco grados o 30 mililitros de licor de 40 grados", explica Nieves Domeque, médico de la Unidad de Atención y Seguimiento de Adicciones del Hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza.

En base a ello, "los adultos beben más de lo que creen", sostiene Domeque, que destaca este hábito entre los jóvenes, en los que predomina un patrón que se caracteriza por una elevada ingesta en un corto espacio de tiempo. "Es lo que se conoce como patrón de consumo en atracón o ‘binge drinking’. Es el consumo de seis o más UBE en el hombre o cuatro o más en la mujer en un intervalo de dos horas. Hay que tener en cuenta que las estructuras cerebrales no acaban de madurar hasta los 20-25 años, por lo que estos consumos deben ser considerados de riesgo, pudiendo afectar a los procesos de memoria, aprendizaje, toma de decisiones y al rendimiento escolar", expone la doctora.

El consumo durante el embarazado es otra de las cuestiones clave a este respecto, pues puede causar daño cerebral, lo que lleva a problemas de desarrollo, cognitivos y conductuales que pueden aparecer en cualquier momento durante la infancia. "Los trastornos del espectro alcohólico fetal (Teaf) son un grupo de afecciones que pueden incluir problemas físicos y problemas del comportamiento y del aprendizaje y que afectan en España a dos de cada 1.000 nacidos vivos. El sistema educativo tiene un gran reto con los niños con Teaf, pues tienen problemas de memoria y les cuesta organizarse y llevar el trabajo del colegio al día, además de presentar problemas de control de impulsos y un comportamiento muy similar al trastorno por déficit de atención e hiperactividad", manifiesta la experta.

La atención médica

Llevar a cabo un diagnóstico precoz y una intervención temprana puede ser clave para las personas con problemas relacionados con el alcohol, una labor que ha de hacerse en Atención Primaria, al ser este ámbito la puerta de entrada al sistema sanitario en la mayoría de las ocasiones. Sin embargo, "la sobrecarga asistencial, la falta de tiempo, motivación o formación clínica de los profesionales en los trastornos por consumo de alcohol tiene como resultado un infradiagnóstico y se calcula que un 90% no se diagnostican ni reciben tratamiento", afirma Domeque.

Unidades como la que integra la doctora son el eje de atención sanitaria de las conductas adictivas en Aragón, la cual se orienta desde la perspectiva comunitaria y desde un modelo biopsicosocial. "En nuestra unidad, en los últimos años, el alcohol es la primera droga por la que se demanda tratamiento, seguida de la heroína, el cannabis, la cocaína, las anfetaminas, las benzodiacepinas y los opiáceos de prescripción. La relación entre hombres y mujeres es de 4/1, con una edad media de 49 años. Cabe destacar que a la mujer le cuesta más demandar tratamiento por miedo a ser etiquetada como alcohólica y sufrir una mayor estigmatización. Asimismo, el 87% de los pacientes que iniciaron tratamiento en el último año en Aragón tienen una edad entre los 35 y los 55 años", agrega la profesional. 

En la unidad se realiza un plan de tratamiento individualizado por parte de los diferentes miembros del equipo (médico, psicóloga, trabajadora social y enfermería) y en función de la gravedad de la dependencia al alcohol, de la situación orgánica y de si tiene o no apoyo familiar, a veces es necesario hacer la desintoxicación en la unidad de corta estancia del servicio de psiquiatría de su hospital de referencia.

El elemento social

Indudablemente, el alcohol cosecha un éxito arrollador entre buena parte de la población, una aceptación que obedece a diferentes factores. "Vivimos en un área geográfica y cultural en la que el alcohol forma parte de nuestro modo de vida, de nuestro ocio y de una parte importante de nuestra industria (supone un 2% del PIB). Debemos tener en cuenta también su precio y disponibilidad, así como la gran cantidad y variedad de sus puntos de venta. Además, al contrario que ocurre con otras drogas, muchas personas no consideran que suponga un riesgo para su salud. También hay que destacar el papel que ejercen los grandes ‘lobbies’ de estas bebidas, que han tenido mucho que ver, por ejemplo, con que en España aún no tengamos una ‘Ley antialcohol’, después de cuatro intentos con distintos ejecutivos", explica Elena Fernández del Río, profesora titular del Departamento de Psicología y Sociología de la Universidad de Zaragoza. 

Una de las principales claves a la hora de tratar a una persona adicta al alcohol es "saber qué meta quiere lograr". "Aunque la abstinencia, especialmente en los casos más graves, es la meta idónea, no va a ser aceptada por todos o no lo van a lograr. Por ello, tenemos que movernos de manera realista entre la meta ideal y la meta viable. Un caso especial es el de las personas jóvenes, que son reticentes a aceptar la abstinencia completa, a menos que ya les haya producido daños importantes", manifiesta la docente.

La motivación para ese cambio es otro de los elementos importantes en este sentido, pues muchas personas acuden a ese tratamiento por obligación, abandonan prematuramente o no cumplen las instrucciones terapéuticas. "En esos casos es fundamental trabajar con la motivación y la resistencia al cambio, y para ello contamos con procedimientos psicológicos que han demostrado su eficacia. Cuando el individuo se ha comprometido con el cambio, entonces se inicia la fase de deshabituación psicológica, en la que se trabaja, por ejemplo, con las creencias erróneas asociadas al consumo (beber solo durante el fin de semana no hace daño, cuando bebo alcohol ‘ligo’ más...), el entrenamiento en solución de problemas, etc", explica la experta. 

Por último, hay que abordar la prevención de la recaída a través de diferentes acciones. "No es suficiente con que la persona deje de beber, sino que hemos de ayudarle a mantenerse abstinente a corto y largo plazo. Para ello, tendremos que entrenarle en cómo abordar situaciones de riesgo (cenas de empresas, etc.), fomentar su red de apoyo social, aumentar la realización de actividades incompatibles con beber, etc", resalta Fernández del Río.

En cuanto a las medidas a llevar a cabo para combatir esta adicción, las expertas apuntan a limitar su publicidad, incrementar el impuesto especial que las grava, regular la disponibilidad y la comercialización limitando lugares y horarios de venta, incluir advertencias sobre las consecuencias negativas para la salud en los envases y proporcionar recursos adecuados y necesarios de personal y materiales para posibilitar una atención eficiente, pues "la administración ha defendido más los intereses económicos de la industria del alcohol y las empresas publicitarias que la salud de los ciudadanos", concluye Domeque.

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