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¿Necesitamos realmente ocho horas de sueño diarias?

Tanto un sueño muy corto como uno de larga duración pueden ser contraproducentes para el estado de bienestar y la salud física y mental.

Joaquín Terán, presidente de la Sociedad Española del Sueño
Joaquín Terán, presidente de la Sociedad Española del Sueño
Foto cortesía de Joaquín Terán

Los hábitos de sueño están marcados por costumbres o afirmaciones que no siempre son correctas ni saludables. Joaquín Terán, presidente de la Sociedad Española del Sueño, explica qué dice realmente la ciencia sobre este tema y cómo cambiar nuestras costumbres para dormir mejor.

¿Necesitamos realmente ocho horas de sueño diarias?

"Los expertos recomiendan un mínimo de 7-8 horas para mantener la actividad biológica que representa el sueño, pero establecer las necesidades de sueño es un tema que genera controversia aún en la actualidad", responde.

El sueño "es un proceso activo y complejo, fundamental para mantener un correcto estado de salud física y mental. Las necesidades varían a lo largo de la vida, fundamentalmente por la edad y también asociadas con otros factores interindividuales y genéticos".

Entonces ¿todo el mundo necesita dormir lo mismo? "La respuesta es claramente no -considera Terán-. Uno de los retos más relevantes de la investigación en este ámbito es determinar el número de horas de sueño por edades, género y etnias y relacionarlo con el impacto en la salud".

Así, para los recién nacidos, "se recomienda una duración diaria de sueño de entre 14 a 17 horas. Excepto para los bebés de pocos días de vida, se desaconseja que duerman más de 18 horas, ya que esto podría alterar su desarrollo cognitivo o emocional, al verse limitada su interacción con su entorno más cercano".

En el otro espectro, podríamos situar a los ancianos. "El proceso de envejecimiento conlleva variaciones a nivel de la macro y microestructura del sueño. Con el paso del tiempo, se observa un descenso en el tiempo total de sueño y en la eficiencia del mismo", precisa.

Las personas de la tercera edad "pierden la habilidad para conseguir dormir de manera continuada, lo que provoca que el sueño se redistribuya a lo largo de las 24 horas del día y sean frecuentes las siestas".

Consecuencias de la falta de sueño

La falta de sueño afecta a nuestra salud. "Además de fatiga, cansancio y excesiva somnolencia diurna, la privación crónica de sueño produce cambios a nivel metabólico, endocrino e inmunológico. Cada vez hay más evidencia científica que apoya que la falta de sueño deriva en intolerancia a la glucosa y diabetes, incremento de la actividad del sistema nervioso simpático e hipertensión o reducción en la secreción de leptina y obesidad", señala.

También ha sido descrita "la asociación de un sueño de corta duración con la aparición de enfermedades cardiovasculares, perfil lipídico aterogénico, calcificaciones en las arterias coronarias o diversos tipos de cáncer. Podemos afirmar que la privación de sueño o su fragmentacion son el modelo más importante donde se mide el impacto del sueño y la salud".

Además, "dormir pocas horas genera un estado de activación inflamatoria que se relaciona directamente con el deterioro en la salud".

Pero también dormir más de la cuenta tiene efectos adversos para la salud. "La relación entre sueño y mortalidad ha sido a menudo descrita como una 'U', de tal forma que tanto un sueño muy corto como uno de larga duración pueden ser contraproducentes para el estado de bienestar y la salud física y mental", indica Joaquín Terán.

Hay estudios de base epidemiológica y basados en cuestionarios "que demuestran que los dormidores cortos y largos tienen, respectivamente, un 12% y un 30% más riesgo de muerte que los que duermen las horas apropiadas".

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