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Evitar el sufrimiento a los niños perjudica su inteligencia emocional

Puede ser causa de ansiedades, depresiones y temores.

Los expertos subrayan que las habilidades emocionales deben manejarse desde la infancia evitando la "sobreprotección" de los hijos.
Evitar el sufrimiento a los niños perjudica su inteligencia emocional
Pixabay

¿Cómo los niños manejan su mundo emocional es fundamental para el éxito en la vida? Así al menos lo manifiesta la psicóloga Susan David, autora del libro "agilidad emocional" y donde explica que la tendencia de los adultos de evitar los sufrimientos de un niño no les ayuda a largo plazo.

Los niños se sienten más fuertes cuando comprenden cómo se sienten y cómo pueden responder a esas sensaciones. David se refiere obviamente a la cotidianeidad del sufrimiento y de las emociones habituales. No a situaciones extremas ni críticas, como vivencias de guerra, violencia o abusos.

Explica además que en los adolescentes, la "inteligencia emocional", o la capacidad de reconocer y manejar las emociones, está asociada con una mayor capacidad para hacer frente a situaciones de estés y a una mayor autoestima. Por lo que, a la inversa, la falta de inteligencia emocional es una de las causas que ayudan a predecir los síntomas de la depresión y la ansiedad.

Las habilidades emocionales deben manejarse desde la infancia. Es difícil ver a un niño infeliz. Si está llorando por la muerte de su mascota, o porque un globo estalla y se asusta, nuestro instinto es ofrecerle alivio inmediato, y esta sobreprotección es lo que, a juicio de esta psicóloga no debe hacerse.

"Damos un paso hacia el espacio emocional del niño" y los padres mantienen estrategias muy comunes como la minimización de las emociones o salir corriendo al rescate, "lo que no ayuda al niño a aprender ayudarse a sí mismo".

Las investigaciones demuestran que cuando los maestros ayudan a los alumnos a manejar sus sentimientos dentro del aula, los niños resuelven mejor los problemas emocionales siendo más capaces de participar en el aprendizaje.

Cuatro pasos prácticos: sentir, mostrar, etiquetar y verla pasar

La psicóloga ofrece, en un artículo que recoge el 'New York Times', cuatro pasos para ayudar al niño ante una emoción negativa y que siga adelante. Los pasos son: sentir, mostrar, etiquetar o clasificar y verla pasar.

El primero de los pasos: 'Sentir', es fundamental. A juicio de Susan David muchas familias se centran en alejar la emociones negativas. "No estés triste, no te enfades, no seas celoso, no seas egoísta...". A juicio de la psicóloga es necesario entender que los padres vean "a su hijo como una persona sensible que tiene su propio mundo emocional".

El segundo de los pasos es 'Mostrar'. A juicio de David, aunque muchas familias tienen las llamadas "reglas de visualización" en torno a las emociones y aceptan que las emociones se muestren, hay otras que consideran que deben de esconderse con expresiones como "los niños no lloran", "hay que ser valiente", lo que viene a decirle a los niños que las emociones son algo que deben temer y no evidenciar.

En tercer lugar, Susan David habla de 'Etiquetar' las emociones. Algo que es crítico para los niños. "Tenemos que aprender a reconocer la tensión frente a la ira o la decepción. Incluso los niños muy pequeños pueden reconocer si están tristes, enojados, ansiosos o asustados. El etiquetar las emociones también está relacionado con nuestra capacidad de empatía. Muchas veces es preguntar al niño qué siente, cómo se siente, qué refleja su cara o sus actos. La doctora viene a señalar lo importante de reconocer de las complejidades emocionales, desde la excitación, la ansiedad o la frustración.

A medida que los niños suman años, también suman experiencias y complejidades emocionales teniendo a veces en un mismo momento una mezcla de todas.

Los temores y ansiedades no son estados físicos

Aún las emociones más difíciles no son eternas. El cuarto de los pasos para ayudar a los niños con sus emociones es enseñarles que 'Pasan', que se terminan y David sugiere ayudar a los niños a notar eso. "la tristeza, la ira, frustración -estas cosas tienen valor, pero también pasan. Son transitorias". Es importante, a juicio de Susan David que se enseñe a los niños qué se siente después de que se pasa la ira, la frustración y el enfado.

Es importante además enseñar a los niños que recuerden que no van a tener las mismas emociones con experiencias similares. Podemos sentir en una ocasión mucha ansiedad pero quizá en la siguiente situación no sientan lo mismo.

Es importante que retiren de su cabeza expresiones negativas como que no son buenos haciendo amigos, o con las matemáticas. Asegura que es imprescindible enseñarles que los temores y ansiedades no son estados fijos y que la gente y las personas cambian.

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