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Salud

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Una pandemia creciente que se vence siendo precoz

El número de alergias alimentarias ha aumentado notablemente en los últimos años. Para combatirlas, cada vez más profesionales abogan por estar en contacto con la sustancia desde los primeros meses de vida.

Las pruebas para detectar alergias o intolerancias deben ser prescrito por un endocrinólogo, nutricionista o dietista.
Las pruebas para detectar alergias o intolerancias deben ser prescrito por un endocrinólogo, nutricionista o dietista.

La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic) afirmó en marzo de 2015 que alrededor de dos millones de españoles padecían algún tipo de alergia alimentaria. En su informe ‘Alergológica’, elaborado entre los años 1992 y 2005, la entidad indicaba también que, en la última década, el número de pacientes afectados por una reacción alérgica a los alimentos había aumentado del 3,6% al 7,4%, al tiempo que también se había incrementado la gravedad de los síntomas inducidos por esta dolencia, registrándose un mayor número de asistencias a urgencias por anafilaxia, especialmente entre la población infantil. Asimismo, actualmente se calcula que un 8% de la población mundial padece una alergia alimentaria.

Estos datos ponen de manifiesto una realidad preocupante que diversos profesionales explican aludiendo a factores como el exceso de higiene, la contaminación, la sobremedicación o los productos químicos. Aunque es ampliamente conocida, a menudo no se es consciente de que esta reacción inmunitaria del organismo frente a una determinada sustancia que se manifiesta por unos signos y síntomas característicos cuando este se expone a ella puede llegar a causar la muerte. En 2014, un niño de seis años alérgico a las proteínas de la leche falleció en Móstoles tras sufrir una reacción por ingerir un yogur de soja que sus monitores creían que era compatible con su afección. Y un joven de 20 años alérgico a los frutos secos murió cinco años antes en Málaga como consecuencia de un shock anafilático que le había provocado un flan con nueces que probó en una comida de empresa.

Esta tendencia creciente ha ido pareja al aumento de las intolerancias alimenticias, reacciones adversas del organismo hacia alimentos que no son digeridos, metabolizados o asimilados correctamente. Unas alteraciones menos graves, pero que pueden provocar molestias respiratorias, trastornos gastrointestinales y neurológicos, procesos dermatológicos, alteraciones musculares y psicológicas e incluso sobrepeso y obesidad.

Una serie de situaciones que han llevado a los profesionales de la medicina a tratar de desentrañar el origen de esta deriva con el fin de revertirla, lo cual se ha basado en numerosos casos en la inmunoterapia oral, una técnica que consiste en la administración de dosis crecientes del alimento implicado desde los primeros meses de vida hasta alcanzar la cantidad mayor tolerada o que represente la ración habitual para la edad. Esta práctica pretende evitar la reacción alérgica, sobre todo la anafilaxia, tras la exposición al alimento que la causa, y su porcentaje de éxito está siendo muy elevado.

En el hospital Miguel Servet llevan más de una década tratando a bebés alérgicos a la leche de vaca con una técnica pionera de inmunoterapia oral consistente en ponerles en contacto con esta sustancia con el fin de que eliminen su rechazo a la misma antes de cumplir los 12 meses de vida. "Ya hemos tratado a alrededor de 350 lactantes y, de ellos, el 98% se ha hecho tolerante. Se trata de un método eficaz, barato, sin efectos secundarios y con el que además se mejora la calidad de vida del pequeño, al poder llevar este un día día normal, y se previenen también otros problemas más serios que podrían darse el día de mañana si fuese muy alérgico, pues cuanto mayor se es más graves son los síntomas que se padecen", afirma Javier Boné, pediatra-alergólogo del centro hospitalario zaragozano y uno de los impulsores del tratamiento.

Boné y su equipo se basan en la precocidad para abordar esta cuestión, para lo cual introducen en los pequeños los alimentos que les causan estas reacciones poco a poco, mezclados con otros, en cantidades de menor a mayor y siempre tratados con calor. "Con el huevo, por ejemplo, empezamos a veces con el que llevan algunas galletas y luego pasamos a empanados, rebozados, el duro e incluso la tortilla. La idea es extender esta práctica a otro tipo de alimentos, pues existen importantes retos con elementos como las LTPs (proteínas transportadoras de lípidos), presentes en ciertas frutas y que, junto a la leche, la nuez y el propio huevo, son las alergias más frecuentes en España. No es un método muy científico, pero sí práctico", señala.

