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¿Para qué sirven el miedo, la ira o el asco?

Todas las emociones tienen una finalidad adaptativa.

'Inside out'

Saber identificar las emociones tiene una gran importancia, saber darles nombre, descubrir lo que sentimos y ponerlo en palabras para saber cómo comportarnos en las diferentes situaciones que nos encontremos.

Existen 6 categorías básicas de emociones.

• Miedo: anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad.

• Sorpresa: sobresalto, asombro, desconcierto. Es muy transitoria.

• Asco: disgusto, repulsión. Solemos alejarnos del objeto que nos la produce.

• Ira: rabia, resentimiento, furia, irritabilidad.

• Alegría: diversión, euforia, gratificación. Da una sensación de bienestar, de seguridad.

• Tristeza: pena, soledad, pesimismo.

Sin embargo, todas las emocione tienen una finalidad adaptativa:

• Miedo: tendemos hacia la protección, apartarnos de un peligro y actuar con precaución.

• Sorpresa: ayuda a orientarnos frente a la nueva situación.

• Asco: nos produce rechazo hacia aquello que tenemos delante.

• Ira: nos induce hacia la destrucción.

• Alegría: nos induce hacia la reproducción (deseamos reproducir aquel suceso que nos ha hecho sentir bien).

• Tristeza: nos permite recuperarnos de experiencias negativas y de esta manera generar nuestras propias estrategias de afrontamiento.

Siempre buscamos emociones positivas, pero es importante que sepamos que tanto las positivas como negativas son necesarias, todas aportan información importante. Las positivas nos ayudan a recibir mejor la información, a ver más opciones, a ser capaces de aprender más y las negativas son nuestra defensa ante amenazas externas y nos ayudan a enfrentarnos a ellas.

¿Por qué es importante la regulación de las emociones?

Cuando una emoción se ha desencadenado no se puede eliminar, tenemos que aprender a regularla. Es decir, si se ha desencadenado la ira, es imposible que desaparezca, pero lo que yo puedo hacer es disminuir su duración. Puedo elegir si quiero estar un día triste o toda mi vida. Así que está en mi mano que esa emoción permanezca en el tiempo y se convierta en un estado de ánimo. Por lo tanto, gestión emocional no significa que debamos reprimir nuestras emociones, sino que debemos observarlas, identificarlas, aceptarlas e integrarlas cuando esto lo consigamos nos servirá para tener mayor sensación de bienestar.

Cuando logramos una buena gestión emocional sabemos cómo, cuándo y dónde expresar esa emoción y de esta forma favorecer las relaciones interpersonales. Por eso, al entender las emociones y saber cómo manejarlas, podemos utilizar el autocontrol para contener nuestra reacción si por ejemplo no es el momento más apropiado y posponerla a otro momento.

La inteligencia emocional es de suma importancia en la socialización ya que ayuda a que establezcamos relaciones sanas y más en esta etapa de nuestra vida donde las relaciones sociales tienen un papel protagonista.

Nos queda mucho por conocer y por aprender, pero… ¡qué reto tan interesante si al final lo que conseguimos es ser un poco más felices!

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