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Padres estresados, niños mal alimentados

Las situaciones de caos y nervios al sentarse a la mesa, entre otros factores, son origen del rechazo de los pequeños a los alimentos.

El orden a la hora de sentarse a la mesa, fundamental para los buenos hábitos infantiles.
El orden a la hora de sentarse a la mesa, fundamental para los buenos hábitos infantiles.

Los trastornos de alimentación pueden presentarse a edades muy tempranas, ocasionadas, con frecuencia, por una transición difícil en las distintas etapas de la alimentación de una persona: desde el paso de la lactancia a los alimentos complementarios, y de estos a los sólidos, o cuando los niños en edad escolar comienzan a comer en el colegio. "Si estos episodios de transición se viven con estrés, pueden desembocar en un trastorno de la conducta alimentaria", afirma Sonia Fernández, médico adjunta especialista en Gastroenterología Infantil del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Severo Ochoa de Madrid: "Se debe determinar si la patología es orgánica o funcional. A esta última pertenece el 90% de los casos".

En los niños, los problemas más comunes a la hora de comer son dos: el primero, conocido como ‘picky eater’ o ‘comedor selectivo’, en el que el niño solo ingiere determinados grupos de alimentos, con lo que puede acarrear un déficit nutricional. Los médicos no llegan a considerarlo un trastorno pero, si se lleva al extremo, sí puede llegar a ser valorado como un trastorno denominado de ‘aversión sensorial’.

El segundo es el ‘trastorno postraumático’. Este se presenta relacionado con alguna patología que ha sufrido el niño –reflujo gastroesofágico, amigdalitis o ingesta de cuerpo extraño– relacionada con la alimentación. Durante esos momentos de enfermedad o después, los familiares o cuidadores intentan que el niño ingiera su comida, generando una situación de mucho estrés que ocasiona un rechazo a los alimentos por parte del paciente.

Pero, ¿cuánta responsabilidad tienen los padres en los problemas de alimentación de sus hijos? "Lo más frecuente es que el niño no sufra ningún trastorno", mantiene la doctora Fernández, aunque los niños no coman bien. "Muchas veces lo que se sucede es que los padres tienen unas expectativas con respecto a la alimentación y al peso del niño que no se adecúan con la normalidad y que generan conductas de presión que hacen que el pequeño rechace la comida. La alimentación tiene que ser adecuada a las edades. Además, el interés por la comida va variando según la edad del niño y sus actividades. Por ello, una labor importante del pediatra, nutricionista o gastroenterólogo es saber si un niño que va a consulta debido a un problema de alimentación tiene o no un trastorno del comportamiento alimentario", añade.

Recomendaciones

Fernández recomienda individualizar la alimentación en los niños, sin obsesionarse con las cantidades que tiene que tomar al día. Al contrario, los padres pueden seguir una norma: "La cantidad la decide el niño y qué come y dónde come lo deciden los padres, aunque sabemos que no es fácil, porque cuando el niño no come se crea una situación difícil de controlar, pero está en manos de los padres el lograrlo", añade la doctora.

A partir de los seis años ya se puede pactar con el niño la ingesta por grupos de alimentos para conseguir, como objetivo, que empiece a comer alimentos que habitualmente no le gustan. Para conseguirlo se puede establecer una especie de recompensa, que no tiene por qué ser material, para lograr un refuerzo positivo de la familia con el niño. Y siempre sin obligarle, manteniendo un ambiente positivo. "Los niños son muy inteligentes y no se les debe subestimar", afirma Fernández. "Si se le explica, un niño de siete años es capaz de entender por qué algunos alimentos son buenos y le ayudan a crecer, o por qué algunas grasas son malas para la salud. Así que hay que darles información, ya que ello les ayudará a entender la importancia de alimentarse correctamente".

Otra medida para evitar problemas de la alimentación, entre otras, es llevar a los niños a hacer la compra. Se trata de un punto importante para estimular los buenos hábitos alimenticios. "Pero nunca deben ser ellos quienes eligen qué comprar, porque creamos un problema mayor si, como es usual, eligen lo que no se debe comprar, lo menos sano", advierte la doctora.

Por ejemplo, es muy importante evitar la bollería y dar una pieza de fruta o un bocata en las meriendas. "La obesidad en la infancia es una epidemia y un trastorno de alimentación que sufren niños cuya dieta habitual está compuesta por alimentos muy calóricos y pobres en nutrientes".

Por último, es fundamental que los niños aprendan a comer utilizando todos sus sentidos, también con el tacto, la vista y el oído además del gusto. ¿Cómo? La alimentación puede comenzar en la cocina. Para estimular los sentidos se recomienda que los padres cocinen con sus hijos, permitiéndoles que toquen los alimentos, los elijan, los huelan y escuchen todo el proceso de preparación de un plato. Todo para lograr que los niños dejen de ver la comida como algo hostil.

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