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Aragón

Ponce, Talavante, Morante y Padilla ocupan el cuadro de honor de una feria improvisada

El dispar criterio de los presidentes enervó al público, que solicitó la dimisión de algunos de ellos. La presentación de casi todas las corridas de toros ha bajado con respecto al gusto de la afición.

El extremeño Alejandro Talavante resultó triunfador de la Feria tras cortar una oreja en cada toro del Núñez del Cuvillo
Ponce, Talavante, Morante y Padilla ocupan el cuadro de honor de una feria improvisada
Aránzazu Navarro

Lo barato sale caro. Esa es la sensación que deja la recién terminada feria taurina. Solo una rotunda faena del valenciano Enrique Ponce y una tarde para el recuerdo como la del pasado sábado alivian, en parte, el mal sabor de boca que ha dejado el serial pilarista en el aficionado. Una barata feria hecha a última hora y plagada de toreros con poco nombre y escaso interés para la gran mayoría es lo que tiene. Entradas mediocres, a excepción de los días en los que hicieron acto de presencia las figuras y la tradicional corrida de rejones. El sábado 15 se colgó el ‘no hay billetes’. Lógico.

El cambio de hora, la mala presentación del ganado y la disparidad de criterios en el palco terminaron por enfadar a la afición.

Abrió la feria una novillada de la ganadería aragonesa de Los Maños que atrajo al coso misericorde a aficionados de distintos rincones del mundo del toro. Impecable de presentación y variada en cuanto a juego, estuvo por encima de los novilleros. Solo el zaragozano Jorge Isiegas le plantó cara y consiguió cortarle una oreja. Merece volver.

Interesante fue la corrida de La Quinta, con cuatro toros de crear afición, destacando el importante quinto de nombre Camarero. Los aragoneses Ricardo Torres y Alberto Álvarez justificaron su presencia en la feria a base de actitud y dejando lo mejor en el toreo de capote.

A partir de ahí, la presentación de las corridas bajó sustancialmente. Limpieza de corrales. Saldo ganadero. Solo la descarada corrida de Victoriano del Río se acercó al prototipo de toro que necesita Zaragoza. La de Fuente Ymbro siguió la línea trazada durante la temporada y fue una constante de mansedumbre y falta de casta. Sus matadores, a excepción de Javier Jiménez, poco dijeron en el ruedo. Fue la tarde más accidentada de la feria dado que el propio Jiménez, Iván Fandiño y Rafael Limón resultaron corneados de cierta gravedad.

Al día siguiente, Enrique Ponce firmó una rotunda faena al toro Fabricante de Juan Pedro Domecq, que, además, recibió una inexplicable vuelta al ruedo. Tan inexplicable como el cartel del día grande. Toreros baratos y de distinto corte para honrar a la Virgen. Un desastre. Una encastada corrida de Victoriano del Río les pasó por encima, destacando los toros Jungla y el lote que correspondió a David Mora, Drosero y Dalia.

Una comprometida y remendada novillada programada el día 13 registró la entrada más baja de la feria y la única puerta grande.

Más fuertes eran los carteles que llegaban el fin de semana. La flojísima corrida de Daniel Ruiz dejó pocas opciones a la terna de toreros extremeños y solo salvó la tarde un toro de La Palmosilla.

Juan José Padilla fue privado de abrir la puerta grande tras un derroche de raza y corazón y Morante de la Puebla y Alejandro Talavante enloquecieron los tendidos haciendo el toreo eterno.

En la de rejones, Pérez Langa se doctoró a manos de Pablo Hermoso de Mendoza, que volvió a demostrar que es el número uno del toreo a caballo.

Por lo demás, Palomo y Carolina Chaves no estuvieron a la altura del palco. No así Bentué, Antonio Placer y sus compañeros de los festejos populares. Se picó fuera de sitio toda la feria y el Tendido Joven estuvo perfecto. Zaragoza puede presumir de afición. Merece más y mejor.

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