Opinión
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Por
  • Julio José Ordovás

Caballo de cartón

Caballo de cartón
Caballo de cartón
Pixabay

Para algunos el domingo es el día del Señor o de la bicicleta o del bricolaje o del fútbol o de la barbacoa con los amigotes o de la paella con la suegra. Para mí, en cambio, el domingo es el día de Manuel Vicent. 

Muchas semanas periodísticamente anodinas las salva la columna dominical de Vicent en ‘El País’. Su prosa tersa y sensitiva, su mirada mediterránea y esa ironía con el punto exacto de acidez me reconcilian con el columnismo literario, género en el que ya no quedan maestros a la altura del valenciano de los ojos claros, la perilla helénica y la sonrisa escéptica.

Con la sensación de estar llegando al final del viaje y de haberle dado ya la vuelta al calcetín de la vida, Vicent ha escrito ‘Una historia particular’, un libro luminoso en el que hace recuento vital y sentimental a través de sus coches y de los lugares a donde le han llevado, y a través de sus viejos amigos, y a través de sus viejos amores, y a través de las muertes de sus padres, y a través de sus perros, y a través de sus adicciones, y a través de sus ilusiones y desilusiones políticas, y a través de los sucesos que ha presenciado, y a través de las copas que se ha tomado, y a través de sus viajes por el mundo, y a través de los escritores, los músicos y los pintores que ha amado. Pero esta historia particular es también una historia general. Vicent funde memoria personal y memoria colectiva recreando episodios de su niñez, de su juventud y de su madurez incardinados en la historia de España, con el necesario distanciamiento irónico y una suave pátina melancólica. Vicent se emociona y nos emociona recordando a aquel niño que seguía dando vueltas en el caballo del tiovivo cuando las luces de la feria se estaban apagando.

Julio José Ordovás es escritor 

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