Se trata de una técnica en auge, pues en otras ciudades españolas como Valencia se están desarrollando terapias similares con la merluza y en países como Reino Unido o Estados Unidos el foco a este respecto se está poniendo en el cacahuete, uno de los principales causantes de las alergias alimentarias en ambos estados.

Una sintomatología manifiesta

Además de tener siempre a mano adrenalina autoinyectable, atajar a tiempo este tipo de afecciones es clave para poder ponerles solución. Los síntomas más frecuentes que experimentan los niños que las padecen son el enrojecimiento de la piel, la urticaria y la inflamación. También pueden sufrir conjuntivitis, sentir picor en el oído e incluso vomitar de forma repentina. Posteriormente, conforme se va creciendo, los problemas pueden agravarse hasta llegar a una reacción fatal.

Una circunstancia que ha provocado que desde diversos foros se sugiera un cambio de estrategia en lo referente a los hábitos alimentarios de los pequeños, fundamentado en que si al sujeto se le dan estímulos inmunológicos desde el principio, el organismo se familiarizará pronto con ellos. Este fin impulsó el pasado año la publicación de la primera guía de la literatura científica sobre inmunoterapia oral específica de alimentos, a cargo de pediatras alergólogos y alergólogos españoles de la Seaic y la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica.

En ella se reflejaban una serie de recomendaciones sobre este procedimiento, requerimientos de personal y medios materiales, aspectos prácticos del tratamiento en sus diferentes fases y pautas especiales para los pacientes con alto riesgo de presentar reacciones adversas durante la terapia.

La cuestión de la intolerancia

En lo referente a las intolerancias, el aumento ha sido tan extraordinario como la percepción que desde buena parte de la sociedad se tiene hacia los principales alimentos que las causan, como la lactosa o el gluten. "La prevalencia de la celiaquía en la población europea es del 1%, de los que un 75% están sin diagnosticar, siendo más frecuente en mujeres, y puede aumentar hasta el 10% con la sensibilidad al gluten no celíaca. Por otra parte, alrededor del 70% de la población mundial tiene dificultad para digerir la lactosa, pero la mayoría puede asimilarla en pequeñas cantidades", afirma la dietista-nutricionista Patricia Lambea.

La profesional señala que muchas de las personas a las que les diagnostica esta reacción se centran en buscar productos que se clasifican como ‘sin gluten’ o ‘sin lactosa’, pero, a menudo, no se cae en la cuenta de que tienen a su disposición la mayoría de alimentos frescos (frutas, legumbres, pescados, semillas…) libres de gluten y lactosa aunque no lleven una etiqueta que lo señale. Ante la tendencia creciente de eliminar de las dietas este tipo de componentes, aunque no se sea intolerante, Lambea indica que "excluir nutrientes por tendencia no es peligroso si se lleva una alimentación equilibrada, pero se debe considerar que si estos se vuelven a consumir se pueden ocasionar trastornos digestivos".

Un escenario en el que es clave que las personas afectadas se sirvan de la ayuda de un dietista-nutricionista para que puedan leer correctamente el etiquetado nutricional y saber así cómo adaptar su alimentación teniendo en cuenta las patologías concretas.

A este respecto, en los últimos años han adquirido popularidad unos test de intolerancias que, a través de un análisis de sangre, determinan cómo reaccionan los anticuerpos ante diversas sustancias presentes en algunos alimentos. Unas herramientas puestas en cuarentena por numerosos expertos, que consideran que no son fiables y que pueden derivar en dietas peligrosas para la salud. Por todo ello, la comunidad médica reclama más apoyos a la investigación para dar soluciones a una cuestión que según la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica afecta a más de dos millones de españoles y que, junto a las alergias, constituye un problema cuyos efectos negativos crecen de forma alarmante y que conviene detener en los primeros compases de la existencia.

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