Opinión
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Centésimo año

Juan Antonio Gracia, en una imagen de archivo.
Juan Antonio Gracia, en una imagen de archivo.
HERALDO

Al conmemorar, el sábado pasado, el septuagésimo quinto aniversario de su ordenación sacerdotal, Juan Antonio Gracia Gimeno quiso resaltar la extraordinaria trascendencia que para su vocación y su vida como sacerdote cristiano ha tenido el Concilio Vaticano II, que tuvo lugar entre 1962 y 1965. 

Juan Antonio recordó, en su homilía, la esperanza que le suscitó la convocatoria y la cercanía con la que siguió las sesiones de una asamblea que iba a poner en marcha un proceso de cambio y modernización en la Iglesia católica. Y aseguró que desde entonces ha sido y es un ferviente defensor, un propagandista de las ideas del Concilio, cuyo desarrollo considera que todavía no se ha completado. Aunque seguro que hay muchos hombres y mujeres, añado yo, empeñados en llevar adelante esa tarea. Juan Antonio Gracia, canónigo del Cabildo Metropolitano, hoy emérito, y periodista de asuntos religiosos durante muchos años en las páginas de HERALDO, con cuya Tribuna sigue colaborando, ha dejado en los archivos de esta casa pruebas sobradas de esa fe apasionada en una Iglesia para el siglo XXI. Como también, en su triple condición de sacerdote, periodista y ciudadano aragonés, de la defensa tenaz y firme, siempre a favor del derecho y de la justicia, de causas que importaban mucho a la identidad y la dignidad de Aragón, como por ejemplo la adecuada restauración de la catedral del Salvador, la armonización de los límites de las diócesis aragonesas con el territorio de la Comunidad o, por supuesto, la devolución de las obras de arte religioso que estuvieron retenidas en Lérida durante demasiado tiempo. De los actos con los que se celebraron las bodas de brillantes de Juan Antonio como cura tiene el lector un estupendo resumen, firmado por José Javier Forcén, en las Cartas al Director que hoy mismo se publican. Juan Antonio Gracia cumplió ayer 99 años y hoy, al modo de los antiguos romanos, celebra el primer día de su centésimo año de vida. Quienes lo apreciamos y admiramos esperamos verle cumplir el siglo y seguir adelante unos cuantos años más, los que le tenga asignados la Autoridad competente, para continuar aprendiendo y disfrutando con su compañía.

(Puede consultar aquí todos los artículos escritos por Víctor Orcástegui en HERALDO)

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