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“Esta enfermedad no se la deseo ni a mi peor enemigo”

Ana Martínez, una de las 42.289 personas diagnosticadas de Alzhéimer en Aragón, y su marido hablan de cómo la enfermedad ha cambiado sus vidas.

Imagine levantarse una mañana y no reconocer a la persona que duerme a su lado o recibir una visita de un completo desconocido que dice ser su hijo. Esta es la realidad de algunas de las 1.128.000 personas diagnosticadas en España de la enfermedad de Alzheimer. Unas cifras que, lejos de frenarse, cada año van en aumento. Así, según las estimaciones de la Confederación Española de Alzheimer (CEAFA), en 2025 se espera que los afectados por esta enfermedad se dupliquen e, incluso, se tripliquen para 2050.

En Aragón, en 2016, la cifra de personas diagnosticadas de alzhéimer ascendía a 42.289, un 75% de las cuales residían en la provincia de Zaragoza. Es el caso de Ana Martínez, una granadina de 75 años de edad, que reside en la localidad zaragozana de Alfajarín con su marido Ángel y a la que diagnosticaron con principio de alzhéimer hacer tres años.

Por el momento, la enfermedad de Ana se encuentra en una fase inicial, si bien tiene pequeñas pérdidas de memoria. “Yo sé cómo me llamo y cómo se llaman mis hijos, hago todo, voy al banco... aunque, a lo mejor, alguna cosica me puede fallar…”, explica la mujer.

“Le dices las cosas y a los diez minutos no se acuerda”, comenta su marido, a quien en la intimidad, al hablar de la enfermedad de su mujer se le arrasan los ojos porque sabe que el alzhéimer irá avanzando, tal y como lo hizo en el caso de su suegra que, cuenta, “murió sin reconocer a sus hijos”. “Esta situación no se la deseo ni a mi peor enemigo”, asegura Ángel.

El amor de esta pareja, por el contrario, parece ser más fuerte que la enfermedad. “Este es el lado positivo, sin duda”, dice Ángel. “Mientras podamos estar juntos en casa, así lo haremos”. Por su parte, Ana, que sabe del sufrimiento de su marido, agradece todo lo que hace por ella. “Yo cuando lo veo triste me pongo ‘malica’, porque le quiero mucho. Es lo primero y lo último de mi vida”, asegura algo entristecida. El amor en las palabras de ambos demuestra que, ante  una enfermedad tan complicada como esta, el cariño de nuestros seres queridos es lo más importante. Y en su caso esto está claro: su afecto es capaz de sobrepasar este gran obstáculo.

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