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Un hogar para recuperar lo que perdieron por culpa del alcohol

El Centro de Rehabilitación de La Paz ofrece una oportunidad a quienes luchan contra el alcoholismo. En 2014, fueron atendidos 18 usuarios.

Uno de los talleres que se realizan en el centro de Rehabilitación de Alcohol de Miralbueno.
Uno de los talleres que se realizan en el centro de Rehabilitación de Alcohol de Miralbueno.

"Llevo sin beber 30 años, pero sé que si entrara de nuevo en contacto con el alcohol, una copa no sería una". Lo dice Enrique Ruiz Burillo, un jubilado de 69 años que gracias a la ayuda recibida en el Centro de Rehabilitación de La Paz consiguió dejar de beber para convertirse en educador social.

"Si en estas situaciones toda la familia y los que estamos en esto fuésemos a una sería mucho más fácil para el enfermo y para su entorno, pero siempre está esa etiqueta de borracho que hace que las personas se olviden de que somos enfermos", confiesa este zaragozano.

Como él en su día, en torno a 18 personas encuentran cada año en este centro un hogar. Este servicio, que lleva más de 20 años en funcionamiento, surgió de una iniciativa de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen para dar respuesta a una necesidad manifiesta en la ciudad. "Empezamos en los años 90, en un piso que tenía la parroquia del Carmen con grupos pequeños para hacer una atención más directa", recuerda Lola Solano, la trabajadora social. Enrique Ruiz, por su parte, cuenta que el centro se inició para atender los casos de alcoholismo que se encontraban en el comedor del Carmen, "cuando el beber en exceso era una práctica muy frecuente entre transeúntes", añade.

En 2014, el Centro de Rehabilitación de Miralbueno atendió a 18 usuarios, de los cuales 10 han conseguido salir. De estos, 14 fueron nuevos admitidos -dos no acudieron- y seis continuaban en tratamiento desde un año antes. Para recibir ayuda en el centro -explica Solano- se valora la predisposición de esa persona, que debe entrar a su vez con tratamiento médico.

"La mayoría toman medicación para controlar el síndrome de abstinencia, que puede ser peligroso. Pasan entre 15-20 días de prueba para ver si se acomodan; y o bien se quedan ya allí o si tienen familia o apoyo fuera, se les orquesta otra ayuda", explica Solano.

Las Unidades de Atención y Seguimiento de Adicciones

La mayoría de usuarios los derivan las Unidades de Atención y Seguimiento de Adicciones (UASA). En el último año, dos fueron derivados del Refugio, cuatro de la Parroquia del Carmen, tres de Cáritas, dos de centros hospitalarios, uno de servicios sociales, dos del Albergue municipal y siete de la Unidad de Atención y Seguimiento de Adicciones. De los 14 admitidos, dos estaban casados, seis divorciados, uno separado y 12 solteros; la edad media de los usuarios es de 46 años.

"Los pacientes que nos derivan cuando vienen aquí tienen ya todo destrozado y han cerrado puertas. La esposa, en particular, necesita mucho apoyo porque son años de sufrimiento, de conflicto y de malestar, llevando una carga emocional muy grande", detalla Solano.

Entre ella, Rafael Tríved y diversos voluntarios se encargan de coordinar esa ayuda por medio de diferentes talleres, actividades y apoyos. "Hacemos salidas a pueblos cercanos una vez al año y un viaje a la playa en verano", cuenta esta trabajadora social. Las actividades son obligatorias para todos los usuarios -tanto internos como del centro de día-; y las excursiones -indica- solo para los que están en internamiento. "Los chicos lo valoran mucho porque allí tienen un poquito más de libertad y lo viven de otra manera", afirma. 

Por lo general, se marca un año de estancia en el centro, aunque la duración del internamiento depende de la situación de cada uno y de su mejoría. "Hay personas que han estado dos años con nosotros y otros no han llegado a siete meses", precisan.

Cómo evitar una recaída

Lo que se intenta en todos los casos es evitar que la persona sufra una recaída que le empuje de nuevo a la bebida. "El entrar de nuevo en contacto con el alcohol es volver otra vez a lo mismo. El objetivo final es abandonar el alcoholismo, empezar a vivir la sobriedad para vivir moderadamente feliz. Y desde luego con el alcohol no se consigue", insiste Enrique. 

Para ello, dos psicólogos se encargan de organizar -con la ayuda de voluntarios- diferentes terapias de grupo que se realizan en el centro dos veces por semana. Además, los usuarios del centro participan en talleres de huerta, de encuadernación, de barro, de madera, de manualidades, de informática e incluso sanitarios –impartidos por un médico que viene de fuera–.

"Con el alcohol -señala Solano- se pierde todo: desde el aseo a las responsabilidades". Recuperar la normalidad lleva tiempo, y a menudo no es fácil. "Nos llegan situaciones muy extremas, y aunque físicamente en un mes tienes a una persona totalmente cambiada, el sistema nervioso y las cabezas van por otro lado", añade.

En ese proceso de rehabilitación, el compartir las experiencias de cómo se ha salido de ese laberinto es vital. "Se trata de que alguien te dé soluciones reales, porque el alcoholismo es una enfermedad que el médico o el enfermero por sí solos no van a arreglar", confiesa Ruiz. 

A juicio de este voluntario, la recaída puede llegar "en cualquier momento" y es "fácil" que esto suceda. Por eso, es necesario que los usuarios aprendan a utilizar sus aptitudes de modo que si se produce una situación emocional que les lleve de nuevo al alcohol, sean capaces de manejar esas circunstancias "conflictivas" sin recurrir al consumo. 

Darle un enfoque positivo

"En las terapias trabajamos esas situaciones de ideas negativas y de pensamientos estresantes para darles un enfoque positivo. A veces escriben sobre ello en los talleres y nos servimos de lecturas como 'El caballero de la armadura oxidada' o 'El regreso del caballero'", cuenta Solano, quien insiste en que es "fundamental" que estas personas "compartan todo lo que les pasa".

"Detrás de cada enfermo alcohólico, hay una persona extraordinaria. Quizás por esa bondad que ocultan tus miedos y tu cobardía y que te hace incapaz de decir 'no' hasta ver convertido todo en un infierno", apostilla Enrique. 

Para ambos, lo que cuenta al final es que del centro salen "personas estupendas" para quienes la rehabilitación ha supuesto un punto de inflexión en sus vidas. 

"La mujer cuando te viene el primer día empieza a tomar nota. Así como el otro lleva la coraza y el impermeable, la chica te empieza a escuchar, a hacer preguntas; empieza a pasar a la acción. Fallan muy pocas", afirma orgulloso este voluntario.

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