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Galletas sí, galletas no... Los menús hospitalarios a examen por una petición en internet

La responsable de la Unidad de Dietética y Nutrición del Hospital Miguel Servet recalca que la dieta de cada paciente se adecúa a sus necesidades.

Galletas básicas

Hace dos semanas, Javier Bravo, un madrileño hijo de un paciente con cáncer, lanzó una petición a través de la plataforma Change.org para solicitar la retirada de las galletas de los menús que se sirven en los hospitales. La iniciativa, que puede resultar desconcertante si se escucha fuera de contexto, ha sido respaldada hasta ahora por casi 1.000 personas e invita a plantearse cómo, quién y en base a qué criterios se diseñan los menús hospitalarios.

Bravo cuenta que su padre, que además de cáncer presentaba un cuadro de anemia y acababa de sufrir un accidente cerebrovascular, llevaba 30 horas sin comer cuando, a la hora de la merienda, le dejaron en la habitación un café y un paquete de galletas. "Más allá del producto en sí, el problema está en que como lo suministra un centro hospitalario, puede parecer que es beneficioso y de consumo habitual, cuando resulta que son bollería y, como tal, su consumo debería de ser esporádico".

Pero Bravo va más allá y define las galletas como una "malévola combinación de harinas refinadas, aceites de mala calidad, excesivo aporte de sodio e ingentes cantidades de azúcar" que hacen de ellas "un producto diseñado para maximizar la respuesta sensorial e inducir sensaciones excesivamente placenteras gracias a su palatabilidad". A continuación, Bravo enumera diez razones muy técnicas por las que considera que las galletas son perjudiciales para nuestra salud.

Estricta supervisión de cada menú

Mari Lourdes de Torres, responsable de la Unidad de Dietética y Nutrición del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, considera oportuno matizar todas esas afirmaciones. Ella diseña todos los menús que se sirven en el hospital y es la responsable y supervisora de todo lo que ingieren los pacientes mientras permanecen ingresados. Como miembro del Observatorio de la Nutrición y Estudio de la Obesidad -dependiente del Ministerio de Sanidad-, De Torres defiende que uno de sus objetivos es incluir la menor cantidad posible de grasas saturadas, sal y azúcares en las dietas y, por tanto, pide que se deposite en ella y su equipo la misma confianza que en los médicos que suministran los medicamentos. "Si el familiar de un paciente ingresado se fía del antibiótico que le pone el cirujano, se tiene que fiar también de la comida que le damos porque la dieta de cada persona pasa un control exhaustivo por parte, tanto de nuestra unidad, como del laboratorio de Salud Pública de Aragón con las muestras aleatorias que se envían cada semana para su análisis".

Es cierto que el suministro de los alimentos que se sirven en los hospitales depende de un concurso público. Pero también es cierto que estos se deciden a partir de una memoria que prepara la Unidad de Dietética y en la que se especifican las características que tienen que tener los alimentos para que se ajusten al equilibrio nutricional deseado. Por eso, aunque se sirvan galletas en el hospital, es seguro que éstas sean las que menos grasas saturadas o azúcares contienen de entre todas las que se presentaron.

"Si se adjudica el suministro a productos que se ajustan a las características nutricionales que piden en la memoria, se acepta; si por alguna razón se eligen productos que difieren en exceso de esos parámetros, se rechazan y se anula", explica De Torres. Cuenta, de hecho, que eso mismo pasó hace poco con un fiambre que contenía demasiada sal. "Y se ha cambiado", asegura.

No generalizar

Respecto a las galletas, De Torres reconoce que la mayoría de las que hay en el mercado llevan aceite de coco -similar al aceite de palma-. Este tipo de aceites tiene un elevado porcentaje de grasas saturadas al contrario que el de oliva o el de girasol. Además, como suelen ser hidrogenados o degradados para su transporte, contienen las temidas grasas trans. Aún así, pide no generalizar, porque existe una amplia gama de productos con distintos valores nutricionales dentro del campo de las galletas. Algunas marcas prescinden por completo del aceite de coco en su elaboración y utilizan en su lugar aceite de girasol. Las hay también sin azúcares añadidos y con aporte de fibra.

También pide no dramatizar dado que las células necesitan algo de grasa saturada para su correcto funcionamiento: "Lo que no debemos es comer alimentos que tengan grasa saturada añadida", expone la experta. "Seis galletas al día no supone nada. Lo que no puede ser es comerse esas galletas en el desayuno y luego un donuts industrial para almorzar y una palmera industrial para merendar", añade.

En su petición, Bravo propone sustituir las galletas por piezas de fruta y De Torres matiza que hay personas a las que se les da fruta. Depende de la dieta que se diseña para cada paciente y de sus necesidades nutricionales, ambas pueden resultar necesarias.

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